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Corrupción, cloacas del poder política y mentiras

El Premio Nacional de Cómic, Antonio Altarriba y el dibujante Keko desnudan en "Yo, mentiroso" los entresijos de la manipulación en la España de los últimos años

Viñetas del cómic  «Yo, mentiroso» del guionista Antonio Altarriba y el dibujante Keko. |   ALTARRIBA Y KEKO

Viñetas del cómic «Yo, mentiroso» del guionista Antonio Altarriba y el dibujante Keko. | ALTARRIBA Y KEKO

«Es necesario para el príncipe encubrir bien la naturalidad de su carácter y tener gran facilidad para fingir y disimular; los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar. Gobernar es hacer creer». No podía Antonio Altarriba hallar mejor cita para reflexionar sobre la mentira, «algo que la humanidad arrastra desde siempre», que recurriendo a ‘El príncipe’, de Maquiavelo. Con esa frase, y con la irónica advertencia de que «Cualquier parecido con la realidad política española entre 2016 y 2019 es insidiosa coincidencia», el venerado guionista, ganador del Nacional de Cómic con ‘El arte de volar’, abre la puerta, junto a los pinceles del dibujante Keko, a ‘Yo, mentiroso’ (Norma editorial). En él proponen una crítica sin paliativos y un oscuro paseo por los entresijos del poder, la corrupción y las ‘fake news’ que recuerda, por ejemplo, que en los últimos años, de los 2.000 imputados por casos de corrupción de cargos públicos, solo 87 ha acabado en prisión.

«Ves lo actual que es Maquiavelo, te dice que si tienes el poder debes aprender a fingir y mentir y que los seres humanos nos dejamos engañar fácilmente porque preferimos creer lo que nos gusta o cualquier afirmación consoladora o agradable, aunque sea mentira, que creer la verdad, porque a menudo esta nos resulta incómoda o desazonadora. Con la cantidad abrumadora de información que recibimos, el ciclo de validez de la noticia se ha acortado y es fácil derivar la atención de la gente hacia otros focos, exagerar o inventar noticias», asegura Altarriba (Zaragoza, 1952). «Piensa en los terraplanistas o los más de 70 millones de estadounidenses que han votado a Trump, con supremacistas dispuestos a tomar la calle con armas: fanatismo y coeficiente intelectual se oponen radicalmente».

Las viñetas en rotundo blanco y negro de Keko, solo rotas por simbólicas pinceladas de verde bilioso, cierran con ‘Yo, mentiroso’ la trilogía del Yo, que empezó con ‘Yo, asesino’, sacando las vergüenzas a la impostura del mundo del arte y del académico, y siguió con ‘Yo, loco’, denunciando las malas praxis de las grandes farmacéuticas. Siempre con viñetas envueltas de ‘thriller’, con un asesino que mata de forma ‘artística’, mezclando hechos reales y ficción, ahora la policía halla en vasijas de cristal las cabezas de tres políticos imputados por corrupción y que habían pactado con la fiscalía para contarlo todo.

‘Yo, mentiroso’ llega en la línea de ‘Primavera para Madrid’ (Autsaider Cómics), otro cómic sobre las vergüenzas de la corrupción política española con el que Magius daba la campanada este otoño. «Viendo los escándalos que han llovido en este país lo raro es que no haya más libros sobre ello», se sorprende Altarriba. «Magius y nosotros tratamos el mismo tema, tenemos situaciones y personajes comunes y hemos cambiado algo el nombre a los personajes que aluden a gente real y también hemos cambiado rostros, aunque mantienen un aire que permite jugar a identificarlos». Aunque Magius se acerca más a la monarquía, en ‘Yo, mentiroso’ aparece un presidente Raimundo Godoy, del Partido Demócrata Popular, un aspirante socialista llamado Pedro Sanchís, un oscuro inspector Corralejo, Federico Grillo, el tesorero Cárdenas, un político con coleta, el líder de Vox o, en el palco del Bernabéu, el empresario Florencio Pérez.

Catedrático jubilado de Literatura francesa que en el ‘El arte de volar’ y ‘El ala rota’ bordó un honesto y duro díptico de la memoria histórica de la Guerra Civil y la posguerra a través de las vidas de su padre y su madre, a Altarriba no le preocupa que algún poderoso se sienta aludido y se moleste. «Tenemos un concepto poco democrático de cuáles deben ser las relaciones entre los que administran y nosotros, los administrados. Olvidamos que estos señores están a nuestro servicio, no nosotros al suyo, y lo menos que podemos tener es derecho a réplica ante lo que vamos viendo a diario y creo que estamos legitimados para ponerles delante de un espejo para que se vean como les vemos nosotros».

«La clase política conoce perfectamente la insatisfacción ciudadana hacia ellos. Llevan mucho tiempo siendo el segundo problema tras el paro para los españoles, cuando se suponen que son ellos los que deben solucionar nuestros problemas, no ser uno de ellos, que para eso les pagamos. Pero, ¿tú has visto que alguna vez hayan intentado cambiar o disculparse o hacer autocrítica? Y si se dan por aludidos, entonces machacan al contrario. Encima que nos roban, desvían nuestro dinero y lo reparten entre sus amigos, nos toman por idiotas», se indigna Altarriba, que calcula en «entre 80 y 90 millones de euros lo que la corrupción política le cuesta cada año al ciudadano».

El protagonista de ‘Yo, mentiroso’ es Adrián Cuadrado, también inspirado en la realidad. «Es una de esas personas que hay dentro de la política pero que están fuera de foco, en un segundo plano, más oscuro. En la Moncloa hay legiones de asesores y consejeros. Los ‘spin doctor’, los llaman. Son los que escriben discursos, asesoran a los políticos cómo deben vestir y qué actitud y qué movimientos adoptar ante las cámaras. Son los que escriben el guion que luego interpretan los políticos que dan la cara, los que construyen la mentira con la complicidad, el consentimiento o por encargo de los políticos –detalla el guionista, Gran Premio del Cómic Barcelona 2019-. Son los que plantean estrategias y lanzan cortinas de humo y distracciones perfectamente estudiadas y convenientemente difundidas por su red mediática, como poner el foco en Catalunya y el ‘España se rompe’ para que la gente no piense tanto en que los escándalos de corrupción del PP».

Uno de los problemas, añade, es la impunidad. «No les pasa nada. Ves que mienten y falsean datos y no responden a preguntas comprometedoras. La gente, y los medios, deberíamos ser más exigentes. Pero en España existe una complicidad estrecha de algunas cabeceras con algunos partidos, tanto que parecen sus órganos de difusión ideológica», lamenta.

«Ya desde niños aprendemos a mentir, todos llevamos máscaras que adoptamos según nos conviene en cada situación e interpretamos un papel y soltamos mentiras piadosas o de buena educación continuamente. Es como el mal, es evidente que existe si vemos la historia de la humanidad, llena de conflictos crueles y sangrientos, aunque nadie se reconoce malvado. Tras la maldad del mundo hay seres humanos», recuerda.

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