Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Opinión | Tribuna

Sindicatos contra jóvenes

os sindicatos de clase no viven sus mejores momentos. La caída de afiliación, la reforma laboral y el acoso y derribo al que el poder político conservador les ha sometido han dejado por los suelos la imagen de los que, en teoría, deben ser los defensores del trabajador ante el empresario. En algunos casos, esa mala fama se la han ganado a pulso y en otros se les ha atacado injustamente con la única intención de desacreditar al único agente social con capacidad para frenar la pérdida de derechos laborales.

Es evidente que la extrema dependencia de las ayudas públicas, como le pasa a todos los que reciben dinero del poder político, no les ha sentado bien y los ha convertido en tigres sin zarpas. Su otrora titánica fuerza, actualmente sólo la demuestran en la administración y en las grandes empresas industriales. El primero es un sector en el que el accionista no es un particular sino el ciudadano y donde su lucha ha conseguido los mejores resultados. Incluso contraviniendo el interés general. En el segundo, el gran volumen de trabajadores permite una mejor organización y el mayor número de delegados incrementa las ayudas.

El impacto positivo de los sindicatos tiene una cara oculta. Los menores de 30 años, que están fuera de las políticas de las centrales sindicales y, en ocasiones, los llegan a machacar.

En los últimos tiempos los comités de empresa se han convertido en un verdadero enemigo para las nuevas generaciones que acceden al mercado laboral. Habrá quien apunte al desinterés de los jóvenes por asumir un compromiso pero no estaría de más tener planes para los nuevos trabajadores que a su llegada a las empresas son el «patito feo». Salarios más bajos, peores condiciones laborales, temporalidad y facilidad de despido. Unos hechos que más allá de lugares comunes en los discursos no se están combatiendo.

Los comités de empresa ya asentados y los líderes sindicales han hecho un buen trabajo defendiendo los derechos y conquistas de los trabajadores que iniciaron su carrera en los años 80 y 90, pese a la cascada de despidos por la crisis. Pero esta victoria es contraproducente para los jóvenes. Una verdadera guerra entre generaciones en la que los sindicatos han optado claramente por una. ¿Será porque en sus cúpulas no existe representación de los menores de 30 años?¿O es que no están porque no se afilian?¿No tendrían que estar los sindicatos como locos buscando en este nicho de población?¿A caso no son el futuro, su futuro?

El desdén con que las centrales sindicales han tratado a los más jóvenes ha provocado que estos ya no crean en ellas y en su necesaria función de defensa de los trabajadores y negociación colectiva. Pero deberán reflexionar y pensar en que, sin que los «veteranos» pierdan sus derechos, sí que se consiga una asimilación de la situación. De lo contrario, sí que vendrá un conflicto generacional.

Compartir el artículo

stats