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Tortuoso camino para el pescado

Problemas logísticos y el papeleo acosan a la flota

Iván Lopez posa en el puerto de O Berbés, en Vigo, donde amarra la flota. | Ricardo Grobas

Iván Lopez posa en el puerto de O Berbés, en Vigo, donde amarra la flota. | Ricardo Grobas

Reino Unido y la UE comparten cuotas de pesca que afectan a más de un centenar de stocks, con especies tan importantes para España como la merluza, el rape o el gallo. La situación, que se alarga desde aguas del mar del Norte hasta Gran Sol, afecta directamente a la flota que opera en este histórico caladero, principalmente formada por casi 80 barcos gallegos que desde hace más de mes y medio sufren sobre todo problemas logísticos, algo alarmante al tratarse de un producto perecedero.

El acuerdo de divorcio entre la UE y el Reino Unido recogió que el 25% de las posibilidades de pesca compartidas, valoradas en 160 millones de euros, pasaran paulatinamente a dominio de Londres a lo largo de un período de cinco años y medio. A cambio, durante ese tiempo se mantiene tanto el acceso a mercado como a aguas. Aunque como recuerda Iván López, miembro de la patronal española Cepesca y representante en la Alianza Europea de Pesca (EUFA), «todavía está todo muy indefinido».

La flota, que cedió parte de sus posibilidades de pesca (mucho menos que otros Estados miembro), tiene una perspectiva de futuro negativa debido a que son conscientes de que esas cuotas no se van a recuperar una vez superados los cinco años y medio, escasos para cualquier plan empresarial. Por otro, las armadoras se enfrentan desde inicios de año a una serie de problemas logísticos y burocráticos que afectan tanto a barcos de bandera española como a los de pabellón británico, pero con capital de zonas como Galicia o País Vasco detrás. Como explica López, ni una parte ni otra «estaban preparados» para esta nueva realidad, lo que provoca las largas esperas para descargar en puertos clave de Irlanda, la escasez de ferris para traer las capturas (para así esquivar los atascos en Reino Unido) o el nuevo papeleo. Y todo ello, sumado a los propios efectos de la pandemia. «Se han alterado muchísimo las líneas logísticas; la situación está complicada», apunta López. El transporte por carretera del pescado en camiones refrigerados que se vende en lonjas tan importantes como las de Vigo o A Coruña está en jaque. «Nos volvemos locos con la logística y distribución», indica el gerente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI), Hugo González.

Más allá de la situación en Gran Sol, el acuerdo tiene implicaciones en otro caladero clave: Malvinas. El pacto de Londres y Bruselas no incluye a este archipiélago bajo dominio de la Corona británica, lo que supone que todas las capturas que se hacen en sus aguas tienen ahora aranceles de entre el 6% y el 18% cuando llegan a Europa (a Vigo en un 90%, por un valor de 200 millones). De allí entran cada año 80.000 toneladas de calamar y otras especies fruto del trabajo de más de una veintena de arrastreros congeladores de gran altura y de capital gallego. «Esperábamos que el Brexit fuera el final de un proceso y ha sido el principio de algo peor todavía», añade López.

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