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La alta rentabilidad de la algarroba compensa la merma de la cosecha

La demanda del árbol sigue en aumento, aunque falta de plantones limita los nuevos cultivos - La cooperativa de Navarrés prevé un 24 % menos de producción

Un remolque cargado de algarrobas en un campo de cultivo. | PILAR CORTÉS

En los Viveros Pérez de Moixent se han acostumbrado a las incesantes llamadas de personas de todas partes interesadas en comprar algarrabos. La alta rentabilidad que está ofreciendo el cultivo en los últimos ha renovado el interés por su producción, también en una comarca como la Costera donde nunca ha tenido especial arraigo. «Hay muchísima demanda, pero existen pocos viveros que comercialicen plantones de algarrobo», explica Francisco Pérez, al frente de un vivero que únicamente ofrece ejemplares sin injertar, no destinados a la producción.

El incremento del precio de la algarroba explica su revalorización, que puede comprobarse sobre todo en un territorio con mucha más tradición de esta cosecha como es la Canal de Navarrés. «Es un árbol que tiene poco mantenimiento, no necesita agua ni tampoco poda; también por eso es tan interesante», explica Pérez.

La Cooperativa Cristo de la Salud de Navarrés produce cada año entre 250.000 y 300.000 kilos de algarrobas. Su presidente, Francisco Castelló, corrobora que los balances de las últimas campañas han sido «muy buenos». A las puertas de iniciarse la recolección de este año, las previsiones son ligeramente inferiores y todo apunta a que la cosecha rondará los 210.000 kilos, alrededor de un 24% menos que el año pasado. Eso sí, «hasta que no se mata el rabo, todo es toro», advierte Castelló. Hace tres años, la cooperativa navarresina llegó pesar hasta 400.000 kilos del fruto.

La reducción de la producción, en cualquier caso,no es ni mucho menos tan significativa como la que han experimentado otros cultivos que se han visto mucho más castigados como consecuencia de las copiosas lluvias de la primavera. Es por eso por lo que, en un contexto en el que la cosecha de la oliva —principal cultivo de la comarca— se ha perdido casi por completo por la excesiva humedad, los agricultores ven en la algarroba una alternativa más segura para paliar al menos un poco los destrozos que han sufrido este año en el campo.

A esta circunstancia ayuda el hecho de que las perspectivas en materia de precios siguen siendo buenas, tras la escalada de las últimas temporadas. En marzo, Cristo de la Salud liquidó la última producción a 1,32 euros/kilo (IVA incluido).

Unas cifras que —considerando los antecedentes históricos— el presidente de la entidad agraria considera «estratosféricas», aunque más adelante «se ha llegado a vender garrofa a 2 euros» en función de la demanda y la oferta, señala. «El año pasado fue extraordinario: la gente [los productores] estaba contenta y la cooperativa también», resume Castelló. La cooperativa de Navarrés no trata ni comercializa el producto, sino que lo traslada a una cooperativa de segundo grado ubicada en Chiva que se encarga de procesarla, triturarla y de extraer el «garrofín», un espesante natural que se utiliza sobre todo en la industria alimentaria como aditivo en la elaboración de salsas y que se vende cinco veces más caro que hace unos años. También en la Cooperativa Campo Enguera notan una reactivación del cultivo del algarrobo porque los precios «están acompañando», aunque su director, Teodoro Mas, advierte del problema de la falta de plantones para poder volver a instaurarlo allí donde se perdió. «Aunque este año parece que el precio no va a ser tant alto, los socios se están interesando más y están realizando más tratamientos y podas a los árboles», apunta Mas. La cooperativa enguerina pesó el año pasado en torno a 250.000 kilos, una cantidad que de cara a la campaña de 2022 prevé ligeramente inferior.

Posible alternativa al olivo

Francisco Castelló coincideen que muchos propietarios se están gastando más dinero en arreglar y abonar campos de «garroferos» que tenían abandonados porque «a estos precios vale la pena». Otros han comenzado a plantar ejemplares entre olivos con la posible perspectiva futura de sustituir este último cultivo por el del algarrobo. Eso sí, el presidente de la cooperativa de Navarrés realca que las plantaciones nuevas pueden tardar hasta diez años en ofrecer producción.

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