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Parias de la revolución digital y la transición ecológica

El camino hacia las cero emisiones y la digitalización impactarán de lleno en el mercado laboral y obligan a afinar la estrategia para lograr que el proceso sea suave y no deje a nadie atrás

Trabajos en la planta ArcelorMittal de Sagunt  | D. Tortajada

Trabajos en la planta ArcelorMittal de Sagunt | D. Tortajada

La lucha contra el cambio climático y la revolución digital van a transformar el mundo tal y como lo conocemos. El cumplimiento de los compromisos medioambientales reducirá drásticamente los millones de puestos de trabajo que generan las industrias más contaminantes y el camino hacia la digitalización hará mutar tanto los empleos del futuro como las cualificaciones requeridas para acceder a ellos. Muchos dejarán de ser necesarios y otros, hoy inimaginables, se convertirán en imprescindibles. Los fondos de recuperación tras el coronavirus serán el catalizador de este trascendental proceso del que depende el porvenir del planeta, por lo que ese nuevo escenario empieza a diseñarse desde ya con su reparto y ejecución.

Aunque ambas transiciones están estrechamente ligadas, cada una presenta oportunidades y amenazas diferentes. Por tiempos, la que plantea riesgos más inminentes es la verde. En la Comunitat Valenciana son múltiples los sectores que quedan claramente señalados: siderúrgicas, automovilísticas, cerámicas, cementeras, plásticas... En definitiva, todas aquellas industrias electrointensivas que consumen gran cantidad de recursos, generan residuos no reciclables o producen bienes que emiten gases de efecto invernadero. La Organización Mundial del Trabajo estima que en todo el mundo se cobrará 24 millones de empleos, 2 de ellos en España. Aterrizando esos datos a la autonomía, el proceso pone en jaque a unos 250.000 trabajadores.

Estos sectores deberán incorporar en el medio plazo cambios en su modo de producción: sustituir maquinaria ineficiente por otra de menor impacto ambiental, implementar sistemas circulares de reaprovechamiento, innovar con nuevos materiales o adaptar sus líneas de montaje a los nuevos productos. Son solo algunos de los ejemplos que mencionan Rosa Benito y Daniel Argente desde la federación de Industria de UGT-PV.

Para aminorar los efectos de estas reducciones de actividad y del efecto en los empleos que tengan las importantes inversiones a las que deben hacer frente las empresas de estos ámbitos, los representantes ugetistas abogan por aprovechar los fondos europeos para apoyar la transformación de estos sectores, que «concentran empleos de calidad a proteger».

Ese apoyo, añaden, debe ir ligado al compromiso de mantenimiento del empleo de las compañías. También destacan la importancia de «retener» los clústers y crear nuevos «polos punteros de desarrollo» en la Comunitat Valenciana porque, «si se quedan, generarán aquí ese empleo nuevo». El secretario de Acción Sindical de CC OO, Daniel Patiño, señala que la clave del proceso «dependerá de la gestión» de la Administración, de las empresas y de los agentes sociales, pero asume que pese a todo algunos trabajos desaparecerán y no todos podrán ser reubicados, por lo que reclama políticas de mitigación y acompañamiento a esos profesionales de mayor edad y con una reinserción laboral más compleja.

El profesor de Economía Aplicada en la Universitat de València, Vicente Pallardó, incide en que la transición energética será «menos transversal» que la digital y se focalizará en la industria pesada, que «será devastada» en términos de empleo. El experto ve irrenunciable el camino hacia la sostenibilidad, pero alerta de los riesgos de recorrerlo demasiado rápido. Su tesis es que si a la UE «le entran las prisas» e impone nuevos impuestos y medidas anticontaminación de forma unilateral mientras el resto de países mantiene requisitos más laxos, el golpe será traumático además de poco efectivo en términos verdes.

Las empresas europeas perderían competitividad —un hecho que ya denuncian sectores como el cerámico— y «los empleos se irían a Estados Unidos, China, India o Rusia». Según Pallardó, Washington no va a poner en riesgo esos sectores críticos ya muy castigados por la deslocalización de las últimas décadas y hará una transición «lenta y controlada», porque «Trump viene de ahí», añade en referencia al descontento social que produjo la pérdida de trabajos que generó la globalización entre las clases medias blancas del gigante norteamericano.

«El ritmo que propone la UE no permitirá generar empleo al mismo tiempo que lo destruye», añade. Por eso, «o Europa asume la destrucción de millones de trabajos o negocia a nivel mundial un ritmo consensuado que fije un sistema de compensanción» que grave los productos elaborados de forma dañina para el planeta. «Además, la UE puede ser 100 % verde y el planeta seguir deteriorándose. Somos 500 millones en un mundo de 7.500 millones. Incluso con cero emisiones, si Europa va sola, de aquí a final de siglo solo reduciría medio grado la temperatura», concluye.

Desigualdad digital

La otra pata de la revolución laboral que viene la protagoniza la tecnología. El catedrático de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid y último ganador del premio Jaume I, Antonio Cabrales, entiende que los puestos de trabajo más amenazados por la automatización son los de «habilidades intermedias». «Aquellos de trato directo, como los cuidados y el sector servicios, y los de creatividad extrema, tienen mejor perspectiva. Los del medio quedan en riesgo», defiende.

Y la consecuencia es clara: «Los estudios sugieren que el número total de empleos no va a cambiar porque nacerán otros, pero sí variará la tipología y esto producirá una polarización de los trabajos, es decir, más desigualdad».

Pallardó suscribe sus palabras y añade el componente de crispación social que puede provocar en la calle, sobre todo a largo plazo. «La digitalización ya se siente, pero es solo un preludio de lo que viene con la Inteligencia Artificial. Cuando los robots sean capaces de aprender por sí mismos sí que habrá que recolocar millones de empleos y obligará a repensar nuestro modelo de sociedad. Habrá que repartir no solo horas de trabajo sino también rentas», agrega.

Todos apuntan a la educación como última clave y destacan que conectar los centros de enseñanza con las empresas y girar hacia un sistema que prime menos la memoria y más el pensamiento crítico es la base para diseñar un perfil de trabajador cualificado.

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