Cambios en Oriente Próximo

¿Qué implica que la Siria de Asad vuelva a la Liga Árabe?

Los miembros de la organización han condicionado el regreso del país al cumplimiento de una hoja de ruta con el objetivo de solucionar "la crisis"

Bachar al Asad, en una imagen de archivo.

Bachar al Asad, en una imagen de archivo.

Andrea López-Tomàs

Bachar al Asad se prepara para un momento histórico. Por primera vez en 13 años, el presidente de Siria se reunirá con otros mandatarios y ministros árabes este viernes en la cumbre de la Liga Árabe que se celebrará en la ciudad saudí de Yeda. Asad, reconocido dictador y autor de la masacre, la represión y el desplazamiento de su población durante más de una década de guerra civil, entra así por la puerta grande a la organización regional que le expulsó en 2011. Mientras los refugiados sirios critican el reconocimiento, el mandatario sirio ve en él la salida a una crisis económica asfixiante y la legitimación de su victoria en el conflicto. 

"El regreso de Siria a la Liga Árabe no cambia la necesidad de una reforma significativa en el país, ni borrará los innumerables crímenes cometidos por el Gobierno", denuncia Mohammad Al-Abdullah, director ejecutivo del Centro para la Justicia y el Rendimiento de Cuentas para Siria. Desde su exilio en Estados Unidos, Al-Abdullah expresa las preocupaciones de millones de personas cuya vida implosionó en el 2011. "La normalización solo dañará a los sirios, tanto dentro como fuera del país, mientras fortalece la capacidad de Asad para controlar y aterrorizar a su pueblo", afirma para este diario. Esta victoria mayoritariamente simbólica para el régimen consolida el papel de Asad como ganador de la guerra civil que ha forzado a la mitad de la población siria a abandonar sus hogares.

Hoja de ruta

Tanto Siria como la mayoría de los países árabes están interesados en retomar sus relaciones con aquel al que tacharon de paria. Por ello, los miembros de la Liga Árabe han sujeto el regreso a la organización al cumplimiento de una hoja de ruta con el objetivo de solucionar "la crisis". Incluye, entre otros puntos, el regreso voluntario de los refugiados, la salida de fuerzas extranjeras "ilegales" en Siria, la lucha contra el narcotráfico o la reanudación del trabajo del Comité Constitucional para redactar una nueva Carta Magna en Siria, una tarea que la ONU lleva años intentando que se realice. A su vez, buscan que Damasco permita la entrega de ayuda humanitaria "a todos los necesitados en Siria"; es decir, también en las zonas que no están bajo su control.

Aunque la Liga Árabe ha subrayado que el regreso de Siria no implica la normalización de relaciones con sus Estados miembros, muchos ya se han reconciliado con el país mediterráneo. En muchos casos, por su propio interés. "La normalización está erosionando la voluntad de los gobiernos y los votantes de acoger refugiados en sus países, y estamos viendo cada vez más esfuerzos para obligarlos a irse, como ya ocurre en Turquía o el Líbano", señala Al-Abdullah. Pero Siria ya no es la misma que dejaron atrás y, en su país natal, se enfrentarán a la amenaza de la tortura, la violencia sexual y las desapariciones forzosas. "Los sirios que regresen sufrirán represalias y persecución y descubrirán que sus hogares, negocios y comunidades ya no existen", lamenta el exprisionero sirio.

Dólares para la reconstrucción

Por su parte, Asad confía en que su retorno conlleve la entrada de un flujo de ayuda humanitaria como ocurrió tras el terremoto que acabó con 6.000 vidas sirias en el norte del país hace unos meses. La rehabilitación de Siria podría desbloquear miles de millones de dólares en proyectos de reconstrucción y otras inversiones para su tambaleante economía, apuntalando aún más al dictador. Pero las sanciones estadounidenses y europeas probablemente evitarán que los dólares de los países árabes lleguen de forma masiva a Siria. Tras más de una década de enemistad en muchos casos, se necesitará tiempo también para trabajar la confianza con el régimen. El presidente tampoco ha hecho concesiones hacia un acuerdo político para resolver el conflicto. 

El acuerdo negociado por China para restablecer los lazos entre Arabia Saudí y su rival regional Irán ha alentado a reducir los enfrentamientos indirectos en territorios extranjeros, como ocurrió en su día en Siria y sigue pasando en Yemen. Desde el exilio, muchos confían en que las potencias occidentales no sigan la estela de los países vecinos de Siria. "Aunque muchos estados árabes están dispuestos a darle la bienvenida a Assad, parece que pocas potencias occidentales planean cambiar su postura mientras se siguen violando los derechos humanos de los sirios", celebra Al-Abdullah.

"La decisión de la Liga Árabe de readmitir a Siria premia la brutalidad y traiciona a las víctimas", constata Judy Dempsey en un análisis en el Centro Carnagie. "También confirma la marginación de Estados Unidos y la irrelevancia de Europa en la región", subraya. Por ello, la decreciente priorización de Oriente Próximo y de conflictos como el de Siria por parte de la administración Biden puede acabar dejando a los sirios, dentro y fuera de su tierra, más a la intemperie.