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El pelotazo del pádel

Ha explotado a nivel mundial tras la covid. En la C. Valenciana se han federado en 2021 tantos jugadores como en los cinco años previos, las bolsas de entrenadores están vacías y no hay material porque las fábricas no dan a basto. en pleno boom varias empresas valencianas lideran la exportación de pistas

Tras más de año y medio de crisis sanitaria ya ha quedado patente que la pandemia no le ha sentado mal a todo el mundo. Ha fomentado la práctica de deporte y el pádel es uno de esos sectores que han salido fortalecidos tras la convulsión mundial provocada por la covid, rebotando con fuerza en cuanto finalizó la época dura de confinamientos. Desde entonces cuesta encontrar pistas disponibles a las horas punta, se han multiplicado las licencias federativas e incluso escasea el material deportivo, no a consecuencia de los problemas de suministro globales sino porque el volumen de demanda actual es tan elevado que ha sobrepasado la capacidad productiva de los fabricantes.

El boom se está produciendo en todo el planeta pero los expertos aseguran que el epicentro se encuentra en España. Aunque el origen de este deporte se sitúa en México a finales de los años 60, no tardó en expandirse por España primero y América Latina después a lomos de millonarios que instalaban sus propias pistas en sus lujosos domicilios. Poco o nada tiene que ver con lo que es hoy en día: un deporte popular mixto, practicado por hombres y mujeres y al que se juega mayoritariamente en naves industriales adaptadas por entre 5 y 8 euros por persona y partida.

No hay estadísticas oficiales actualizadas de cuántas personas practican el pádel de forma habitual en la Comunitat Valenciana. El último estudio del Consejo Superior de Deportes (CSD), de 2015, hablaba de 120.000 jugadores en la autonomía. En ese año había poco más de 5.500 licencias federativas y ahora son más de 8.000, por lo que si trasladamos ese 45 % de incremento de licencias al total de jugadores valencianos, a día de hoy la Comunitat Valenciana rozaría los 175.000 aficionados.

«Y seguro que son más», afirma Alfonso Monferrer, presidente de la Federación de Pádel de la Comunitat Valenciana (FPCV). «Lo del último año ha sido una locura y eso que nosotros somos los que menos notamos el boom», añade en referencia al impacto que este auge ha tenido en las empresas que como setas han ido brotando en los polígonos industriales de la Comunitat o en los fabricantes de las propias pistas o de material deportivo y complementos. En cualquier caso, la FPCV acaba de batir su récord con esas 8.000 licencias federativas —cada jugador abona 50 euros anuales— tras haber sumado más de 1.000 fichas nuevas en lo que va de año, las mismas altas que en los cinco ejercicios previos juntos. Casi una de cada tres son mujeres y desde la FPCV aseguran que «con total seguridad» el porcentaje ronda el 50 % a nivel amateur.

Uno de los torneos organizados por la Federación de Pádel. | EMV

Monferrer estima que la demanda se ha cuatriplicado desde la desescalada de junio de 2020 y aprovecha para reivindicar la labor del organismo que dirige: «Logramos que la Generalitat nos reconociera como deporte de pareja y desde muy pronto pudimos volver a trabajar», recuerda . El estallido no ha cesado desde entonces y mantiene las bolsas de empleo de entrenadores vacías y las pistas llenas desde hace meses. «A la hora punta —de 19.00 a 23.00— es prácticamente imposible», comenta Monferrer, que señala que hay incluso escasez de material. «Es difícil encontrar palas y bolas. Head —fabricante de pelotas de pádel— ha tenido que abrir una nueva fábrica», dice para demostrar que «no es por la falta de materias primas ni por el transporte sino porque falta capacidad productiva para absorber toda la demanda», cuenta.

Además, la Comunitat Valenciana es referente en un segmento concreto. «Si el pádel es de España, las pistas son de la Comunitat Valenciana», culmina Monferrer. Joaquín Giménez es jefe de producción de ManzaSport, firma valenciana dedicada a fabricar estos campos de juego desde hace 12 años. Detecta «un punto de saturación» por número de pistas en la autonomía, pero no global.

Cuenta que exportan el 80 % de su producción sobre todo a países nórdicos y árabes y que ellos sí están sufriendo la escasez de materias primas. «Y cuando explote en Estados Unidos será brutal», añade. De hecho, asegura que ya estudian la apertura de una fábrica en México para estar mejor ubicados de cara a expandirse en ese país. La inversión puede recuperarse en unas 500 partidas —el precio de una pista ronda los 18.000 euros y una partida cuesta unos 30 euros en total en España y se encarece fuera—, lo que unido a su poco riesgo para recuperar el desembolso inicial está atrayendo también a fondos de inversión, afirma Giménez.

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