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Un gin-tonic con un ‘sorbo’ de lima

Parte del equipo de Sorbos: Bañuelos, Sánchez, Fondberg y Juviña . | Anna Mas

Parte del equipo de Sorbos: Bañuelos, Sánchez, Fondberg y Juviña . | Anna Mas

La prohibición decretada en Europa este mes a la comercialización de pajitas de plástico y otros productos de un solo uso fabricados con este material ha sido una gran noticia para la empresa catalana Sorbos. Esta pequeña firma de Montornés del Vallès es fabricante de un producto patentado a la vez simple y genial; fabrica pajitas comestibles. Los fundadores, Enric Juviña y Víctor Manuel Sánchez, están embarcados en lo que definen como «una lucha contra el plástico de un solo uso» con un producto que gana adeptos cada día y que les ha permitido un crecimiento meteórico y exportar a una cuarentena de países. Actualmente más del 90% de la producción se destina al extranjero.

El producto es sencillo en apariencia aunque su composición patentada y su proceso de elaboración dista mucho de serlo. «Nuestro objetivo es que los consumidores lleguen en el futuro a pedir un ‘sorbo’, como sinónimo perfecto del producto que hacemos», explica Víctor Manuel Sánchez, que es el responsable de producto. Y es que las actuales pajitas sustitutivas del plástico, generalmente de cartón o bambú, no gustan en general ya que modifican el sabor de la bebida.

Los ‘sorbos’ inventados por la empresa catalana son pajitas comestibles que no afectan ni al sabor ni al color de la bebida. Duran 40 minutos en bebidas frías. O no incorporan ningún sabor o el consumidor puede elegir alguno que se adapte a la bebida y a sus gustos. Así, un gin-tonic puede beberse con un ‘sorbo’ de lima, o una Coca-Cola, con otro de limón. Los hay también de jengibre, canela, chocolate, manzana, fresa o de sabor neutro.

El principal mercado de Sorbos es el canal profesional de bares y restaurantes, aunque la pandemia ha acelerado un cambio de estrategia y las pajitas de Sorbos se venden ya en cadenas de distribución. Así, los ‘sorbos’ se pueden comprar en El Corte Inglés, en Carrefour, en Makro o en Amazon, por ejemplo. La expansión es tan grande que Sorbos está ya abierta a la entrada de algún inversor. La empresa ha crecido hasta ahora gracias a recursos propios pero reconoce que puede haber llegado el momento de impulsar el crecimiento «de la mano de un aliado estratégico», sea industrial o sea una multinacional de primera fila. «No nos cerramos a nada», asegura Juviña cuando se le pregunta por la parte del capital que estarían dispuestos a ceder los fundadores. Advierte de que «no necesitan dinero» pero sí socios en esa etapa de crecimiento como marca. En un primer paso de la expansión llevan años evaluando el uso que darían a entre tres y seis millones de euros para ampliar la capacidad de la planta, mejorar la automatización y recortar costes de producción. En 2017, Sorbos produjo tres millones de pajitas; nueve millones al año siguiente; 28 millones en 2019 y 15 millones el año pasado. Este año prevén 40 millones y superar los 100 millones el que viene. Y por cada pajita comestible de Sorbos se elimina un gramo de plástico de otra pajita convencional, toneladas de plástico que no llegan al mar gracias a Sorbos.

La inversión debería permitir impulsar la imagen de marca como genérico del producto. En una segunda etapa llegaría la apertura de una fábrica en EEUU, pero para eso será necesario consolidar y mejorar los procesos de producción.

Todos estos planes son todavía proyectos para una empresa que ha dado de lleno en la diana de un producto que apunta a ser habitual en el consumo del futuro. Está basado en el azúcar, por lo que el siguiente paso es desarrollar versiones sin ese componente.

La apertura a nuevos clientes finales con la venta en supermercados ha descubierto usos no previstos, como pueda ser el que hacen los niños cuando beben leche o chocolate, o el consumo en fiestas o eventos, que ensalzan el ‘sorbo’ a categoría de lujo asequible. «Hemos hecho un producto único, muy simple en apariencia pero que abre nuevas experiencias de consumo y que puede ser un gran aliado para las grandes marcas de bebidas. Además no es sencillo de replicar por su complejidad técnica», explica Sánchez.

Personalización

Sorbos es capaz incluso de personalizar sus pajitas según las demandas de cada cliente. Así, Bacardí puede incorporar su ‘sorbo’ a una promoción y que la marca italiana y su murciélago sean visibles. El licor tendrá un postre en forma de pajita comestible, sin afectar las características organolépticas de la bebida. Ingeniería y producción industrial se han aliado en una planta en Montornés de alta flexibilidad ante la demanda, por una estructura empresarial adaptable. La estructura empresarial sigue siendo todavía sencilla, con una plantilla fija de 13 empleados, nueve de ellos en fabricación, más un equipo temporal que se adapta a los flujos de demanda. En España la comercialización está externalizada a la firma Sanmy, conocida por la venta de los populares sifones.

El objetivo es que en tres años todo el mundo esté familiarizado con el producto y el concepto ‘sorbo’ se haya vinculado directamente e inequívocamente a su producto. Para entonces es previsible que la firma haya dado ya un salto de escala y haya pasado a gestionar alguna fábrica en el extranjero.

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