04 de junio de 2010
04.06.2010

La nación de las flotillas

04.06.2010 | 07:30

Matías Vallés

El Tribunal Constitucional lleva cuatro años debatiendo si Cataluña es una nación, con la misma estéril insistencia que cualquier tertulia de bar sobre y contra «los catalanes» —Madrid adora a los vascos, su problema es la rivalidad personal con Barcelona—. El Estado puede sobrevivir al descrédito de una institución axial, pero su estabilidad peligra si el efecto dominó arrastra a entidades irreprochables como la Real Academia de la Lengua, que ha decidido sumarse al desprestigio que contagia el Estatut.
En su caso, jugueteando con las acepciones del término «nacionalidad». En la versión vigente del Diccionario se establece como «condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación». Sin embargo, esta definición desaparece de la próxima edición.
La supresión ha escandalizado a los partidos nacionalistas, porque ahora se privilegia la acepción de nacionalidad como «condición de pertenencia a un Estado», para desmarcarse así de las nacionalidades históricas. O naciones históricas. La Academia admite un error sin sesgo político —como el Constitucional—, que debía desaparecer de su página web antes del verano, si bien el nuevo escalafón brillaba ayer esplendorosamente inmortalizado en el sitio oficial de la RAE.
Como de costumbre en las trifulcas acentuadas, el verdadero error difiere del reivindicado. En ambas ediciones del Diccionario consta la acepción de «comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una especial identidad histórica y cultural». Sin embargo, el aval máximo no es estatutario, sino constitucional, y por tanto intocable. En un alarde de sinceridad, la Academia debería asumir la definición de nacionalidad como «subterfugio para eludir el término nación». En fin, no todo son aciagas noticias para el castellano. La flotilla es otra palabra hispana que se ha incorporado orgullosa al acervo universal. Domina la prensa mundial, brinda el maldisimulado placer de contemplar a los locutores anglohablantes tropezando con la elle, que es letra y no mero dígrafo, diga lo que diga la próxima edición de la RAE.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine