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El pistacho emerge en la Comunitat Valenciana

Los primeros agricultores pistacheros valencianos comienzan su expansión ante el auge de un cultivo que cada año multiplica por siete su superficie en españa, sobre todo en castilla-la Mancha, por la eleva demanda del sector de la distribución

El pistacho emerge en la Comunitat Valenciana

El pistacho emerge en la Comunitat Valenciana

Los agricultores no deben poner todos los huevos en la misma cesta. «La diversificación de cultivos sirve para preparar el futuro y contrarrestar campañas buenas de un producto con años de vacas flacas». Así se explica Carlos Pérez Nieto (Mira, Ciudad Real, 1976), ingeniero informático por la Universitat de València aunque agricultor por vocación y tradición familiar. En Camporrobles, municipio de la comarca de Utiel-Requena colindante con Castilla-La Mancha, Carlos Pérez posee una explotación de 100 hectáreas de pistacho, de las que una cuarta parte están en producción desde hace poco tiempo. Es uno de los pioneros en la Comunitat Valenciana en el cultivo extensivo de este fruto seco. Produce 32.000 kilogramos por campaña, cantidad que aumentará a partir de ahora con sus nuevas plantaciones.

El pistacho, árbol típico de Asia Central, introducido en la Península Ibérica por los romanos y mantenido por los árabes, desapareció en la Edad Media en España. Cinco siglos después reapareció y se empezó a cultivar en amplios terrenos de Ciudad Real y Albacete a partir de los años ochenta del siglo pasado. También Andalucía se ha lanzado a esta aventura agrícola. Y ahora emerge en comarcas valencianas del interior aunque también en la Plana Baixa. Se recolecta en septiembre, con métodos similares a los de la aceituna, cada vez más mecanizada y con vareadores. Después debe secarse inmediatamente para que no se pudra la cáscara.

Carlos Pérez, a la sazón representante de la sectorial de frutos secos de AVA-Asaja, reconoce que este cultivo todavía es incipiente en el campo valenciano, si bien espera que vaya a más. Afirma que tendrá éxito siempre que las producciones medias netas se sitúen en torno a 1.500 kilogramos por hectárea en regadío. Y que las plantaciones se mantengan con el menor coste y obtengan los buenos índices de calidad.

Territorios avanzados

Castilla-La Mancha, con unas condiciones climatológicas más acordes a las que necesitan los campos de pistachos, es la autonomía que más crece en España en este ámbito. La Comunitat Valenciana contaba con 161 hectáreas a finales de 2020, el doble que en 2019, según los dados de la Conselleria de Agricultura.

Además del clima, existen algunas barreras de entrada en este negocio. Uno de los obstáculo que encuentra el agricultor a la hora de cultivar pistacho es la inversión inicial, unos 5.500 euros por hectárea, así como el tiempo de espera sin ingresos. «Es complicado cambiar un monocultivo extenso, como trigo o viñedos, a una planta que tardará seis años en producir. Sin embargo, algunos hemos dado el paso en busca de mayor rentabilidad», reconoce Carlos Pérez.

Otras recientes experiencias en este tipo de frutos secos llegan desde la costa mediterránea, un terreno menos propicio por los inviernos más benignos. Sea como fuere, algo que parecía impensable en el campo de Castelló también se ha puesto en marcha de la mano de Pistachos Mediterráneos S. L. El impulsor que logró este hito revolucionario es Manuel Bort Sánchez. El empresario vila-realense buscó terrenos para producir el fruto seco en Alcalà, Alcossebre, Vila-real y Borriana. Indagó por internet ideas para negocios rentables y se decantó por este fruto seco. La experiencia es prematura y habrá que ver si los inviernos suaves del mediterráneo garantizan su producción.

Crecen las importaciones

Aunque algunos territorios de España tienen condiciones climatológicas ideales para producir un pistacho de máxima calidad y ecológico (reposo invernal de unas 800 horas de frío, con temperaturas por debajo de los 7º centígrados), llama la atención su escasa producción: unas 3.000 toneladas al año, repartidas en 44.200 hectáreas al concluir la campaña de 2020. Ahora bien, eso supone una extensión siete veces superior a la del ejercicio anterior.

Sin embargo, la demanda es tan alta que España tiene que importar 17.000 toneladas anualmente, sobre todo de Irán y Estados Unidos (California controla el negocio). A esta necesidad de producción en el mercado doméstico hay que sumarle la demanda en otros países europeos así como en mercados emergentes, especialmente de India y otros de Asia, donde no deja de aumentar su población. En el mundo se cultivan unas 600.000 hectáreas, cultivadas principalmente en Irán, Estados Unidos y Turquía . España aglutina algo menos de un 10% de la extensión global.

«Cada vez los empresarios son más conscientes de esta oportunidad de negocio, por lo que ser pioneros en lanzarse al sector es clave para triunfar. A esta gran demanda hay que añadir una clara ventaja de España respecto a países competidores: el clima», destaca Carlos Pérez. En ese sentido, garantiza que el pistacho tiene un claro potencial como reemplazo del olivar y de muchos cereales. Y que se expandirá más allá del fruto para aperitivos: como en el ámbito de la repostería, los helados o los cosméticos. Desde el inicio de la pandemia de coronavirus su consumo se ha disparado en los hogares, aunque no así en el canal ‘horeca’ (hoteles, restaurantes y cafeterías).

Rentabilidad

Según la Asociación de Productores de Pistacho y Comercializadores (APPISTACO), no existe ningún cereal que pueda sacar esos beneficios de la tierra. El cultivo es muy rentable y en un futuro no muy lejano podría llegar a relegar muchos otros cultivos, reconoce esta entidad. Y es que las rentabilidades pueden superar los 4.000 euros por hectárea en tierras de secano.

En busca de canales de comercialización, los productores valencianos reconocen que es importante poder hacer el secado y el procesado del fruto seco en la explotación propia, almacenarlo y así poder venderlo tanto a grandes distribuidores como a pequeños compradores, incluso a través de internet. Se ahorran muchos costes. En función del calibre, su precio, una vez recolectado, pelado y seco, se sitúa entre los 6 y 7 euros por kilogramo. «En España hay escasez de oferta. Eso me anima a incrementar la producción», explica Carlos Pérez. Y recuerda: «Los pistachos reducen la presión arterial, el colesterol malo y la incidencia de diabetes».

Canales de venta

Las organizaciones profesionales constatan que la Comunitat Valenciana todavía está dando los primeros pasos en la producción de pistachos a pesar de tener grandes industrias agroalimentarias que usan esta materia prima como Grefusa o Grupo Importaco, entre otras. Cooperatives Agro-alimentàries de la Comunitat Valenciana asegura que algunos socios de la entidad han comenzado a cultivar pistachos, si bien su producción todavía no tiene salida comercial a través de los canales de ventas de estas firmas de la economía social.

Puestos a buscar razones para plantar pistachos también el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) analiza la posibilidad de que este cultivo pueda sustituir a los almendros en explotaciones de las comarcas más afectadas por la Xylella fastidiosa, la bacteria que está arrasando los árboles leñosos del interior de la provincia de Alicante. Veremos.

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