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Plata argentina desparramada por el mundo

Eso de que el dinero no tiene patria parece una verdad inamovible. Para muestra más reciente, los ministros del Gobierno argentino, que mantienen casi la mitad de sus fortunas fuera del país.

En 2012 Cristóbal Montoro decretó una amnistía fiscal en España -tercera de la Democracia- que repatrió 40.000 millones de euros. Los papeles de Panamá dejaron al descubierto la existencia de cuentas en paraísos fiscales y fondos opacos pertenecientes a particulares y empresas españolas y la opinión pública, aparentemente curada de espantos económicos, reaccionó con contundencia ante estos comportamientos poco ejemplares.

Al otro lado del charco otra amnistía fiscal promovida por el presidente Mauricio Macri, ha logrado rescatar la cifra récord de 116.000 millones de dólares de los más de 300.000 en los que se estiman los "ríos de plata argentina" que se encuentran a buen recaudo en el exterior.

Un informe del diario bonaerense La Nación revela que los ministros de Cambiemos, el partido que en 2015 relevó en el poder al Kirchnerismo, tienen el 43 por ciento de sus cuantiosos capitales fuera del país. El esperpento llega al punto de que los líderes de esta "evasión" legal y a lo que se ve, no demasiado inmoral a ojos del pueblo, son, además del propio Macri, que en su última declaración jurada admitió tener más de un millón de dólares en Bahamas, que finalmente repatrió, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger y el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, miembro de una familia de inversores inmobiliarios que tuvo relación comercial con los Trump y dirigía una consultoría antes de dejarlo todo para incorporarse al Gobierno. El más rico del Gabinete es el jefe de la Agencia Federal de Inteligencia, Gustavo Arribas, ex representante de futbolistas, que hizo su fortuna en Brasil, donde conserva ocho inmuebles.

¿Cómo puede prosperar un país del que sus propios líderes desconfían? La gran pregunta que se hace la prensa internacional tiene, al menos, una respuesta clara. En Argentina, igual que en el resto de los países de Latinoamérica, la clase media ahorra en dólares americanos que guarda bajo el colchón. Las capas altas tienen el dinero a buen recaudo en bancos estadounidenses o europeos. Son los que pasan las Navidades, puentes y fines de semana en Miami o Palm Beach.

Son comportamientos perfectamente acoplados en la vida diaria de gentes acostumbradas a corralitos y vaivenes políticos. La cosa viene de lejos. Muchos cubanos huidos del castrismo ya tenían propiedades y cuentas en el exterior, lo que les permitió empezar de nuevo o continuar con un alto tren de vida. Los venezolanos pudientes escapados del chavismo también han realizado cuantiosas inversiones en Miami, Nueva York o Madrid.

Así que lo que ocurre en el país austral es una muestra más de esas costumbres arraigadas, que a la vez que socavan al país también fomentan la falta de oportunidades para los estratos más bajos. Eso por no hablar de la lamentable imagen internacional que se proyecta. Una posible solución sería cambiar la normativa e ilegalizar esas gigantescas fugas de plata invertida en bonos de Wall Street o encerrada en bancos suizos y luxemburgueses.

Tras más de dos años en la Casa Rosada Macri no parece dispuesto a promover transformaciones de calado. Si los ricos argentinos consideran que su patrimonio está más seguro fuera es que algo grave está pasando dentro.

En los años de Cristina Fernández de Kirchner los "evasores" alegaban falta de confianza en el régimen político. No les faltaba razón. Ahora se buscan otras disculpas. Por cierto, los miembros del anterior gobierno se fueron del poder mucho más forrados de lo que llegaron. El dinero y la política van de la mano, a derecha y a izquierda.

Mientras, el déficit argentino crece a un ritmo vertiginoso, aunque no tanto como al que se reproducen esas grandes fortunas, inalcanzables, como las llanuras de la Pampa. Por cierto, y ya puestos a destripar, parece que España tampoco es un destino muy codiciado para esos fondos clandestinos, aunque legales. Sólo a la ex canciller y actual asesora, Susana Malcorra, se le imputan cuentas en España.

Al menos, la madre patria se convierte en el mes de agosto en la catedral del polo, deporte nacional argentino que cada año desembarca en Sotogrande de la mano de los mejores polistas del mundo, integrantes de la llamada "armada argentina". Pero en esas tardes de bocha, petiseros y gyn tonic no se habla de dinero, tremenda ordinariez.

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