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Critica

El manantial inagotable de Robe Iniesta

Robe Iniesta en la Marina Sur German Caballero

 El viernes, durante su segunda visita a València en un año, Roberto Iniesta celebró junto a miles de sus fieles la extraordinaria dulzura que baña su actual relación con Calíope, Erató y Euterpe. Embarcado en la larguísima gira de presentación de “Mayéutica”, que acaba en noviembre, el extremeño lo hizo acompañado por una banda colosal, según él, la mejor con la que ha tocado jamás. Y eso, en treinta y tantos años de carrera, es mucho decir, pero también es muy cierto. Sobrados de calidad y talento, unos músicos que parecían propulsados por un sobrealimentador repasaron el ingente repertorio de un artista incómodo, provocador, sincero e independiente sin el que sería difícil comprender la música en castellano de las últimas décadas. Un juglar viejo y enjuto aullando a la luna, un campesino que labra el lado seco y oscuro de su cerebro para cosechar jugosas metáforas alucinadas, un poeta ermitaño graznando melodías hermosas y violentas, superviviente de sí mismo, compartiendo con su público los brillantes frutos de una existencia libérrima.

Robe ofreció tres horas de concierto German Caballero

La primera de las tres horas que duró el espectáculo giró en torno a sus trabajos en solitario. “El tiempo perdido”, “Por encima del bien y del mal”, “Nana cruel” y “Tango suicida”, entre otras, sonaron con un pie en el rock progresivo y otro en una especie de folk atmosférico preñado de heartland, con profusión de solos de violín, guitarras y saxos, en un mullido envoltorio de piano y órgano adornado por unos coros sobrenaturales. Desarrollos largos acomodados a una banda gobernada por una sección rítmica impresionante, que pide chicha y llena de nuevos matices una música buenísima exquisitamente interpretada. Este tramo del concierto llegó al final con “La ley innata” y una novedad, “Ininteligible”, con una guitarra fabulosa que se doblaba con el violín, maniobra de clase y tronío instrumental que se repitió a lo largo del concierto. Este último single tiene sabor a clásico y demuestra el gran estado de forma compositiva de Iniesta, que promete disco nuevo para el año que viene.

Después de un descanso de veinticinco minutos, el grupo acometió la interpretación íntegra de su último disco, “Mayéutica”, un trabajo conceptual, intenso, grande, pesado, potente y ambicioso. Lo tocaron sin pausa, como si de una sola canción se tratara, combinando ferocidad, virtuosismo, gusto, contundencia y cariño por uno de los mejores trabajos del de Plasencia, que rompió una cuerda haciendo bailar como una puta loca a la muchachada en “Mierda de filosofía”.

Robe bordó en València una velada épica

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Robe canta en “Cuarto movimiento” que no es dueño de sus emociones, pero sí parece serlo de las de muchos otros que crecieron con su música, echando dientes contra la vida en los suburbios y las provincias bajo los compases de sus coplas a lo largo de toda una educación sentimental, intentando encontrar un instante de luz en la poesía cruda y honrada del extremeño que contrarrestara el exceso de oropel noventero. Quedó claro en el tercer y último segmento de la actuación, que se inició con “Jesucristo García”, monumento del rock patrio en el que el propio Iniesta cumplió sobradamente con el grueso del trabajo guitarrístico. La gente estaba fuera de sí, cantando como si intentara traer de vuelta su propia juventud en un grito desesperado, vomitando su alma en cada verso y lanzando vasos de cerveza al aire como si fueran ricos. Le siguió “Puta”, dura y trepidante, para acabar con “Ama, ama, ama y ensancha el alma”, con la peña despidiendo el verano, agitando los brazos hacia el cielo arrasado por el poniente mientras un aclamado Robe recogía emocionado su merecidísimo aplauso, de lado a lado del escenario, después de bordar una velada épica.

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