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Torrent

Asfixia por el tráfico y la protección

Los comerciantes del centro histórico claman contra la ordenación del tráfico y la falta de aparcamiento y alertan de que acabará con sus negocios - Los vecinos elogian vivir allí pero critican que la conservación de inmuebles evita que aumente la población

Coches sobre la zona peatonal de la Plaça Major, con la Torre y el Nou Mercat.

Coches sobre la zona peatonal de la Plaça Major, con la Torre y el Nou Mercat. C. L.

Vivir en el casco histórico de Torrent tiene algo diferente. Sus calles y muchos de sus comercios aún respiran ese aroma al ´poble de tota la vida´, con los chascarrillos y refranes que decían los torrentinos de mitad de siglo y las conversaciones en valenciano, menos habituales en las zonas altas. Pero también el centro presenta problemas de movilidad, ausencia de plazas de aparcamiento e inmuebles deshabitados con un alto nivel de degradación.

Las últimas remodelaciones del entorno de la Torre y sus calles adyacentes han golpeado al comercio. Así lo aseguran sus propietarios. «Todas las políticas del ayuntamiento desde 1982 lo único que han hecho ha sido perjudicar al casco antiguo», sentencia Juanjo, propietario de un estanco en el Raval desde 1982. Los comerciantes apuntan al mal que afecta a sus negocios: el tráfico. «La circulación es horrible. Llegar aquí es casi imposible ya que desde la Avenida o Gómez Ferrer solo hay un acceso. Y luego aparca. Todo lo que hacen es aceras más grandes, que está muy bien, pero a costa de menos plazas de aparcamiento», critica. Pero Juanjo también habla del entorno. «No se deja construir por el tema de protección, pero hay muchas viviendas con bonitas fachadas pero mira cómo están de degradadas. En esta manzana apenas viven quince personas, y si van desapareciendo también los comercios...», lamenta.

Por este motivo, los comerciantes han presentado ante el consistorio medio centenar de instancias reclamando soluciones en materia de movilidad para revitalizar el centro histórico. Así, piden reordenar el tráfico y que algunas de las calles peatonalizadas, como Sant Cristòfol, Sagra o San Marcos, se abran al tráfico de lunes a jueves y se habiliten más plazas de estacionamiento. También exigen que las medidas que tomen desde el ayuntamiento se hagan «con sentido y consensuadas» con vecinos y comerciantes y «de forma integral», «no con parches».

Ricardo regenta una cafetería en plena Plaça Major desde hace treinta años. «El centro histórico está muerto. Y se lo he dicho al alcalde en persona. En esta acera pueden aparcar solo once coches, casi todos vecinos o los que venimos al trabajo y hasta que no se mueven los coches no se puede aparcar. A esto se suma que para llegar hasta aquí tienes que dar una gran vuelta que casi tienes que salir del pueblo y si los consigues, luego intenta aparcar. Eso repercute en el negocio. El gran mercado se ha quedado en uno de barrio, solo vienen los de la zona porque los de más lejos no vienen porque es difícil aparcar y encima hay un aparcamiento de cuarenta plazas que lleva meses cerrado. Si se quejan los comerciantes de alimentación de que la cosa va mal y comemos todos los días, cómo estaremos el resto», incide.

En cambio los vecinos no cambian nada por vivir en el centro, aunque no esconden su malestar por el tráfico y la degradación de algunos inmuebles. «Yo lo veo muy bonito y no cambio está zona por nada, pero reconozco que para llegar a mi casa tengo que dar una vuelta grandísima. Veo bien que se tenga que respetar a los peatones pero los vecinos tenemos que llegar a nuestras casas. En los últimos años han cortado muchas calles y el tráfico es muy complicado», comenta Susi, residente en la Plaça de l´Església desde hace 39 años.

Por su parte, Amparo, vecina en Cervantes hace más de tres décadas, resalta que hay gente que «sigue viviendo en el barrio y otros que querrían venir pero con tanta protección no pueden hacer la obra. Tengo una amiga que querría arreglarse una casa antigua pero como ponen tantas trabas en cuanto a las fachadas por el tema de la protección ahí esta la casa muriéndose de pena».

Mónica, vecina de Sants Patrons, mantiene que el casco antiguo «no se ha desprestigiado ni ha venido a menos. Sé de gente que pregunta por viviendas para vivir aquí porque les gusta la zona». Lo mismo opina Amparo, de 70 años. «La gente continúa viviendo aquí, está cerca del metro y el mercado. Yo no veo mal el casco histórico», afirma.

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