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Room 2030, habitar el futuro

Gigantes del acero, el vidrio o la domótica se juntan en un consorcio para ensayar nuevos materiales y últimas tecnologías en un proyecto de soluciones habitacionales modulares

Un módulo “suite” de la Room 2030 instalado en Avilés.

Un módulo “suite” de la Room 2030 instalado en Avilés.

La primera vivienda no debió de ser mucho más que una habitación. Un refugio suficiente en el que el ser humano aplicaba también sus conquistas tecnológicas: fuego, tintes, barro. La historia de la arquitectura está llena de tentativas para volver a esa pretendida “casa de Adán”, e incluso cuando el camino no parece ir en busca de la esencialidad primitiva, se puede acabar en ella. Salvando las distancias, es lo que le ha pasado al arquitecto Sergio Baragaño y a uno de sus socios en el estudio, el gigante del acero ArcelorMittal. Después de una década explorando las posibilidades de la construcción modular industrializada, como hizo en su premiado proyecto B-home, Baragaño se dio cuenta de que la fabricación en serie requería una demanda en serie. Por eso descendió de la vivienda a la habitación, pensando en estandarizar estancias mínimas para hoteles, residencias de estudiantes u hospitales. Y en ese viaje a lo pequeño encontró un puñado de grandes empresas a las que ofrecer esas cuatro paredes como campo de pruebas de sus productos más avanzados.

Room 2030 es, por un lado, un consorcio que hace de una habitación modular un verdadero laboratorio de las ciencias del hábitat humano. Del otro, una pequeña startup que empieza a poner en el mercado unidades de su habitación inteligente del futuro.

Sergio Baragaño es ovetense y ha trabajado mucho para Arcelor en Avilés. Allí surgió también este proyecto. Un hotel les llamó para hacer una ampliación de 22 habitaciones. La 23 acabaría siendo ese cubo de alta tecnología al que ahora le han colgado dos ceros, 2030, para referirse al año y situarla en el horizonte del futuro próximo de una década.

La habitación 2030 ofrece todo lo que Sergio Baragaño ya sabía de sus otras experiencias y de la mayoría de proyectos modulares: productos susceptibles de entrar en una producción industrial, fabricación en solo un tercio del tiempo habitual, supresión de los riesgos propios de la construcción tradicional del ladrillo y posibilidad de escalar y adaptar el proyecto a las necesidades del cliente de forma rápida y sencilla.

Sobre estas líneas, Sergio Baragaño; debajo, un módulo “suite” . | R. Solís

La entrada en juego del consorcio (Consentino, Ecus, Finsa, Geopanel, Normagrup, Roca, Saint Gobain y Schneider además de Arcelor, el propio estudio de arquitectura y la cadena NH que encargó el primer proyecto) elevó el cubo a la categoría de laboratorio habitacional. Todos accedieron a tratar de poner ahí, en sus 48 metros cuadrados en la versión “suite”, lo mejor de sus productos, lo último. Sumaron otros colaboradores, como Aretha y Jansen, y se llevaron una de estas habitaciones al centro Niemeyer de Avilés el año pasado, justo antes del primer confinamiento. El resultado, que ahora están empezando a comercializar con todas sus soluciones de vanguardia tecnológica como opciones de mejora, es un módulo habitacional que se divide en cuatro espacios: la entrada (relectura del zaguán o la antojana asturiana); el módulo de día, pensado para reunirse, trabajar o comer, con sencillos sillones y escritorios; el módulo de noche, con una cama de las mil maravillas donde se rejuvenece con solo echarse uno a dormir; y el módulo salud/bío, en el que la combinación de sanitarios y cristales “hi-tech” prometen una ducha evanescente. También, líquenes escandinavos estabilizados en Italia y que crean un techo natural que retiene la humedad del ambiente y aporta equilibrio al espacio. Son solo algunos ejemplos.

Cada socio del consorcio ha puesto en estos módulos lo mejor de su catálogo. Y también han establecido nuevas conexiones. Consentino, por ejemplo, ofrece un nuevo tipo de cubierta, muy ligera, resistente y liviana en la zona día, pero también se ha aliado con Arcelor al descubrir que puede utilizar todo su excedente de grafeno, una idea salida de los departamentos de I+D del gigante del acero, en fabricar una tinta que, aplicada sobre paredes o suelos, convierte toda la superficie en revestimiento radiante. Los cristales de Saint-Gobain tampoco son lo que parecen. Instalado en medio de la habitación, el módulo salud con los sanitarios Roca puede aparecer y desaparecer por arte de magia gracias al “priva-lite”, un vidrio laminado que se activa a distancia para volverse transparente u opaco en función de las necesidades. El sistema Saluz de Normagrup también se puede regular y por sí solo trata de equilibrar el reloj biológico con el tipo de luz, reduciendo daños en la salud. Es lo mismo que promete la cama empotrable de Ecus, con un colchón que tiene memoria de temperatura y acelera la recuperación muscular. La cama evoluciona hacia la ciencia ficción cuando a uno le ofrecen rociarse antes de dormir con el probiótico Hydra+ que favorece la producción de colágeno, mientras la cama se va conectando al análisis del sueño para monitorizar al inquilino y optimizar temperatura y contaminación lumínica y acústica.

Room 2030, habitar el futuro

Todo ese sueño futurista metido entre cuatro pareces de acero les ha valido ya la declaración de EbT (“empresa de base tecnológica”) por parte del gobierno del Principado de Asturias, una subvención y la posibilidad de instalarse, como acaban de hacer, en un parque empresarial como nueva startup y cinco empleados solo para este proyecto. Ellos tratarán de sacar adelante algunas de las propuestas de los primeros clientes. Hay hoteles con intención de contratar ya, pero también empresarios que buscan un nuevo tipo de bungalow, emprendedores que quieren plantar espacios de trabajo en medio de la naturaleza o soluciones para residencias de estudiantes.

Mientras se empiezan a comercializar habitaciones, el consorcio sigue avanzando en la aplicación de nuevos productos y tecnologías. Uno de los objetivos será, también, generar un estándar en la forma de fabricar los módulos que permita, a través de un sello de certificación, poder llevar la producción a una u otra fábrica sin alterar el producto final.

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