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La única certidumbre: siempre invertimos en la duda

La única certidumbre: siempre invertimos en la duda

La única certidumbre: siempre invertimos en la duda

El comentario habitual en los círculos financieros es que este verano ha sido «movido» y las veletas de los analistas apuntan nubarrones. Se basan en el comportamiento de Alemania, que tuvo un PIB negativo en el segundo trimestre y podría repetirlo en el tercero, lo que técnicamente colocaría a la «locomotora» en recesión. Y también en el movimiento de la FED [la Reserva Federa de Estados Unidos], que rompió este julio el rally de subidas de tipos de interés en EE UU. Los «adivinos de la economía» han tenido que retractarse de sus vaticinios de finales del pasado año sobre nuevas subidas en 2019 para «enfriar» la economía. Incertidumbre: así denominan los gurús a esta situación.

Pero mi intención no es hablar de las «previsiones» para final de año: no las sé, y me temo que nadie las conoce. Lo que sí sé, tras mi larga trayectoria como asesor financiero, es que siempre estamos en «modo incertidumbre». Así pues, les puedo asegurar que la única certidumbre es que las finanzas siempre se mueven en la incertidumbre.

Forma de ahorrar

Aunque creo que esto es algo irrelevante, porque la forma de ahorrar ha cambiado y es preciso adaptarse a la nueva situación. La realidad es que el BCE se ha instalado en una política de tipos «cero», a pesar de que la inflación rondará el 1% este año en España. Ya no sirven los productos tradicionales y supuestamente seguros, como los depósitos a plazo o las cuentas corrientes, que son actualmente una vía para perder dinero.

La única manera de poder aumentar el capital, incluso de preservarlo, pasa por no tenerlo «aparcado» en productos estériles. Además, insisto en que en momentos de «incertidumbre» se abren oportunidades para comprar barato y obtener una mayor rentabilidad. Dónde, cómo o cuándo invertir dependerá de las necesidades de cada uno y aquí entra el asesoramiento profesional.

Claves

No obstante, hay algunas claves que conviene tener en cuenta: no colocar todo el dinero en el mismo vehículo financiero (diversificar); no centrarse en el producto de inversión, sino en cómo lo vamos a usar (estrategia); huir de lo conocido y cercano y de lo que está de moda (buscar oportunidades) y abandonar la política del «pelotazo» de compra y venta frenética de acciones (largo plazo).

Es un cambio de mentalidad, cierto, pero no hay que abrumarse, pues todo cambio implica una mejoría si se gestiona correctamente con un asesoramiento cercano.

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