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"La banca no se beneficia de una situación anormal"

Vicente Pallardó, en las instalaciones de la Universitat de València Miguel Ángel Montesinos

Vicente Pallardó, Investigador senior del Instituto de Economía Internacional de la Universitat de València. Pallardó (València, 1970) considera que para la mayoría de la población mundial no es una prioridad luchar contra el cambio climático y que la gran amenaza para la economía mundial es deshacer la globalización según la división entre los países democráticos y los que no lo son.

¿Cuál es la mayor amenaza para la economía mundial en estos momentos?

Es geopolítica. No solo por lo que pasa en Ucrania y las tensiones en el Sudeste asiático entre China y Taiwán, sino porque hay cierta corriente que va creciendo, el denominado ‘decoupling’, que consiste en deshacer la globalización en base a una división geopolítica entre los países democráticos y los países que no lo son. Eso sería una amenaza absoluta a la economía que hemos construido, que es un mundo interconectado en el que dependemos todos de todos. Si se rompen esas relaciones, se producirán efectos económicos y no económicos desorbitados. Desconectar a solo un país en un solo ámbito, como es el caso de Rusia y la energía, ha comportado cambios radicales. Y es solo un país, que además no es el centro de la globalización. Si eso se multiplica en otros países, y particularmente en China, el coste económico sería inasumible para Occidente y para el resto del mundo.

¿Están teniendo efecto las subidas de tipos o aún habrá más en vista de que los alimentos no se moderan?

Las subidas de tipos no sirven para frenar una inflación que ya existe. Actúan siempre con retardo. Son efectivas al cabo de unos trimestres. Por tanto, subir los tipos como se ha hecho no sirve. Se deberían haber elevado antes. Se ha actuado de forma tardía. Ahora, los bancos centrales están marcando que en los próximos años no habrá una inflación tan elevada y para ello deben mantener las expectativas de inflación bajo control, que la gente crea que los precios volverán a lo que estábamos acostumbrados. Si la gente no lo cree así, precios y salarios se dispararán y entonces los tipos habría que llevarlos a niveles impensables, como ocurrió a principios de los ochenta. Los bancos centrales están trabajando para evitar de nuevo ese fenómeno. Estas fuertes subidas de tipos y el lenguaje enérgico de los bancos centrales están consiguiendo en buena medida su objetivo, es decir que precios y salarios suban sin dispararse. Por tanto, los tipos tendrán una o dos subidas adicionales, más pequeñas que las últimas, y en diciembre o enero los bancos centrales van a parar la subida de tipos y van a constatar si han logrado sus objetivos. Si lo han hecho, pararán y, si no, seguirán subiendo tipos al cabo de unos meses.

Los tipos al 2% deberían ser lo normal, no que estén a cero.

Absolutamente. Yo incluso rogaría a los bancos centrales que no tengan prisa en volver a los tipos a cero. En respuesta a la Gran Recesión tuvo sentido llevar los tipos a cero, pero eso se ha extendido demasiado. Se ha convertido en una norma y eso es un gravísimo error, porque genera distorsiones en la economía muy importantes. Entre otros motivos, penaliza el ahorro y genera desigualdad en la distribución de la riqueza, porque esas políticas elevan el precio de los activos, pero los activos suelen estar en manos de los ricos. También generan burbujas. ¿A alguien le sorprende que la estafa monumental de las criptomonedas se haya producido en esta época de tipos cero? Cuando la inversión segura o medianamente segura no genera recursos o incluso produce pérdidas es terreno abonado para que la gente, en lugar de invertir, se dedique a apostar, que es lo que son las criptomonedas. Además, con tipos de interés tan bajos estás manteniendo empresas sin futuro que siguen en activo porque se les renuevan los créditos al ser muy baratos. Así evitan que entre savia nueva, empresas que serán más productivas y generarán más empleo. Es otro grave problema. También hace que a los gobiernos les vaya bien con déficits y deudas públicas elevadas porque pagan muy poco por ellas.

Casi todas las guerras tienen un móvil económico detrás. ¿Qué busca Putin en Ucrania?

En este caso tiene más que ver con una visión de hipernacionalismo ruso, de recuperar al máximo la Unión Soviética, tanto que incluso lo antepone al interés económico de Rusia. Desconectar a Rusia de los mercados y la tecnología occidental tiene un coste devastador, además del coste personal de la gente joven que se está yendo y no va a volver. Por eso mucha gente, antes de la invasión, no creía en ella, porque todo el mundo anteponía los costes económicos que la guerra supone para Rusia y que, por eso, no daría ese paso. Si quieres ser mal pensado, las empresas occidentales se han ido de Rusia a precio de saldo y todas han ido a parar a oligarcas rusos próximos al poder. Eso tal vez explica porqué siguen apoyando a Putin pese al castigo que están recibiendo de Occidente.

El esfuerzo económico europeo en Ucrania puede ser demoledor para la UE. Por ejemplo, respecto a los niveles de deuda.

Realmente, a partir de niveles ya exagerados, que se venían acumulando desde la Gran Recesión, cualquier añadido es malo, sobre todo con tipos normalizados. Va a suponer un coste. Pero, si hacemos una suma del nivel de deuda de los países occidentales y de ese medio billón que costaría la guerra y la reconstrucción de Ucrania, el importe es modesto. La deuda de Occidente está en el 100% del PIB y 500.000 millones, no es una cantidad excesiva. No hay que exagerar, además de que de ese dinero de la reconstrucción en parte iría a empresas europeas.

Entonces, ¿dónde está el coste para Europa de la guerra?.

A Ucrania se le está dando un dinero limitado, súmele los refugiados y, sobre todo, los costes derivados para empresas y familias europeas del alza de la energía, que están pagando las arcas públicas. Eso son cientos de miles de millones. A eso habrá que sumar el dinero de la reconstrucción de Ucrania.

¿Qué pasará si los prestamistas cierran el grifo?

Tienen que colocar el dinero en algún sitio. Es cierto que por la subida de tipos más intensa en Estados Unidos muchos se han ido a ese país, pero si el dinero quiere estar seguro tiene que estar en Occidente. Si quiere riesgo iría al mundo emergente o en desarrollo. ¿Habrá problemas de financiación en algún momento? Creo que estamos más preparados para turbulencias en los mercados y los gobiernos europeos saben que no pueden hacer lo que les dé la gana como antes de la Gran Recesión. No nos va a salir tan barato endeudarnos como en los últimos años, pero no creo que vayamos a una crisis de deuda. Europa volverá a la disciplina fiscal a partir de 2024, aunque no de forma tan rígida como antes.

En dos años hemos encadenado una crisis sanitaria de enorme envergadura y una crisis de inflación. ¿Qué cambios irreversibles han provocado en la economía mundial?

Hay uno irreversible que es la forma de globalización anterior y que va a cambiar en algunos elementos clave. Uno de ellos es la primacía del coste (el más bajo posible). Eso se ha acabado. Seguirá siendo importante, pero habrá que tener un cierto nivel de inventario, de estocs. Necesitamos tener mayor capacidad en algunos procesos de comercio, como barcos o contenedores. No podemos depender solo de un proveedor concentrado, singularmente China. Hay que duplicar proveedores. En sectores estratégicos necesitamos que una parte de la producción venga a Occidente, como es el caso de los microchips o todo lo relacionado con las ciencias de la salud. El cambio posterior que podría llegar es el que mencionaba al principio de la geopolítica.

Muchas empresas occidentales han recogido velas y han dejado de producir en China. ¿Mantendrán esa tendencia?

Va a haber un abandono progresivo en busca de menos dependencia. No todos volverán a Europa, muchas se quedarán en Asia o irán a América, porque el coste sigue teniendo su importancia aunque ya no sea el único valor.

¿Se ha acelerado el ascenso chino a la primacía mundial en detrimento de EEUU?

Todo depende de cuándo pongamos las fechas. La ganancia de posicionamiento chino se ha producido en las últimas décadas. Pero en los últimos años el Gobierno está generando más problemas que haciendo progresos en la carrera con Estados Unidos. En ese tiempo se ha enemistado con medio planeta. La desconfianza hacia China ha crecido en Occidente, pero también en Asia, Oceanía y África. Es una política de tensión con Estados Unidos en ámbitos en los que a lo mejor no era necesaria. El crecimiento chino está apoyado en el comercio internacional y la inversión extranjera. Para ello necesitas relaciones amistosas que antes de Xi Jinping tenía China y contar con alguien que ejerza de policía mundial, que es lo que hacía Estados Unidos en la etapa de crecimiento chino desde Deng hasta Xi. No veo la rentabilidad de esa política, por ejemplo la de la tensión militar con EEUU, cuando nunca va a alcanzar el poderío norteamericano. Para ello necesitas potencial económico y mantenerlo a lo largo del tiempo. Lo hizo la Unión Soviética y perdió porque no tenía recursos. China está en riesgo de lo mismo. Porque no está arreglando los problemas internos, como la demografía, la desigualdad de la renta, un sistema bancario frágil, gobiernos locales endeudados, una burbuja inmobiliaria potencialmente explosiva...

¿Qué papel le queda a Europa en este escenario?

Me gustaría que defendiera un modelo equilibrado entre eficiencia económica, un proceso de cambio al mantenimiento del medio ambiente y el Estado del bienestar. Generaría un modelo ejemplar de derechos humanos y crecimiento. En contraste con EEUU y China, que están muy desequilibrados. Pero Europa parece que reacciona a los problemas cuando aparecen, y no lo hace mal, pero no es lo mismo que anticiparse. Lo digo, por ejemplo, por el modelo energético. La reducción de la dependencia de los hidrocarburos debería haberse hecho ya. La política de defensa, igual. Ha tenido que llegar una guerra para darse cuenta y actuar. Los ‘Next Generation’ surgen por la pandemia, pero deberían llevar ya tiempo. Solo es una reacción, buena, pero llega tarde.

La COP 27 ha fracasado porque los grandes contaminadores (China, India, Rusia y Estados Unidos) quieren seguir igual. ¿Habrá que esperar al colapso?

Se va a seguir avanzando, pero no al ritmo en que lo pide una parte minoritaria de la población mundial. La mayor parte cree que la prioridad es otra. Nosotros, que vivimos bien, entendemos que hay que frenar el cambio climático, pero para la gente que vive con una renta baja la prioridad es comer, vestir, un alojamiento e incluso algún lujo de los que tenemos en Europa, y hoy día la energía que pueden consumir para lograr eso es la que proveen los hidrocarburos. No olvidemos que ese cambio energético Europa debería haberlo hecho hace año. Hemos llegado tarde y ahora queremos que los demás también corran mucho. Hay que ser un poco menos eurocéntricos. No es lo mismo tener 50.000 dólares de renta per cápita que 5.000. Al que percibe esta última cantidad le importa un rábano el cambio climático, aunque a la postre sea el más perjudicado y sabemos que lo va a ser, pero su prioridad es otra. No es realista ni justo que den el salto ya. Ellos exigen a los países ricos transferencias de tecnología y dinero para que sus países hagan esa transición. Es más factible ayudarles a hacer el cambio que exigirles que lo hagan por su cuenta.

«Tener los tipos a cero se ha convertido en una norma y eso es un gravísimo error»

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Las eléctricas y la banca se quejan de que les pongan impuestos. ¿Qué opina usted?

Que uno defienda sus intereses es razonable. Otra cosa es que esos intereses primen, que no tiene por qué ser así. Yo diferenciaría a las energéticas de la banca, porque las primeras se han visto beneficiadas por unos ingresos extraordinarios [por la inflación, sobre todo] que no tienen nada que ver con sus méritos. Se justifican los impuestos y se han generalizado en Europa. Lo contrasto con el hecho de que Centroeuropa está ayudando a otras empresas, las que dependían del gas ruso, que están comprando en otros sitios y no pueden repercutir la subida a sus clientes por contratos fijos a medio plazo. En cambio, la banca no se está beneficiando de una situación anormal, porque, que suban los tipos, no es anormal. Si les pones impuestos deberías haberles bajado la fiscalidad cuando estaban los tipos a cero.

Buena parte del desarrollo sostenible depende también del uso de materias primas, que en muchas ocasiones son escasas. ¿Estamos atrapados?

Hay un cambio en cuanto a cuáles son las materias primas esenciales. Ya no es todo hierro o cobre o carbón, que son los que impulsaron la revolución industrial. Ahora, lignito, wolframio, níquel y metales raros son lo más demandados. Es cierto que no hay suficiente capacidad de producción para una transformación verde masiva como se pretende. Es posible ponerla en marcha, pero hay dos problemas. Uno, parte de la disponibilidad de estas materias está en zonas complicadas como Centroáfrica o zonas poco amistosas como China. El segundo problema es que estas explotaciones son medioambientalmente dañinas. En Europa, se han cerrado esas plantas.

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