Las frutas inservibles se convierten en cosméticos

Un proyecto del Ainia, Sitra, AVA-Asaja, IDiBE y Prospera Biotech transforma mermas de cítricos y otros cultivos en bioproductos que contribuyen al impulso de la economía circular

Las frutas inservibles se convierten en cosméticos

Las frutas inservibles se convierten en cosméticos

José Luis Zaragozá

José Luis Zaragozá

Las frutas, indispensables en una dieta saludable, son una fuente rica de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes. Aunque también tienen otros fines, incluso cuando se estropean. Ley de Prevención del Desperdicio Alimentario entró en vigor en 2023 y por eso se multiplican las iniciativas que contribuyen a evitar que se tiren tantos alimentos. Según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Agricultura, los hogares españoles redujeron el 6,2 % el desperdicio de alimentos y bebidas en 2022 en comparación con el año anterior en un contexto de inflación, con una media semanal de 23,1 millones de kilos o litros que acabaron en la basura.

¿Frutas que se caen al suelo ¡Pues para fabricar productos de belleza! Cuentan los expertos en dermoestética que algunas tienen un alto contenido en minerales y vitaminas, además de ser muy hidratantes y antioxidantes. Sus propiedades son tantas y beneficiosas que las encontramos como ingredientes principales de muchos preparados de belleza.

Entre las proyectos empresariales que surgen en el ámbito de la investigación agroalimentaria figura uno llevado a cabo por investigadores del equipo de Alfredo Rodríguez, responsable de proyectos de I+D de la unidad de medio ambiente del instituto agroalimentario Ainia , con sede en el parque tecnológico de Paterna, que transforma mermas de fruta en bioproductos de uso cosmético y que, sin duda, contribuye a descarbonizar el campo: Frutalga. Este proyecto de investigación industrial, denominado ‘Frutalga’, cuenta con la participación de Sitra (firma de servicios tecnológicos del Grupo Facsa), AVA-Asaja, IDiBE y Prospera Biotech.

Emisiones de CO2

Tal como cuentan los responsables de Frutalga, con Alfredo Rodríguez como coordinador, los sistemas de producción y consumo alimentario son responsables del 26% de las emisiones de CO2 en todo el planeta. Por eso, sostiene que «desarrollar alternativas innovadoras para conseguir ciclos de carbono más largos obteniendo bioproductos de alto valor es clave para desarrollar una bioeconomía más sostenible y circular», explica.

Cultivo de microalgas

Frutalga propone desarrollar una solución innovadora de descarbonización, viable económicamente, mediante la valorización en nuevos productos de alto valor añadido a través diferentes tecnologías.

Estas, abarcan desde el cultivo mixto de microalgas y bacterias para productos biofertilizantes, hasta nutrientes recuperados de fruta residual, así como el cultivo puro de microalgas para cosméticos elaborados con nutrientes de frutas residuales.

Los investigadores del Ainia recuerdan que el desarrollo de soluciones al problema de la pérdida y el desperdicio de alimentos -que supone el 6 % del total de estas emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global- es una prioridad para la Unión Europea.

Así las cosas, Frutalga constituye una «solución alternativa e innovadora inspirada en el concepto de biorrefinería para valorizar las pérdidas de fruta generadas en las primeras etapas de la cadena y que suponen un 22% del volumen total de pérdidas y desperdicio», aseguran desde este organismo. Además, dicha solución es especialmente necesaria para la Comunitat Valenciana dado su enorme peso del sector hortofrutícola en su estructura económica.

El proyecto Frutalga cuenta con financiación de la Agencia Valenciana de la Innovación con la ayuda del Programa Comunitat Valenciana Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) 2021-2027.

Iniciativas

También existen iniciativas empresariales en este ámbito de la economía circular. Así, la diseñadora Júlia Roca Vera ha creado una línea de cosméticos ‘no waste’ utilizando frutas que se rechazan en los supermercados únicamente por razones estéticas. Ha decidido llamar a esta línea de cosméticos ‘Lleig’, feo en valenciano, haciendo referencia al origen: los residuos. La gama está formada por cuatro productos, envasados en cilindros de cerámica y, por tanto, cuentan con la posibilidad de ser rellenados en vez de desecharlos una vez que se han acabado. Estos recipientes están diseñados para apilarse unos sobre otros.

Otras iniciativas

Desde el instituto agroalimentario Ainia se recuerda que existe una gran cantidad de desperdicios alimentarios que no son comestibles como los posos del café, los huesos de frutas y las cáscaras de huevo que se pueden aprovechar. Por eso, Ainia diseña envase cosméticos a partir de residuos orgánicos. Se trata del proyecto Urbiofin

Actualmente cada habitante genera un promedio de 0,5 toneladas de residuos sólidos urbanos por año. Alrededor del 40-50% corresponde a residuos orgánicos que contienen carbohidratos, proteínas y lípidos, que pueden servir como materias primas para el desarrollo de bioproductos. «Su valorización contribuye a reducir la contaminación ambiental y a apoyar la transición de una economía circular lineal a una renovable», sostienen desde el Ainia.

En este contexto, el centro valenciano ha desarrollado un envase cosmético a partir de un plástico obtenido de residuos orgánicos. La producción de este producto se ha conseguido mediante dos procesos biológicos: un primer proceso fermentativo sin oxígeno, que permite transformar los residuos orgánicos en sustancias volátiles. En el segundo proceso, esas sustancias han sido transformadas por microorganismos en un biopolímero. La integración de estos dos procesos permite la revalorización de los residuos, al tiempo reduce los costes de fabricación del mencionado biopolímero.

Con este componente se han realizado varios prototipos de envase para productos cosméticos que han sido testados ya por empresas cosméticas como Wella y Weleda.