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La vida en 30 metros

El mercado de minipisos tiene dos caras. un sector profesionalizado con casas a la última y un segmento marginal con activos minúsculos, sin ascensor y caros

Ángela Carmona y Lucas Aráez

Ángela Carmona y Lucas Aráez

Los minipisos ofrecen una rentabilidad muy alta a los inversores gracias a los alquileres turísticos y a personas que se acoplan en inmuebles minúsculos de forma transitoria. En València hay dos mercados muy diferenciados. Un sector profesionalizado que maneja minipisos muy cuidados de entre 24 y 39 metros cuadrados y otro segmento marginal que trata de hacer negocio con infraviviendas muy antiguas, sin reformar, que carecen de cédula de habitabilidad y que se venden a precio de oro (algunas a más de 4.520 euros el metro cuadrado a pesar de que carecen de ascensor). La plataforma Idealista anuncia la venta de 46 pisos en València de menos de 40 metros cuadrados con precios de hasta 6.000 euros el metro cuadrado.

Rafael Clausí es uno de los inversores del sector profesionalizado que ofrece viviendas con acabados muy buenos, aunque pequeñas. Clausí tiene una decena de minipisos con los que se pueden obtener rentas mensuales de entre 500 y 600 euros. «Son edificios que se proyectaron entre 2006 y 2008, y que tienen gimnasio, piscina e incluso lavandería. Algunos edificios se proyectaron para lofts, que cuando se entregan carecen de cocina», explica. Clausí añade que el antiguo NH Jardines del Túria (situado cerca de la Feria) cerró y las habitaciones se reconvirtieron en 127 apartamentos de 24, 25 y 26 metros cuadrados. «Era un hotel de cuatro estrellas, pero NH dejó el arrendamiento cuando la Feria decayó y el propietario decidió reconvertir las habitaciones en miniapartamentos», apunta. En la pista de Ademuz también hay varios edificios de lofts (diseñados como oficinas) que se han reconvertido a viviendas. «Fue un producto muy novedoso en València porque no se conocía. En el edificio Crea (junto al hospital IMED) hay miniapartamentos de 27 metros cuadrados que salieron a la venta por 60.000 euros y que ahora cuestan 150.000 euros. El promotor los vendía sin cocina porque legalmente no podían tener, pero luego la gente se las hacía. El problema es la cédula de habitabilidad porque para inmuebles tan pequeños no te la conceden», asegura Clausí.

Ángela Carmona (28 años) y Lucas Aráez (31 años) viven en una de estas viviendas muy pequeñas, pero con servicios añadidos y muy bien comunicadas al estar junto a la pista de Ademuz. «Vinimos hace cuatro años y nos decidimos por esta zona por las comunicaciones con València. Estamos en el linde de Paterna con Burjassot y Godella. La ventaja es la limpieza y el gran problema, el almacenaje, porque no hay sitio. Nosotros aguantamos porque no tenemos hijos, pero nos iremos. Estamos pagando 510 euros y la casa tiene menos de 39 metros cuadrados. Podríamos encontrar algo más grande, pero no tendría la calidad de esta casa. Nuestro piso está nuevo y la urbanización tiene piscina y parque infantil», señala Ángela Carmona.

Reme Calvo acaba de dejar libre uno de estos minipisos que están cerca del campus universitario de Burjassot. «Son viviendas muy pequeñas, pero por 550 euros tenía aire acondicionado, piscina y garaje. Para mí era perfecto porque necesitaba un sitio de transición mientras recuperaba una casa en Campo Olivar que tenía alquilada», precisa. «Estos pisos son para parejas jóvenes, directivos que viven solos, universitarios o personas que se han separado y que buscan un sitio temporal hasta que vuelven a tener pareja. Mi casa tenía una cocina pequeña, una habitación, un baño y el comedor», afirma.

La consultora inmobiliaria Cristina Recasens, CEO de Recasens Real Estate, puntualiza que en la Comunitat Valenciana un apartamento debe tener como mínimo 24 metros cuadrados para obtener la licencia de segunda ocupación (la cédula de habitabilidad) y una vivienda tiene que disponer de 30 metros cuadrados. La presidenta de la Asociación de Inmobiliarias de la Comunitat Valenciana (Asicval), Nora García, indica que «si no tiene los metros suficientes solo lo puedes dar de alta como oficina. Para evitar fraudes, nosotros hemos creado un certificado que garantiza que todos los inmuebles que comercializamos cumplen con la normativa».

Idealista anuncia once activos de treinta metros cuadrados o menos a precio de oro. Uno de los inmuebles está en la calle San Ignacio de Loyola (junto a la Gran Vía Fernando el Católico) y mide 16 metros cuadrados. El anuncio destaca que es un «pequeño estudio en perfecto estados. No dispone de cédula de habitabilidad actualmente, a falta de tramitar su viabilidad con el ayuntamiento». Lo que no aclara la inmobiliaria responsable del anuncio es que legalmente es imposible obtener la cédula de habitabilidad. La vivienda se ofrece por 50.000 euros cuadrados. En la calle del Progreso del Cabanyal se anuncia como «chalet adosado» por 90.000 euros un inmueble sin reformar construido en 1912 que en realidad es una casa baja entre dos fincas con 30 metros cuadrados útiles. Y en la zona del Mercado Central es posible adquirir una minivivienda en un tercero sin ascensor por 130.000 euros. Vicente Díez, portavoz del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API) de Valencia, asegura que este tipo de ofertas de infraviviendas son «residuales. Los compradores deben llevar cuidado porque sin cédula de habitabilidad no se pueden empadronar ni dar de alta la luz, el gas y el agua».

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