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Las colillas salpican el mirador donde se inició el fuego que arrasó la Granadella de Xàbia

El incendio, del que ahora se cumplen tres años y que devastó 812 hectáreas, se desencadenó por un cigarrillo - Las pinadas calcinadas, la única huella del desastre

Las colillas salpican el mirador donde se inició el fuego que arrasó la Granadella de Xàbia

Las colillas salpican el mirador donde se inició el fuego que arrasó la Granadella de Xàbia

Hace ahora tres años la Granadella era un infierno. Un incendio que terminó arrasando 812 hectáreas obligaba a desalojar a miles de personas de 16 urbanizaciones de Xàbia. El fuego avanzaba sin control. Lo destruía todo. Incluso devoraba las mangueras que los cuerpos de extinción tenían que abandonar dado que las llamas se les echaban encima. El incendio comenzó la tarde del 4 de septiembre. Se originó justo debajo del mirador del Puig de la Llorença (Cumbre del Sol), en el Poble Nou de Benitatxell. Los medios aéreos apagaron ese primer fuego. Soplaba un fuerte viento y el calor era extremo. Cuando los helicópteros y aviones se habían retirado, el incendio se reavivó 40 metros más allá y ya fue imparable.

Ahora, tres años después, la huella del desastre prácticamente ha desaparecido. La regeneración ha sido espectacular. Quedan, eso sí, pinadas carbonizadas. En las laderas más agrestes, no se ha podido entrar a talar los árboles calcinados. Una de estas pinadas linda con la urbanización de modernísimos chalés de Cansalades. Contrasta el verde de los jardines y el color ceniciento de los pinos muertos.

Reverdece el paraje de la Granadella, uno de los de más valor botánico del litoral valenciano (dos tesoros singularísmos son el Convolvulus valentinus, de flores azules, y la Micremeria inodora, de pétalos rosa). Pero lo que sigue fallando es la concienciación. Aquella catástrofe se inició por una colilla arrojada en el mirador del Puig de la Llorença. Ese gesto aparentemente intrascendente de tirar un cigarrillo desencadenó una gran catástrofe natural. Pues bien, ese mismo mirador sigue salpicado de colillas. Quienes disfrutan de las espectaculares vistas no tienen reparo en tirar los cigarrillos. La acera que separa la carretera de la Cumbre del Sol de la masa forestal también está moteada de cigarrillos. Los hay incluso sobre la pinocha. Un fuego quizás hoy no sería tan devastador, dado que entonces todo se juntó (el calor era extremo, el viento fuerte, la masa forestal densísima y la montaña estaba reseca). Pero el origen del incendio, la negligencia de arrojar una colilla en plena montaña, se repite todos los días.

Tampoco hay que bajar la guardia en la rebrotación natural. Ganan terreno especies más resistentes al fuego, como el acebuche, los madroños, el lentisco, la coscoja o el labiérnago (la mayor población en la Marina Alta de este último arbusto está en la Granadella). Pero también hay lugares donde empieza a darse una alta densidad de pinos jóvenes y de aliagas, que son altamente combustibles. Las amenazas, en forma de colillas que aún colean y de la explosión de pinares proclives al fuego, no han desaparecido. Hay lecciones que no se aprenden ni grabadas a fuego.

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