Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los bajos precios alarman a los viticultores

pese a la caída de la oferta, los productores valencianos no prevén cobrar lo suficiente para cubrir costes. Piden ayudas y el cumplimiento de la ley de la cadena alimentaria

Un recolector de 
uva en una imagen 
de archivo.

Un recolector de uva en una imagen de archivo.

Como esos cielos cubiertos de finales de agosto que descargaron agua y granizo a mansalva. Así ven los viticultores valencianos la campaña del vino y el cava cuya recolección acaba de empezar. Se dan las condiciones idóneas para que perciban buenas retribuciones por sus cosechas pero la realidad es que no van a poder cubrir costes, según explicó a este diario el vicesecretario general de la Unió de Llauradors y máximo responsable de este subsector en la organización agraria, Luis Javier Navarro. Los productores exigen ayudas al Gobierno y ya preparan movilizaciones.

Los bajos precios alarman a los viticultores

Los bajos precios alarman a los viticultores Jordi Cuenca

Las circunstancias son propicias. La cosecha en la Comunitat Valenciana podría ser este año entre un 15 % y un 25 % inferior a la de la campaña pasada, en parte, según Navarro, debido a que la de 2020 fue una buena campaña y no es normal que se encadenen dos años de gran bonanza, pero sobre todo por la incidencia del pedrisco, que mermó la capacidad de producción. Es más. Francia e Italia y el resto de España también han tenido unas cosechas más cortas, sobre todo por las heladas que afectaron entre marzo y abril al continente.

Así las cosas, con una oferta a la baja, lo normal es que los precios tiren al alza, pero no es eso lo que está sucediendo. Navarro asegura que ya ha empezado la recolección de la uva para la elaboración de cava en Utiel-Requena y el comerciante, que compra el 95 % de la producción, está pagando el mismo precio que el año pasado. En términos generales y, por tanto, incluida la uva para hacer vino, «los precios se van a quedar igual y si suben no van a llegar a cubrir el coste de producción».

Mildiu

A este panorama hay que añadir otro factor y es que este año los productores han tenido unos costes adicionales a los de 2020 por la presencia del hongo del mildiu, que les ha obligado a realizar inversiones en fungicidas. A este respecto, desde la Unió matizaron que los ataques de este hongo «han afectado a la mayor parte de las zonas productoras con mayor o menor incidencia y los daños están cubiertos en el actual sistema del seguro agrario, pero no en todas ellas». Por ejemplo, en la comarca de la Hoya de Buñol «los productores no ven compensados esos daños a pesar de disponer de una póliza contratada por tener uva de mesa y por ello la organización, mientras no se cambie la situación, reclama ayudas para los agricultores».

En relación con esto, Navarro anunció que el sector va a iniciar movilizaciones. El próximo miércoles protagonizará una concentración ante el Ministerio de Agricultura en Madrid «para que se ponga en marcha la ley de cadena alimentaria para que no solo se lleve el dinero el distribuidor. Queremos que haya un reparto justo y, desde luego, que se cubran, en lo que percibe el agricultor, los costes de producción reales». Paralelamente, las organizaciones de esta actividad han solicitado una reunión al Gobierno «porque pensamos que se está produciendo una perturbación de precios. En la PAC [Política Agraria Común de la U nión Europea] hay un fondo de 450 millones de euros y queremos que lo ponga en marcha ya ante lo que se nos viene encima», asegura Navarro.

En un comunicado, la Unió de Llauradors anunció la semana pasada que va a «denunciar ante la Agencia de Información y Control Almentario (AICA) cualquier contrato de compraventa de uva para vinificación que esté por debajo de los costes de producción de la uva en la Comunitat Valenciana», porque «las pérdidas que se pueden producir en este sector, entre la bajada de producción y los precios ruinosos a los que están ofertando las bodegas, pueden ser muy importantes».

Pandemia

La lástima de todo ello, como explica la organización, es que, tras los primeros efectos negativos de la pandemia del coronavirus, «la situación del mercado del vino -sin ser del todo boyante- sí que ha mejorado. Varios son los aspectos que lo han hecho posible, como es la apertura del canal horeca [hoteles, restaurantes y cafeterías ] y la entrada de turismo, el aumento de las exportaciones» o, como ha quedado dicho, «la reducción de cosecha en países competidores europeos como Francia (se habla de un 30 % menos) e Italia por las heladas de abril». Además, «las existencias de vino se han ido aligerando tras una campaña tan negativa como la anterior, pero no todo lo que sería deseable y en estos momentos hay un mayor stock que por estas fechas del año pasado», cuando el sector venía de padecer el confinamiento y cierre de establecimientos del segundo trimestre del año para luchar contra la covid y un verano con poca movilidad y escasos visitantes del exterior.

2.000 profesionales

En cuanto al futuro, el dirigente de la Unió de Llauradors traza un panorama desolador en una actividad que considera «abocada a las pérdidas» si no se toman medidas que tiren al alza los precios que cobran los agricultores. En estos momentos, en la Comunitat Valenciana existen, según las cifras que aportó a este diario, unos 10.000 productores de uva, aunque profesionales «no somos más de dos mil». Es una situación muy similar a la de los cítricos, donde también hay muchos pequeños productores cuya actividad principal es otra pero que cultivan terrenos en muchas ocasiones heredados de la familia. Navarro añade al respecto que en la última década ha caído en un 20 % el número de hectáreas de viticultura en la Comunitat Valenciana. Solo en la zona de Utiel-Requena, la superficie ha descendido en dicho período de 42.000 a 37.000 hectáreas. Por tanto, 5.000 menos. Se trata de un descenso del 12 %.

El vicesecretario general de la Unió de Llauradors otea severas consecuencias si no se toman medidas, porque la falta de rentabilidad va a provocar que se reduzca considerablemente el relevo generacional entre los viticultores. De hecho, afirma que «muchos piensan en dejar la agricultura». Si esa dinámica se consolida, «se va a hacer mayor la despoblación en la España vaciada».

Más en El Mercantil Valenciano

Compartir el artículo

stats