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Panach, el rey de la horchata fresca de Mercadona

El empresario de Alboraia dispara la producción de este producto en fresco tras empezar a suministrarlo a Mercadona el pasado mes de abril. Cada día envasa una media de 25.000 botellas

José Ramón Panach, en las instalaciones de su empresa.

José Ramón Panach, en las instalaciones de su empresa. Germán Caballero

Casi medio siglo después, un negocio que nació como un pequeño obrador se ha transformado en una industria puntera del sector agroalimentario y su dueño, José Ramón Panach, se ha convertido en el indiscutible rey de la horchata. El reciente acuerdo para proveer a Mercadona de este producto en fresco ha propiciado, como suele ser habitual, un impulso espectacular en esta empresa, pero detrás del mismo se esconde una historia de esfuerzo e innovación que se remonta a 1971, en plena Horta de València. El padre de Panach, un agricultor de Alboraia, diseñó una máquina de recolectar chufas tan eficiente, como recuerda su hijo, que «dio lugar a sobreproducción». Así que decidió montar una horchatería, la misma que, con el apellido de la familia, sigue a pleno rendimiento en la actualidad.

Al padre, sin embargo, le tiraba la tierra. Así que volvió a los orígenes y la madre, con «un perfil empresarial», se hizo cargo de la gestión y José Ramón Panach, que llevaba dos años aprendiendo a hacer horchata, empezó a hacerse cargo de la producción con solo 18 años. Eso es vocación. Con la llegada de la década de los noventa es la segunda generación la que se hace cargo de Horchatería Panach. O sea, José Ramón y sus hermanas, que dan el primer giro al negocio. Por un lado, renuevan el establecimiento y por otro, incorporan la fabricación de helados propios y un producto que «tuvo mucha repercusión»: la leche merengada vendida como un helado soft, recién hecho.

Siempre inquieto, en 1995, en sociedad con otras siete personas, José Ramón Panach compra una fábrica de horchata en Alboraia que también repartía este producto a nivel comarcal y se hace cargo de la gerencia de la misma. «Descubrí otra dimensión», rememoraba esta semana. Y es que, «hasta entonces, solo fabricaba para vender en mi tienda y a partir de aquel momento debía producir para vender a más de 600 locales (tiendas, bares y cafeterías) en un radio de acción máximo de 50 kilómetros». También amplía su capacidad de gestión de personal: a los dos empleados del obrador y los quince entre camareros y personal de limpieza de la Horchatería, se suman los doce de Horchata Verge, entre los que se incluyen los repartidores.

No duró mucho la aventura, porque en el año 2000 la multinacional propietaria de la marcha Chufi lanzó una generosa oferta a los ocho socios de Verge -cada uno de ellos tenía el 12,5 %- y estos vendieron la compañía. Panach se quedó en el departamento comercial, pero «no estaba a gusto. Era un asalariado, no tenía emociones empresariales y yo no quería hacer eso; así que llegué en 2002 a un acuerdo» con la citada multinacional y se marchó en busca de su propio camino en el mundo de la empresa. No tardó en encontrarlo.

En efecto, un año más tarde, Panach había montado ya una nueva fábrica de horchata, en este caso para hacer producción industrial en Meliana. Realizó una inversión de 600.000 euros. Se trata de vender el producto en cisternas y que el cliente lo envase. Lo que se les suministra es extracto de chufa y cada usuario aplica su propia fórmula, es decir, la proporción de agua, azúcar y estabilizantes que quiere para su horchata. «Dábamos la esencia», recuerda ahora, y, aunque hable en pasado, lo cierto es que dicha fábrica sigue a pleno rendimiento. En 2009, este empresario da un paso más en la diversificación del negocio con el montaje de una línea de granizados en una gama que en la actualidad abarca doce sabores, desde limón, naranja y café a mango, manzana, kiwi o sandía. La inversión en este caso fue de otro medio millón. Los granizados se venden sobre todo en el denominado canal horeca, es decir, hoteles, restaurantes y cafeterías de toda España a través de distribuidores como Kalise Menorquina, Frigo o Nestlé.

El siguiente hito en la trayectoria de este emprendedor se produce cuatro años más tarde, cuando llega a un acuerdo con la bodega García Carrión para que envase la marca Panach. Empieza el despegue. En virtud de ese contrato, Panach comienza a vender, a través sobre todo de Carrefour y Alcampo, entre 700.000 y 900.000 litros por temporada. Se trata de horchata uperizada, un procedimiento que consiste en someter un alimento líquido a una inyección de vapor a presión durante menos de un segundo, hasta alcanzar los 150°C, con el fin de destruir los gérmenes y prolongar su conservación. A los efectos de los que hablamos, esta horchata se mantiene envasada a temperatura ambiente durante un año.

Dado el éxito, la empresa empieza «a hacer ensayos para conseguir un producto de mayor calidad». En concreto, lo que alumbra es una horchata fresca de producción industrial. En este caso, se siguió el método de la pasteurización, es decir, someter un alimento, generalmente líquido, a una temperatura aproximada de 80 grados durante un corto período de tiempo, enfriándolo después rápidamente, con el fin de destruir los microorganismos sin alterar la composición y cualidades del alimento. Es un método con más riesgos que la uperización desde el punto de vista empresarial, pero el resultado «es muy similar al producto natural» es decir la horchata artesanal. De hecho, el porcentaje de chufa que contiene alcanza el 20 %, frente al 10%/12 % de los «productos más baratos». La fecha de caducidad para el consumo es de un mes y, una vez abierta, de 24 horas. A ese cometido dedica Panach todo 2015. Al año siguiente, «montamos una línea para envasar entre 3.000 y 4 .000 litros al día. Carrefour nos da la primera oportunidad y luego Alcampo».

Mercadona

Y llegó Mercadona. El gigante valenciano de la distribución «la vio, llegamos a un acuerdo y comienzo a producir para ella». Se trataba de suministrar a entre 50 y 70 tiendas. En torno a cincuenta botellas al día. Pero entonces «se dispara la aceptación del público» y la cadena presidida por Juan Roig «nos plantea en septiembre de 2016 ampliar a toda la Comunitat Valenciana el suministro bajo la marca Hacendado, lo que nos obliga a realizar una inversión para un volumen previsto de 800.000 botellas al año». Tras realizar un plan de viabilidad, «tiramos adelante, nos quedamos una nave de 2.500 metros cuadrados de superficie en Albuixech y montamos una fábrica que trabaja en exclusiva para Mercadona». Para sacar adelante el proyecto, Panach tuvo que realizar una inversión de dos millones de euros. La plantilla asciende a 39 trabajadores. El pasado mes de abril se inició la comercialización. En mayo, las ventas se extendieron a Murcia y Albacete y, en junio, a Madrid, Tarragona, Teruel y Barcelona. Diariamente, la firma envasa una media de 25.000 botellas, es decir que en un mes alcanza ya la producción prevista para todo el año.

La planta de Albuixech puede producir en estos momentos 40.000 botellas al día y, con pequeñas modificaciones, puede llegar a 50.000 ó 60.000. «El mercado nos dirá si hay que ampliar», apunta Panach, que obtiene la materia prima necesaria, es decir 1,2 millones de kilos, de chufa, a través de acuerdos con agricultores valencianos. Mientras la ventas crecen sin cesar, José Ramón Panach ya proyecta para 2018 invertir en torno a un millón de euros para trasladar a Albuixech la producción que ahora realiza en Meliana. No para.

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