08 de diciembre de 2018
08.12.2018

El amor que siento por la vida

08.12.2018 | 20:34
El amor que siento por la vida

Las cosas que pensamos hacer, son las cosas que deberíamos estar haciendo. Llega un momento en la vida que comenzamos a apreciar el presente sin tener en cuenta el futuro. El futuro es la labor rabiosa del presente. Pero, toda línea que se aleja es una fuga, un elemento de decoración del infinito.

A través de la complacencia de la ilusión empezamos a disfrutar de la inmortalidad: el futuro. -Vaya futuro que te espera... ¿Mañana estarás vivo? ¿Me lo puedes asegurar? -Bueno estaba y se murió... Por lo tanto, humilde opinión, me parece desproporcionado decir semejante frase a una persona.

El error más grande de la sociedad moderna es no instruir al hombre sobre la muerte. El hecho está ahí... Hemos construida una sociedad culta pero poco pensante. Los eruditos modernos no hablan de la muerte. ¡Ni Dios compraría sus libros!
Hoy soy viviente, mañana no le sé...

Hay personas que necesitan ser reverenciadas continuamente; en caso de no ser así, se sienten despreciados. Comprender el concepto desprecio, es difícil, normalmente tenemos una percepción de nosotros muy superior a la real. Pensamos que nuestras cualidades deben ser elogiadas continuamente, la alta opinión de uno mismo exige preferencia y atención. Los débiles, se incomodan ante la cualidad ajena, y los menos débiles, ven en la circunstancia la contradicción de alguna de sus razones.

La atención se reclama de muchas formas: con suspicacia, con malhumor, con frases trágicas, con amenazas... A la atención le gusta exagerar todo, se siente sosegada entre la palabra y la mirada. Nos alteramos demasiado al pensar que un descuido es indiferencia, y no contentos, a veces confundimos gracia con burla. No, amigo no, lo que tu llamas desprecio es desgana de hacerte la pelota, de niños buscamos atención por medio de las rabietas... La soberbia es hija de la ambición y se encoleriza al no acaparar la atención ajena. ¿Desprecio? No, no es desprecio mirar de reojo al ególatra, al hombre que padece delirios de grandeza, al que desdeña las virtudes ajenas y sólo ve las propias. Es salud mental.
El humor es un estado de ánimo. Las personas con buen sentido del humor, se acercan a sus semejantes, sin el endurecimiento del prejuicio y no presentan signos de condicionamientos. Suelen ser ellos mismos, son jardín de hierba fresca, estrella con cuerpo y universo de ironía.
Al acercarnos a personas con sentido del humor sentimos la noble palpitación de la sonrisa. La alegría no trabaja en vano, desembarca en puertos hundidos y hace flotar a barcos y marinos. En la virtud del humor está la palabra impronta, el acto desfasado y la frescura de la vida.
A menudo pienso en los privilegios del amor. Sí, el mismo que lo transfigura todo. Por suerte o por desgracia, en los tiempos que corren, parece que enamorarse es signo de debilidad. Lo sé, comprendo que es más fácil calentar la entrepierna que el corazón.
El enamorado antes de amar con el ser, ama con el pensamiento. Primero conquista a la imaginación y después al amado/a. ¡Vaya batalla!
La noche es ensoñadora, no sólo excita a la prosa, también es razón para el deseo. Las camas son fuego constante mientras se comparten, pero en soledad muchas noches tienen aspecto de fosa.

Me gustaría poder confesar el amor que siento por la vida, proclamar a los cuatro vientos las alegrías del corazón, pero el cerebro me advierte y me sostiene. ¡Maldita razón!

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