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Sorolla, el maestro de las subastas

Es el undécimo lienzo de Sorolla que la casa subasta desde 2019

El ‘Jardín de los Adarves de la Alhambra’ pintado por Sorolla. Sotheby’s

Joaquín Sorolla fue, entre otras cosas, un artista prolífico. El pintor valenciano tiene catalogadas más de 2.200 obras, muchas de las cuales se encuentra en las principales pinacotecas del mundo y otras muchas en decenas de colecciones particulares. También las casas de subastas dan cuenta de la capacidad de trabajo del «maestro de la luz» sacando a la venta periódicamente sus cuadros.

Este es el caso de su retrato del ‘Jardín de los Adarves’ de la Alhambra’ de Granada, un cuadro pintado en 1910 y que Sorolla exhibió por primera vez en 1911 durante su segunda gira por Estados Unidos. La obra saldrá a subasta el próximo 20 de mayo en la casa Sotheby’s y ha sido valorada en entre 300.000 y 500.000 dólares.

Es la primera pintura de Sorolla que se subasta este año en la casa londinense, pero en 2020 se sacaron a la venta allí cinco de sus obras y en 2019 otras cinco. Los lienzos del artista también son una presencia más o menos habitual en las principales subastadoras españolas como Durán, Ansorena o la valenciana Setdart, que este año ya ha vendido tres cuadros del pintor y el año pasado, cuatro.

Tal como aseguraba ayer Carlos Cervera, uno de los socios de esta galería, Sorolla es, junto a Miquel Barceló o el también valenciano Manolo Valdés, el artista español «que más se valora y que siempre está en primera fila» de las casas de subasta de todo el mundo. Según Cervera, su aparición habitual en las pujas no resta, de momento, valor a sus creaciones.

«A nosotros nos preguntan un montón por Sorolla, sobre todo desde aquí en España. Sigue teniendo mucha demanda», explica el galerista, quien señala que la etapa más valorada del valenciano es precisamente la más costumbrista: «todo lo que sea arena, agua, bueyes y velas latinas se paga bien», explica.

La mayor parte de las pinturas de Sorolla que salen a la venta provienen de colecciones particulares, constata Cervera. «Sorolla pintó mucho y la gente que lo compró en su día ha fallecido. Suelen ser los herederos de estos coleccionistas los que se deshacen de las pinturas porque saben que se pagan muy bien pero, sobre todo, porque las modas cambian».

Sorolla pintó el Jardín de los Adarves de la Alhambra durante su segunda visita a Granada en 1910. El cuadro se incluyó en su segunda gira americana que viajó a Chicago y St. Louis en 1911. La exposición de su obra en esta segunda ciudad se inauguró el 22 de marzo y el Museo de Arte de St. Louis adquirió tres de las pinturas que se exhibían, entre ellas esta que retrata el espacio ajardinado situado bajo las murallas de la fortaleza.

En 1945 la pinacoteca vendió el cuadro de Sorolla a una galería de arte de Nueva York y desde allí inició un recorrido de propietarios privados con parada en la Galería Theo de Madrid en 1963 y en la también madrileña galería Biosca, donde fue expuesto en 1968. Allí, según Sotheby’s, lo adquirió Fulgencio Batista, el dictador cubano que por entonces residía entre Portugal y España y que falleció en 1973. Sus descendientes volvieron a vender el lienzo en 1990 y fue subastado en dos ocasiones más y exhibido en diferentes lugares, como en el Museo de la Ciudad de València en 1997.

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