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El secreto de la tercera generación

Casi el 90% de las empresas españolas son familiares, generan 6,6 millones de puestos de trabajo y el 57 % del valor añadido bruto, según datos del instituto de la empresa - La mitad se encuentra en la segunda generación; el 24 % en la tercera y el 11 % ya incorpora biznietos. Las recetas para lograr la longevidad son comunes en muchas de ellas

Boluda, Sampol y Joan Amat

Boluda. Comunitat Valenciana

El remolcador del buque del Canal de Suez

Boluda.

Por José Luis Zaragozá

Uno de los secretos del éxito de Boluda Corporación Marítima -cuyos orígenes se remontan al lejano año 1837 con la creación de la naviera Fos, aunque el negocio de los remolcadores de la actual saga familiar es posterior, cuando Vicente Boluda Marí compró su primer barco en 1920-, es que «siempre ha sabido crecer en tiempos difíciles». Así lo reconoce el actual timonel de la compañía líder en Europa, Vicente Boluda Fos, de 66 años de edad y con la sucesión ya protocolizada entre sus tres hijos: Vicente (división de remolcadores), Ignacio (naviera) y Verónica (área jurídica y servicios).

Boluda logra alcanzar la cuarta generación en la prestación de servicio de remolque y la sexta, en la actividad de transporte marítimo y logística por su «vocación de continuidad, orientación constante a impactar de forma positiva en nuestro entorno y por la obsesión de transmitir valores y una cultura empresarial y de emprendimiento de generación en generación», explica el presidente de Boluda Corporación Marítima. El conglomerado empresarial está formado por un centenar de sociedades que facturan 612 millones de euros y que emplean a 9.000 trabajadores en medio mundo. Maneja una flota de 300 embarcaciones en Europa, África, Latinoamérica y Oceanía. Su prestigio en el ámbito marítimo del remolque es tan grande que ha participado en las tareas de reflotamiento del Ever Given, el megabuque de Evergreen que quedó encallado recientemente en el Canal de Suez y ha puesto en vilo el comercio marítimo mundial.

En opinión de Vicente Boluda Fos, las empresas familiares que perduran «lo hacen porque los empresarios que están al frente de las mismas son conscientes y asumen el rol de impactar en su entorno en términos de generación de empleo y riqueza y, con ello, y como parte activa de la sociedad, contribuyen a fortalecerla». Y explica algunas claves. «La primera -apunta- es que cada generación, además de una absoluta obsesión por respetar el legado recibido en términos de reputación (seriedad, honradez y cumplir con la palabra dada), ha sido capaz de generar un valor añadido adicional». Y añade: «El segundo de los motivos que puede justificar nuestra longevidad como empresa familiar es que al conjunto de colaboradores y trabajadores de nuestra corporación los sentimos como parte de una gran familia y que todos, sin excepción, sabemos la responsabilidad que tenemos por cumplir con nuestra misión y estamos cien por cien alineados con su consecución».

Sampol. Mallorca

De taller de radio a multinacional de ingeniería

Gabriel Sampol

Por Fernando Guijarro

El Grupo Sampol, dedicado a la generación y distribución de energía, las infraestructuras de transporte, las instalaciones industriales y hoteleras y las telecomunicaciones, opera en 19 países y cuatro continentes. Su presidente, Gabriel Sampol, señala tres elementos clave para explicar que un proyecto que nació como un taller de reparación de radios se haya transformado en una multinacional. El primero es la formación de un equipo humano de primer orden, cuyo origen heredó de su padre. Pero los otros dos se sustentan en el ámbito familiar, y se centran en la unidad y fidelidad que él y su mujer han sido capaces de mantener, creando un núcleo sólido, y en el hecho de haber sabido transmitir a sus hijos la pasión por el proyecto empresarial, hasta el punto de que en pocos años se espera la incorporación de una cuarta generación.

El Grupo Sampol Ingeniería y Obras tiene su origen en 1934 de la mano de José Sampol Arbona, que crea Casa Sampol como un taller de reparación de radios. Su hijo, Gabriel Sampol, tomó las riendas tras fallecer el fundador y son ahora sus hijos los que llevan el día a día de la empresa, con Carmen como consejera delegada, junto a José Luis, Juan Carlos y Fernando.

Gabriel Sampol recuerda a su padre como «un hombre preparadísimo y un maestro» que fue capaz de crear «un equipo humano irrepetible», y como un pionero en el mundo de la electricidad. La expansión de la empresa va de la mano del desarrollo turístico de los años 60, pero la primera gran obra que le permitió obtener la clasificación para dar el salto a la península y trabajar en proyectos estatales fue la iluminación de la catedral de Palma. La firma fue reforzando ese impulso durante las décadas posteriores.

Entre las actuaciones que marcaron el desarrollo del grupo se señala la colaboración con el sector hotelero en su expansión internacional y la adjudicación de la central de cogeneración en el aeropuerto de Madrid-Barajas ya en el nuevo siglo.

Molins. Catalunya

Sólidos como el cemento

Joan Amat junto a su consejero delegado, Julio Rodríguez

Por Agustí Sala

Los Molins, una saga con más de 200 miembros, sobrepasaron hace años la invisible barrera de la tercera generación que inquieta tanto a las empresas familiares. Cementos Molins, fundada en 1928 por Joaquim Molins Figueres, cuenta hoy con tres grandes ramas: los Molins Amat -entre los que está el presidente, Joan-, con un 31,57% del capital a través de Noumea S.A.l; los Molins Gil, con el 24,32%, a través de Cartera de Inversiones CM; y los Molins López-Rodó, con el 33,32%, a través de Otinix.

En su camino hacia el primer centenario en 2028, la compañía, caracterizada por una sólida visión compartida de sus parientes-accionistas, tropezó en 2017 con una piedra: el cambio de sede social a Madrid tras el referéndum en Catalunya. Una parte de los Molins Amat, próxima al independentismo, llevó la decisión a los tribunales. Es una discrepancia ideológica entre hermanos que puede trastocar las mayorías en el consejo, pero difícilmente la estabilidad de una empresa que capeó la crisis inmobiliaria de 2008, según quienes conocen el grupo. Además de en España tienen centros de actividad en Argentina, Uruguay, México, Bolivia, Colombia, Túnez y Bangladesh y participan en los negocios del hormigón, áridos, prefabricados de hormigón, morteros especiales, cementos cola y ecomateriales.

Cementos Molins, con una facturación que antes de estallar la crisis de 2008 superaba los 800 millones y que podría haber recuperado esos niveles en 2020 (los resultados se darán a conocer la semana que viene), ha llegado hasta la cuarta generación gracias al entendimiento entre primos y demás parientes. Y un elemento esencial ha sido un pacto por el que los accionistas se comprometen a vender sus títulos preferentemente al resto de miembros de la familia. En su última revisión, el acuerdo contó con el aval del 74% del accionariado. Para contribuir a esa paz ha sido esencial que la empresa cotice desde 1942 en el mercado de corros de la Bolsa de Barcelona, donde apenas se negocia el 5% del capital. Eso ha permitido obtener liquidez a los accionistas que lo quisieran. Aunque uno de los objetivos es aumentar la proporción de capital en la bolsa, no se le ha puesto fecha.

Este acuerdo ha permitido también que la gobernanza haya sido siempre consensuada, con altos cargos ocupados por miembros de la familia (como cuando el fallecido Casimiro Molins Ribot era presidente como cuando el hoy presidente Joan Molins era vicepresidente ejecutivo), y hoy, cuando por primera vez el consejero delegado es una figura no familiar, Julio Rodríguez. Este alto ejecutivo, que ostentó una vicepresidencia global en Schneider Electric, desembarcó en la cementera en 2015. «Me siento orgulloso de ser un Rodríguez entre Molins», bromeó entonces.

Bodegas Fariña. Zamora

Pioneros de la Denominación de Origen Toro

Manuel Fariña, junto a su hijo Manu Fariña.

Por María Jesús Cachazo

Tradición e innovación son los pilares en los que se sustenta Bodegas Fariña, una empresa familiar zamorana con casi 80 años de historia que ha logrado convertirse en un referente en el sector vitivinícola, gracias a la pasión de tres generaciones entregadas al mundo del vino. A sus 34 años, el director técnico y adjunto a la dirección general, Manu Fariña, ha relevado a su padre, Manuel, al frente de una empresa que goza de un gran prestigio por la calidad de sus vinos y por ser una de las precursoras de la Denominación de Origen Toro.

Para Manu Fariña, ingeniero agrónomo y máster en Enología, la clave del éxito de la bodega y de que la pasión por el vino siga intacta en la tercera generación de la saga radica en el sentimiento de pertenencia a un «núcleo familiar» y en el contacto, desde la infancia, con un negocio que conoció «de forma natural y sin imposiciones». Salvador Fariña fundó en 1942 la primera bodega familiar en Casaseca de las Chanas, localidad a la que emigró desde Porto de Sanabria y en la que adquirió una casa y dos viñas, con las que se inició en el cultivo de la vid. Su hijo, Manuel, aprendió a trasegar y elaborar vino cuando era un niño y, tras estudiar Enología en Valencia, regresó e introdujo cambios trascendentales para el futuro de la bodega como el embotellado y la creación de una marca.

A principios de los años 70, Fariña comenzó a elaborar en Toro vinos que expresaban la personalidad del terruño y que supusieron un punto de inflexión para una zona que, a pesar de su tradición vitivinícola, no había logrado entender que el consumidor demandaba vinos «más amables». Fariña fue uno de los impulsores de la Denominación de Origen Toro, reconocimiento que fue aprobado en 1987, pero la bodega de Casaseca de las Chanas quedó excluida y la familia decidió construir otra en tierras toresanas. La impronta de su padre ha marcado el camino de Manu Fariña, que siente predilección por el trabajo en el campo, aunque también valora la «parte creativa» del proceso de elaboración. En la actualidad, Bodegas Fariña comercializa, bajo el paraguas de los sellos de calidad Tierra de Castilla y León y Toro, cerca de cuatro millones de botellas en 38 países y, para 2022, prepara su 80 aniversario con la «puesta de largo» de su Museo Vino-Arte.

Pikolin. Aragón

73 años de dulces sueños

Alfonso Solanas

Por Jorge Heras

«Trabajo, trabajo y trabajo». Este es el «secreto a voces» que ha llevado a Pikolin a convertirse en el segundo grupo europeo del sector del descanso y el primero de carácter familiar, además de líder en los mercados de España y Francia. Así resume Alfonso Soláns, presidente de la compañía aragonesa, la receta de éxito que ha seguido la empresa en sus 73 años de historia. «Es la base sobre la que construir, puedes tener grandes ideas y proyectos, pero hay que trabajarlos, dedicar muchas horas y mucho esfuerzo», argumenta. «Los sueños hay que perseguirlos. Y la ilusión no perderla nunca», añade.

Otro factor fundamental es, recalca, «el compromiso con mayúsculas y a todos los niveles». El de la familia con el proyecto empresarial «y la gente que lo hace posible», el de los empleados «que con su esfuerzo y dedicación lo llevan adelante»; con la calidad para «ofrecer el mejor de los productos posibles», con el cliente para «alcanzar la excelencia en el servicio», con la innovación «para adelantarnos a las demandas del mercado» y con la sostenibilidad. «Y en nuestro caso, con Aragón, para generar riqueza en el lugar donde tenemos nuestras raíces», subraya.

Por último, Soláns cita otro elemento que para la trayectoria de Pikolin ha sido determinante: la profesionalización de la gestión. «Somos una empresa familiar con presencia internacional; una empresa que comenzó con tan solo seis trabajadores en 1948 y que hoy emplea alrededor de 3.000 personas en diez plantas de producción por todo el mundo». En concreto, cuenta con tres fábricas en España (dos en Zaragoza y una en Valencia), cuatro en Francia, dos en el sudeste asiático y una en Brasil.

La empresa cuenta además con un protocolo familiar «perfectamente definido». «La tercera generación, mis hijos, están ya incorporados en el grupo, aunque ningún miembro de la familia ostenta un puesto ejecutivo», explica.

La estrategia de crecimiento de la compañía pasa por la internacionalización y la diversificación. Esta última es tanto geográfica como en segmentos de mercado: hogar, hotelero, geriátrico y hospitalario. «Esto nos permite apuntalar el crecimiento en ventas en todo el grupo», afirma. Y la apuesta internacional se basa en la fabricación propia para los distintos mercados en los que opera. «No hay fórmulas mágicas ni secretos, solo mucho trabajo, esfuerzo y compromiso con el proyecto por parte de todos lo que día a día lo hacemos posible», concluye.

Grupo Montesano. Canarias

La cárnica pionera que exporta a cinco continentes

Los hermanos Jaime, Carmen y Raúl junto a su padre y presidente de Montesano, Martín García

Por Julio Gutiérrez

Hace más de 80 años que esta familia se dedica a la elaboración de jamones y productos derivados del cerdo. La primera generación contaba con una pequeña y artesana fábrica de embutidos y con un comercio de alimentación y carnicería en Salamanca. En 1964 Martín García Garzón conoció, a través de uno de sus primos, a un empresario canario que le invitó a conocer las Islas y a estudiar la posibilidad de instalar una fábrica allí. Un año después, García constituyó la primera industria cárnica del archipiélago: Embutidos de Tenerife SA, lo que hoy es Montesano Canarias.

Martín García Garzón continúa presidiendo el consejo de administración, pero hace unos años dejó la gestión del día a día en manos de sus tres hijos: Carmen, Raúl y Jaime García Pascual. «La segunda generación crece y vive en el ambiente de esfuerzo, sacrificio y compromiso que se genera a la hora de levantar la empresa. A medida que se ramifica la familia, todos esos valores iniciales se van diluyendo», admite Carmen García Pascual, consejera de Grupo Montesano. Por eso –añade-, «para llegar con éxito a la tercera generación es necesario que la segunda trasmita a sus hijos todos esos valores y el compromiso, no solo con la familia, sino con el equipo y la sociedad». Además, según la consejera, «es igual de necesario tener planificado el relevo generacional a través de instrumentos como el Protocolo Familiar y profesionalizar la empresa».

En los años 90 la compañía saltó a Extremadura y diez años después, comenzó a exportar a Asia. En 2007 se convirtió en la primera industria española autorizada para vender a China y en 2010 sus jamones ya estaban en Brasil, Nueva Zelanda, Australia, Canadá… Su producción está hoy presente en más de 40 países de los cinco continentes, y la venta al extranjero representa el 37% de la facturación. Grupo Montesano, que ingresó 65 millones de euros en 2019, cuenta con 450 empleados repartidos en cuatro centros de producción: Canarias, dos en Extremadura -industria y agropecuaria- y Andalucía (El Pedroso, Sevilla).

El gaitero. Asturias

El carácter familiar, la clave para la supervivencia

El presidente de El Gaitero, Bernardo Cardín, acompañado de directivos de la familia

Por José Luis Salinas

Hace 131 años un grupo de emprendedores asturianos -los hermanos Alberto y Eladio del Valle, Bernardo de la Vallina y Ángel Fernández- compraron la máquina sobre la que se asentó y comenzó la historia de la compañía sidrera familiar El Gaitero, que va ya por su quinta generación. Los primeros pasos de la empresa estaban ya plenamente orientados hacia la exportación. Como ahora. Aquella máquina en cuestión era necesaria para «champanizar» la sidra que desde el puerto de Gijón viajaba a América, donde por aquella época había una nutridísima colonia de emigrantes asturianos sedientos de sabores de su añorada tierra. «La sidra natural sufría un deterioro importante durante el largo viaje para cruzar el Atlántico y la carbonatación de la sidra fue una innovación para conservarla», recuerda María Cardín, directora comercial de la empresa y quinta generación de la estirpe familiar que ha sustentado la compañía.

¿Cuál es el secreto para aguantar tantos años? El carácter familiar de la compañía ha sido clave para la supervivencia y para superar momentos difíciles, como el actual, sostiene la actual generación en la dirección. «La visión a largo plazo buscando la continuidad hace que la rentabilidad y el crecimiento, siendo necesarios, no sean la prioridad a la hora de tomar decisiones, primando la calidad en todo lo que se hace», explica María Cardín. A esto hay que unir «una fidelidad a los valores fundacionales, un arraigo por nuestra tierra, un compromiso con el entorno humano y geográfico, y la ética en el desarrollo de nuestra actividad y compromiso familiar», añade.

Desde Villaviciosa (municipio de 14.470 habitantes muy próximo a Gijón), El Gaitero creció a base de inversiones y con la fortaleza que le dio ser una empresa familiar. Ahora, y pese a que la crisis del coronavirus ha traído una tremenda incertidumbre, la compañía aspira a «mantener y fortalecer nuestro liderazgo en el sector de la sidra y demostrar nuestra experiencia en las nuevas categorías que están naciendo». Cardín desvela que la empresa está creando un nuevo producto en la categoría de las ‘cider’, una alternativa a la cerveza, que saldrá al mercado como ‘Spring Cider’ de El Gaitero. A sumar, el grupo pretende consolidar y potenciar sus vinos Real Agrado, de su bodega de La Rioja donde tienen cien hectáreas de viñedo propio, y potenciar su canal de venta online.

El tiempo ha pasado y las generaciones también, pero el objetivo sigue siendo el mismo que al comienzo, que El Gaitero sea ‘famosa en el mundo entero’.

Bodegas Ruiz-Torres. Extremadura

Siglo y medio de vinos con personalidad

Cinco generaciones de la familia Ruiz Torres, en la bodega de Cañamero

Por Juan J. Ventura

En 1870, cuando Miguel Ruiz elaboraba vinos tradicionales de pitarra en Cañamero (Cáceres), no podía imaginar que siglo y medio después su familia estaría al frente de un imperio bodeguero internacional. A finales de los años 60 Antonio Ruiz Torres da el gran salto cualitativo: lo que antes se vendía en garrafas, se etiqueta con marcas originales. En 1973 automatiza el embotellado con la que sería la segunda línea de este tipo en Extremadura. Su mujer, Carolina Peromingo, avala y potencia su espíritu emprendedor y se aventuran a exportar en Europa y Asia a principios de los 80, acudiendo a ferias sin saber idiomas pero con el aval de la excelencia de estos caldos extremeños, refrendada por galardones internacionales todos los años.

«En nuestra familia la bodega siempre estaba presente. Era todo. Vivíamos en frente del negocio y los horarios en las vacaciones escolares eran los horarios de la bodega. Madrugar y estar presentes en todas las tareas, el valor del esfuerzo, la importancia de rodearte de un buen equipo y ayudarles, hacernos partícipes de las necesidades, de los éxitos, de las dificultades Era totalmente normal», recuerda Carolina Ruiz, gerente de Bodegas Ruiz Torres.

«Es verdad que en la historia de las empresas familiares es la tercera generación la que normalmente suscita desacuerdos y quiere vivir de las rentas conseguidas. En nuestro caso, creo que el éxito ha sido la importancia que nuestros padres y abuelos han dado a la educación y a los valores que nos han transmitido desde niñas», relata. En concreto, su familia prestó especial atención a que «si decidíamos seguir con la bodega debíamos saber hacer de todo, desde la limpieza hasta atender a un cliente. Con 8 ó 9 años ya sabíamos cargar un palé de vino en un camión». 

Con una vida entre barricas de roble y vides, las hijas de Antonio Ruiz, Mercedes y Carolina, estudiaron Enología y Empresariales, respectivamente. «Ninguna de las dos hermanas tuvo dudas de volver y seguir adelante y proponernos nuevas metas -asegura Carolina Ruiz-. Y hoy seguimos haciendo lo mismo con nuestros hijos», concluye la gerente de Bodegas Ruiz Torres. Esta generación ha sido decisiva en la actual expansión de la empresa, consolidando las exportaciones a Asia y culminando la construcción de una nueva bodega de 11.000 metros adaptada a las exigencias de los mercados internacionales y preparada para el turismo enológico. Su Verdejo de BRT 2019, Syrah de BRT 2016 y Cabernet Sauvignon de BRT 2017, por citar algunas marcas, atraen viajeros de todo el mundo.

Matutes. Ibiza

"Nuestras empresas son un activo de Ibiza"

Abel Matutes Juan

Por José Miguel L. Romero

Abel Matutes Juan recuerda que el Grupo de Empresas Matutes que él preside fue fundado por su abuelo, Abel Matutes Torres, en 1886. En aquella época se dedicaba a la banca, a la industria naviera y a la importación y exportación: «Fueron empresas -explica- que contribuyeron decisivamente a la prosperidad de la isla de Ibiza y a su apertura al mundo exterior, con la consiguiente mejora del nivel de vida de los ibicencos». En 1910 Abel Matutes Torres creó en la isla la primera central eléctrica de Balears y en sus astilleros se construyeron «los mejores motoveleros mercantes que surcaban el Mediterráneo, entre ellos el ‘Abel’, de 1.000 toneladas de registro bruto», relata su nieto.

A finales de los años 60, la familia fundó Fiesta Hotels & Resorts: «Comenzó con dos hoteles en Ibiza. En la actualidad cuenta con una cincuentena de alojamientos en varios países». La compañía pasó a denominarse Palladium Hotel Group en el año 2012, que desde el año pasado preside su hijo, Abel Matutes Prats. La compañía hotelera Palladium Hotel Group tiene 48 hoteles en seis países (España, México, República Dominicana, Jamaica, Italia y Brasil) y opera 10 marcas: TRS Hotels, Grand Palladium Hotels & Resorts, Palladium Hotels, Palladium Boutique Hotels, Fiesta Hotels & Resorts, Ushuaïa Unexpected Hotels, Ayre Hoteles, Only YOU Hotels, BLESS Collection Hotels y la marca Hard Rock Hotels bajo licencia con dos hoteles, uno en Ibiza y otro en Tenerife.

«En nuestra familia siempre hemos considerado nuestras empresas como un activo de Ibiza y los ibicencos y, por ello, a pesar de estar presentes en otras capitales españolas y en varios países, nunca hemos cambiado nuestro domicilio social», comenta el empresario y exministro de Asuntos Exteriores. «Estas ideas y estos principios -añade- siempre han estado presentes en todas nuestras actividades, junto con el espíritu emprendedor, el sacrificio y el esfuerzo en el trabajo». Matutes considera que ese espíritu explica que su grupo empresarial haya logrado «sobrevivir y superar las dificultades de los agitados tiempos que ha tocado vivir en esta larga singladura», de 134 años, nada menos.

Casa Grande de Xanceda. Vigo

Yogures con sello verde y legado familiar

Cristina Fernández-Armesto, socia de Casa Grande de Xanceda

Por Lidia Montes

Entre las montañas, en la localidad coruñesa de Mesía, se esconde una suerte de fábrica-taller de yogures de Casa Grande de Xanceda. El sello de esta compañía familiar gallega es ecológico, para sus yogures, sus helados, queso y otros productos de las 380 vacas de la producción. Ellas, por cierto, también han encarnado el relevo generacional en esta empresa como descendientes que son de medio centenar de reses que llegaron en barco desde Canadá en los 60.

Fue en esta década cuando los abuelos de Cristina Fernández-Armesto, una de las actuales socias, se hicieron con unos terrenos en Galicia para fundar una ganadería láctea. «Fue su proyecto de jubilación», explica la directiva, que relata que su abuelo estuvo hasta el último día al frente de la granja.

Fue su longevidad del fundador la que propició que el primer relevo generacional no llegara hasta 2002, casi saltándose un eslabón familiar. Y este cambio se produjo con ciertos vaivenes para el negocio. Tras dos años de reflexión estratégica, la marca dio con la receta que la llevaría al éxito en un sector de alta competitividad en el que proliferan las multinacionales.

Ahora Casa Grande de Xanceda presume de ser una de las mayores productoras de leche con este sello verde en Galicia. Un cambio de enfoque para «llegar directamente al consumidor, con nuestra propia marca e integrando todo el proceso productivo: desde el nacimiento de los terneros, el cultivo del alimento para las vacas y el ordeño hasta la transformación de esa leche en lácteos ecológicos», cuenta Fernández-Armesto.

Pese a la competencia, la empresa pretende seguir siendo familiar. Una condición que les ha permitido «hacer las cosas a nuestra manera, sin presiones externas. Nos hemos basado siempre en la transparencia, en la confianza» detalla la heredera de la firma láctea. «Nunca tuvimos grandes presupuestos de marketing, pero a cambio las puertas de nuestra granja están siempre abiertas». Y tanto es así que en la época precovid, la granja recibía unas 5.000 personas al año, una fórmula con la que dan a conocer su apuesta.

El secreto del éxito para alcanzar esta tercera generación son sus valores, dice la socia de Casa Grande de Xanceda. «Protegemos la naturaleza, fomentamos la biodiversidad, cuidamos con cariño a nuestros animales, elaboramos productos saludables y creamos empleo y valor en el rural gallego». Una granja, 300 vacas, cerca de 200 hectáreas de prados y bosques ecológicos. «Respetamos el legado de nuestros abuelos», concluye.

El pozo. Murcia

Liderazgo con valores

Tomás Fuertes

A. Lorente

‘Lo que somos. Una compañía con valores’, así se define el Grupo Fuertes, que se enorgullece de haber interiorizado el concepto de responsabilidad social como un compromiso de toda su estructura hacia sus principales grupos de interés: consumidores, clientes, empleados, accionistas y el conjunto de la sociedad. Esta organización empresarial ha crecido de manera constante hasta llegar a ser uno de los principales holdings empresariales de España, con capital 100% nacional. Ante la pregunta de qué posibilita la pervivencia de una empresa familiar, su presidente, Tomás Fuertes, responde: «Más que de secreto, hablaría de receta: nuestra estrategia empresarial desde nuestros inicios hace 66 años ha sido nuestra responsabilidad social, siendo siempre fieles a nuestros valores». Estos principios que les mueven, enumera el directivo, son la búsqueda de la competitividad, la reinversión, la creación de empleo de calidad, la mejora continua y el desarrollo sostenible. «Tenemos vocación de servicio, buscando en todo momento la satisfacción de consumidores y clientes», señala.

La compañía está integrada por más de veinte empresas organizadas en un potente núcleo cárnico, representado principalmente por El Pozo Alimentación, una división de alimentación y bebidas, y un área diversificada. Dan trabajo a cerca de 8.000 personas y generan un impacto laboral en su entorno que alcanza los 45.000 trabajos indirectos. Además, el grupo posee participaciones financieras en empresas que operan en sectores como el ocio, las telecomunicaciones, las infraestructuras o el I+D+i.

En 2020, la facturación consolidada alcanzó los 1.898 millones de euros, el 2,4% más en relación con el ejercicio anterior, con un creciente protagonismo de las exportaciones. Para el Grupo Fuertes, su actividad supone un dinamizador social que impulsa el desarrollo y la mejora de las comunidades donde está presente. «Nuestro motor es la ilusión. Creemos que para que los proyectos salgan adelante es necesario una combinación de conocimiento, perseverancia y poner los medios necesarios para conseguirlo», detalla Tomás Fuertes.

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