Documental en Netflix

Pesadilla logística, demasiado vino y un sueño "imposible": la extraordinaria historia de la canción 'We Are the World'

Varias de las estrellas que participaron en la canción intervienen a lo largo de ‘The Greatest Night In Pop' para compartir sus recuerdos de la cita, entre ellos Springsteen, Dionne Warwick, Smokey Robinson, Cindy Lauper y Kenny Loggins

Imagen de la grabación de la canción benéfica 'We are the world'.

Imagen de la grabación de la canción benéfica 'We are the world'. / NETFLIX

Nando Salvà

Para no conocer ‘We Are the World’ ni siquiera de oídas es necesario ser extremadamente joven, o haber vivido la mayor parte de las últimas cuatro décadas en un planeta distinto al nuestro o en un estado de coma profundo. Es una de las canciones más famosas que existen pese a no parecer especialmente valiosa a nivel artístico -pero sí eficaz: su estribillo es de los que no se van ni con lejía-, y eso es así sobre todo porque está cantada por casi medio centenar de voces y, más importante, porque entre ellas figuran las de Michael Jackson, Bruce Springsteen, Bob Dylan, Stevie Wonder, Diana Ross y Tina Turner, entre otros miembros de la realeza musical estadounidense.

Su atropellado proceso de creación es el asunto de ‘The Greatest Night In Pop', documental compuesto de una combinación de imágenes de archivo y entrevistas con muchos de quienes participaron en la grabación del ‘single’ que acaba de presentarse en el Festival de Sundance días antes de estrenarse en la plataforma de ‘streaming’ de Netflix.

La chispa que le dio vida surgió a finales de 1984, cuando el músico Bob Geldof convenció a las más importantes estrellas del pop británico de la época para que escribieran y grabaran una canción pop con el fin de recaudar fondos con los que ayudar a mitigar al hambruna en Etiopía; el resultado de su iniciativa fueron un supergrupo llamado Band-Aid y una canción titulada ‘Do They Know It’s Christmas?’. Al otro lado del Atlántico la escuchó Harry Belafonte, no solo un músico afroamericano venerado sino también un adalid de los derechos civiles y el activismo social, y se sintió interpelado.

Según recuerda la película, habló con el cantante Lionel Richie para comentarle que Band-Aid eran en su mayoría “gente blanca salvando a gente negra”, y cuestionándole por qué no había más “gente negra salvando a gente negra”. Inmediatamente, se pusieron en contacto con el productor Quincy Jones para urdir una réplica a esa canción desde Estados Unidos.

Jones, que acababa de trabajar con Michael Jackson en el celebérrimo álbum ‘Thriller’, encomendó a Richie la misión de componer a toda prisa la canción junto a Stevie Wonder. Dado que Wonder no respondía sus llamadas, el autor de ‘All Night Long’ pidió ayuda a Jackson para escribir lo que acabaría siendo ‘We Are the World’, y el proceso resultante lo obligó a lidiar con varias de las excentricidades del Rey del Pop, entre ellas su chimpancé ‘Bubbles’.

Inmediatamente después, empezó la pesadilla logística: había que reclutar a varias docenas de intérpretes, y encontrar la manera de juntarlos en un mismo estudio de grabación lo antes posible. ¿La solución? Hacerlo en Los Ángeles el 28 de enero de 1985, durante la noche posterior a la ceremonia de entrega de los American Music Awards, que de todos modos iba a congregar a muchos de los intérpretes seleccionados. La reunión, bautizada ‘USA For Africa’, se prolongaría hasta las 6 de la mañana del día siguiente.

Varias de las estrellas que participaron en la canción intervienen a lo largo de ‘The Greatest Night In Pop' para compartir sus recuerdos de la cita, entre ellos Springsteen, Dionne Warwick, Smokey Robinson, Cindy Lauper y Kenny Loggins; a decir verdad, ninguno de ellos tiene nada especialmente jugoso que contar al respecto. En cambio, Sheila E. revela a través de una vieja entrevista que su presencia en la selección de artistas fue un mero reclamo para convencer a su amigo Prince de que se sumara al grupo; el de Minneapolis no cayó en la trampa y el fragmento que él debía cantar le fue asignado a última hora a Huey Lewis, que en la película confiesa el terror que semejante responsabilidad le hizo sentir. Otra gran ausente fue Madonna, que no recibió invitación pese a que acababa de publicar ‘Like A Virgin’. Más inexplicable aún, en todo caso, es qué pintaba el cómico Dan Aykroyd entre los músicos elegidos.  

Vulnerabilidad en el estudio

‘The Greatest Night In Pop' no plantea reflexión alguna sobre el aspecto caritativo de la canción, ni habla realmente del destino del dinero recaudado o de la ayuda verdadera que facilitó. Su gran atractivo radica en la segunda mitad de su metraje, durante la que vemos a los artistas en el estudio, trabajando en la combinación de sus respectivas facultades vocales, sintiéndose vulnerables al no tener a mano a sus asistentes o perdiendo la paciencia pero no el sentido del humor.

Descubrimos que Al Jarreau tuvo problemas para grabar su fragmento porque había bebido demasiado vino, que Robinson fue el único que se atrevió a señalar a Jackson que había cometido un error, que Wonder insistió en que se cantara una estrofa de la canción en swahili hasta que alguien le informó de que “en Etiopía no hablan swahili”, que Dylan pasó buena parte de la noche sintiéndose absolutamente desgraciado y que, con el fin manejar a tan diversas personalidades, Jones ejerció no solo de productor sino también de terapeuta. Incluso llegó a invitar al estudio a Geldof, que acababa de pasar una temporada en África y tenía en la manga varias historias con las que atemperar el ego de sus homólogos estadounidenses.

En última instancia el gran protagonista de la película es Richie, que probablemente es quien más hizo para que ‘We Are the World’ se hiciera realidad y que, tanto tiempo después, sigue asombrado -“aún no sé cómo lo hicimos, porque era algo imposible”, confiesa en la película- por el apabullante logro que supuso. Fue escrita y grabada en menos de dos meses, vendió más de 20 millones de copias en su día y actualmente sigue ocupando el octavo puesto entre los ‘singles’ más vendidos de la historia, y de momento ha recaudado más de 80 millones de dólares para causas humanitarias en África, que son más del doble si se tiene en cuenta la inflación. Y su estribillo, claro, sigue negándose a írsenos de la cabeza.