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El rey del tiempo

Merkel felicita a Rajoy porque tiene la piel de elefante. O sea, muy resistente. Pero la dermis de Rajoy es resistente porque está hecha de tiempo. Y porque más que recorrerlo, él lo encarna. Es un ente inmóvil que desata corrimientos en las otras fuerzas por pura desesperación.

Y es mucho más sensible a los cambios de lo que se cree. Lúcido y perspicaz, se ha dado cuenta de que España se mueve hacia la izquierda, lo que deja a su partido a tiro de piedra del centro.

Todo es cuestión de latitudes. De dónde se sitúe el centro de gravedad político. Y en estos tiempos, de qué lado soplen los vientos del populismo. En Francia, por ejemplo, ese centro "está más a la derecha que nunca", según dijo ayer Fillon, el favorito en las primarias del centro-derecha.

En España, no. El escoramiento del país hacia la izquierda, que iba a darle la centralidad política a Podemos, le ha regalado a Rajoy un centro-centro que sólo necesita compartir con Ciudadanos. Y, de paso, un inesperado proyecto de renovación, aunque no vaya a haber primarias.

Eso también ocurre porque su gran rival, el PSOE, soporta un continuo centrifugado. Una parte se ve arrastrada por la estela de Podemos y la otra, la que ahora gobierna Ferraz, por la contraria. De esa división quiere obtener réditos el presidente del Gobierno. Pero sin moverse, simplemente ocupando un espacio que sus políticas habían dejado vacío.

Y lo mejor de todo, para Rajoy, es que se trata del espacio político más cotizado, el espacio no-populista, el no-sujeto a los vaivenes de los provisores de recetas fáciles para problemas complejos.

Firmemente asentado en él, y con unas cuantas caras nuevas (o más jóvenes) en la ejecutiva, el líder del PP podrá sopesar en primavera la convocatoria de elecciones. Mientras tanto se permite ofrecer a la izquierda pactos sobre políticas sociales, e incluso no ve con malos ojos algunas propuestas de Podemos.

Es el premio a la resistencia. De la reina de Europa, al rey del tiempo.

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