26 de diciembre de 2018
26.12.2018
TELEVISIÓN

Cómo no suspender química

26.12.2018 | 04:15

Así como la física, en contra de la definición del astrónomo británico A. S. Eddington, es algo más que lo que contienen los libros de física, podríamos decir que la filosofía no es exactamente lo que vemos en la serie «Merlí», las matemáticas son un poquito más complejas que las que descubre el pato Donald en su viaje al país de las matemáticas, la historia tiene más chicha que la que muestra la divertidísima serie «El ministerio del tiempo», la paleontología no se reduce a la obsesión por los dinosaurios de Ross Geller en «Friends», la biología no consiste en un viaje alucinante a lo largo del sistema circulatorio de un ser humano como el que realizan los miniaturizados protagonistas de la novela de Isaac Asimov inspirada en la película de Richard Fleischer y de la economía ni hablamos porque, la verdad, ya es una rama de la literatura. Pero sí hay una disciplina que podemos definir con absoluta precisión, rigor y sencillez. No es la física, ni la filosofía, ni las matemáticas, ni la historia, ni la paleontología, ni la biología, ni la economía. Es la química.

¿Qué es la química? Química es lo que hay entre Humphrey Bogart y Katherine Hepburn en la película «La reina de África» («Días de cine clásico», La 2). Química es el cruce de miradas entre Charlie y Rose cuando el capitán del barco alemán les casa antes de que sean colgados por espías (atención, destripe: Charlie y Rose se salvan de la horca en el último momento). Química es el ruido de la «Reina de África», la destartalada embarcación de Charlie, y la canción que Rose y Charlie cantan antes del «The End». Química es la barba de Charlie y el pelo despeinado de Rose. Química es el viaje de «La reina de África» entre las aguas turbulentas del río que conduce al lago Victoria, y la lluvia que empapa a Charlie antes de que Rose le permita resguardarse a su lado. Química es todo eso. Así de sencillo. Ya puestos, podemos decir también que la química navideña, esa rama de la química que llena la pantalla del televisor de galas con confeti y de irreales discursos reales, es la maravillosa, conmovedora y absolutamente emocionante secuencia final de la película «¡Qué bello es vivir!». ¿Quién puede suspender química después de reír con Rose y Charlie y llorar con George Bayley?

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