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Dilema de tronos

Desde hace una semana, la gente se divide en dos grupos. No, no depende de si te alegras o no de la eliminación temprana de la Selección, y no, tampoco me refiero a si eres monárquico o republicano. La división, mucho más irreconciliable que esas dos, es la que se establece entre quienes leen Canción de Hielo y Fuego, la saga literaria de George R. R. Martin, y quienes son solo seguidores de la serie de HBO Juego de Tronos. Los segundos, normalmente, no conocen el verdadero nombre de la saga. ¿Y por qué esta división tan evidente en torno a una serie que, normalmente, consigue poner de acuerdo a todo el mundo en lo que a alabanzas se refiere? Por el final de la cuarta temporada.

No haré aquí adelantos injustificados de la trama. Aprecio mi vida. Pero sí diré que esa división viene determinada por el último episodio de la cuarta temporada, que ha mantenido un nivel soberbio.. hasta el final. O al menos eso nos ha parecido a quienes hemos leído los libros, que hemos echado de menos varios eventos en el último capítulo que habrían hecho que Twitter, la blogosfera y las conversaciones de bar no hablaran de otra cosa durante meses. Quienes se acercan a la saga desde la serie, y a quienes acogemos en nuestro seno no sin antes lanzar una mirada condescendiente y paternal mientras advertimos «no sabéis lo que se os viene encima», disfrutan de un episodio redondo, con un final épico y con tres momentos „uno con Daenerys, otro con Bran y otro con Tyrion„ geniales.

Sea como sea, esta «ruptura» en la base de seguidores de Juego de Tronos se habrá olvidado cuando vuelva la serie, allá por 2015, y estemos todos ávidos y necesitados de más aventuras de los personajes grises que dibujó Martin. Mientras unos esperarán la serie, otro haremos lo mismo con el sexto libre. No está mal como dilema.

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