Cuatro meses no son nada. En los pausados ciclos de la naturaleza, ese lapso equivale a un suspiro. Pero, tras cuatro meses, el paisaje ha cambiado extraordinariamente. El verde asoma con fuerza en las 12.150 hectáreas arrasadas por el incendio que desató un rayo el 13 de agosto en la Vall d’Ebo. Incipiente y ya espectacular, la regeneración ha borrado las cenizas. Las laderas negruzcas recuperan la vida.

El campo de tiro del Miserà, en Pego, alfombrado de verde A. P. F.

El acceso al campo de tiro tras arrasar la zona el fuego A. P. F.

Levante-EMV ha vuelto a las «zonas calientes» del incendio. Las fotografías de cuando las montañas ardían y humeaban contrastan con las tomadas ahora. Los palmitos (margalló) tienen todavía el tronco negro como un tizón, pero han echado verdes hojas. La capacidad de supervivencia de estas palmeras autóctonas es sorprendente.

La ladera que baja hacia Pego A. P. F.

La misma vertiente cuando todavía humeaba por el fuego y estaba carbonizada A. P. F.

A esta precoz regeneración ha contribuido de forma decisiva la lluvia. Ya fue providencial el chaparrón que ayudó a apagar las llamas.

El otoño ha sido de elevada pluviometría en estas montañas. También se han sucedido los días de lluvia horizontal: las nieblas y la humedad que entra desde el mar. El efecto positivo es que la montaña reverdece. El negativo (sobre todo cuando las precipitaciones son torrenciales), que las laderas más descarnadas, en las que no hay muros de «pedra seca» o se han desmoronado, se produce erosión y se agrava la pérdida de suelo.

La ladera que desciende a l'Atzúbia tapizada de verde pese a que aquí la erosión es muy acusada A. P. F.

La ladera que baja a l'Atzúbia a las pocas horas de quedar devastada por las llamas A. P. F.

Otras especies vegetales como el acebuche (ullastre) resistieron y ahora recuperan vigor. Los olivares también frenaron el avance del fuego y ahora estos campos están alfombrados de verde.

Una furgoneta y una construcción agrícola que están junto al vial de Vall d'Ebo a Pla de Petracos A. P. F.

La misma imagen en un paisaje lunar y desolado A. P. F.

Quizás el paisaje más ceniciento es el de las pinadas totalmente carbonizadas. Algunos pinos muestran acículas verdes y renacerán. Pero hay miles y miles de estos árboles que son negros esqueletos.

Una antigua construcción en ruinas en la Vall d'Ebo A. P. F.

La misma imagen pero tomada hace 4 meses: paisaje ceniciento y devastado A. P. F.

Estas montañas han cambiado radicalmente en cuatro meses. La capacidad de regeneración de la naturaleza es asombrosa.