Crítica|Música

Cristóbal Soler, tacto y lustre para la Banda Municipal

El director de orquesta Cristóbal Soler.

El director de orquesta Cristóbal Soler. / Live Music Valencia

Justo Romero

Justo Romero

Fue un concierto esperanzador y preocupante. Esperanzador por comprobar que, ¡por fin!, llega a la titularidad de la centenaria Banda Simfònica Municipal de València un maestro cuajado, con fondo y trayectoria tanto en el mundo sinfónico, como el lírico y en el muy particular de las bandas. Cristóbal Soler (Alcàsser, 1967) mostró elegancia, dominio, maneras y categoría en su primer concierto como director titular. Por su trabajo en el podio (“recuerda a Abbado en la generosidad, efectividad y naturalidad del gesto”, comentó un conocido director de orquesta que asistió al concierto, pero también resuena en él la manera libre y particular de su maestro inolvidable, José Collado); por el programa universalista y enjundioso; y hasta por la vestimenta -riguroso frac, que los gestos también importan), su llegada a la titularidad supone un punto de inflexión, esperanza y superación. Esperanzador también por la formidable respuesta del público -en número y calor-, y por marcar una nueva etapa de la Banda y sus circunstancias, siempre tan delicadas y susceptibles.

También preocupante. Al menos a tenor de lo escuchado el domingo, en este grato concierto matinal, envuelto en una soleada mañana invernal que resplandecía en el acristalado vestíbulo del Palau de la Música. La Banda, ante un Palau con las plateas y terrazas colmadas de público sensiblemente silencioso, mostró evidentes carencias instrumentales, envueltas en una inercia y espiral que no serán fáciles de reconducir. Se precisa una acción importante pero delicada en algunas plazas solistas cuya calidad es incompatible con el sueño de una banda a punto, sin sustos ni deslices en los comprometidos solos que siempre se suceden en cualquier obra.

Un momento del cocnierto.

Un momento del cocnierto. / Live Music Valencia

Ocurrió en esa obra sensacional en todos los sentidos -pero también plagada de retos y dificultades instrumentales- que es Cuadros de una exposición, de Músorgski-Ravel, interpretada en la transcripción para banda de José Scyns como colofón del bien pergeñado programa, que en cualquier caso se escuchó con la opulencia, equilibrio, sutilezas y brillantez que distinguen al nuevo titular, y que bien supo materializar la involucrada formación municipal. Algo parecido ocurrió en la obertura Carnaval romano de Berlioz, transcrita por Emilio Vega, con su famoso solo de corno inglés.

Como no podía ser de otro modo, la música valenciana estuvo bien representada. En la primera parte, desde sus perfiles más populares, con el pasodoble Tercio de quites, que compone Rafael Talens en 1989, del que se escuchó una brillante y bien enseñoreada versión. Como contraste, la escritura más universalista de Miguel Asins Arbó, del que se escuchó el poema sinfónico Mare Nostrum, obra ambiciosa y no lejana al mundo singular de Joaquín Rodrigo, con la que confluye en esos puntuales choques disonantes que, paradójicamente, subrayan la vocación tonal y melódica de uno y otro.

El entusiasmo y complicidad de todos -Ajuntament, músicos y gestores- hacen que se imponga el aspecto más esperanzador y positivo de este luminoso comienzo. El veterano maestro Cristóbal Soler tiene los medios, capacidades, sabidurías, tacto y lustre para hacer crecer a la Banda Municipal hasta donde nunca había llegado. Los profesores tienen la ambición, los políticos y gestores la voluntad y el público las ganas. Nadie puede fallar ante este momento de oportunidad en el que la Banda, lo mejor de ella, tiene que encontrarse consigo misma. Todo apunta a ello.