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Migración, reto mundial

Un gran desafío mundial de este siglo, y al que debemos enfrentamos en la actualidad en este mundo globalizado en el que vivimos y del que hacemos alarde, es ser capaces de dar respuesta al movimiento migratorio, específicamente al irregular, porque es uno de los asuntos de mayor relieve en su dimensión no sólo nacional y europea sino mundial. La migración no es un fenómeno nuevo en nuestra historia, lo que sucede es que a lo largo de la misma se ha producido por diversas causas. Sin embargo, ahora el motivo es inequívoco, las condiciones de extrema pobreza y la violencia en sus lugares de origen obliga a muchas personas a salir en busca de un futuro mejor.

Las cifras que nos ofrecen los gobiernos y organismos públicos sobre las personas que intentan atravesar las fronteras, y sobre las que mueren, y de éstas, las que son niños, mujeres, etc€, son escalofriantes. Según la ONU desde el año 2000 han muerto más de 60.000 migrantes, este hecho hace que nos sintamos abrumados, y que nos demos cuenta con toda su crudeza de que se trata de personas y no de números.

Precisamente, por eso hay que dispensar a los migrantes una adecuada protección y garantizarles sus derechos y, por supuesto, luchar contra el tráfico de las personas. No se debe ni se puede permitir la existencia de las mafias, lo que requiere una actuación conjunta dentro de una política global, con proyección de futuro y que se base en la solidaridad.

El pasado mes de noviembre en Marrakech se firmaba (¡más vale tarde que nunca!), por más de 150 países, entre ellos España, el primer Pacto Mundial para la Migración de la ONU. Se pretende establecer un trabajo conjunto de cooperación internacional, fijando 23 objetivos para una migración, como indica el pacto, segura, ordenada y regular. Sin embargo, la desvinculación inmediata de países como Italia, Austria, Hungría y Estados Unidos, unida al hecho de que no es un tratado ni un documento vinculante, disminuye el optimismo ante su eficacia. Se trataba según palabras del secretario general de la ONU, de una «hoja de ruta para prevenir el sufrimiento y el caos».

Mientras tanto, en el sur de Mexico, un país de paso por su situación geográfica, por cierto como el nuestro en este sentido, está una de las fronteras más transitadas del mundo, ruta habitual para cualquier migrante en dirección a los Estados Unidos. El hacinamiento de cubanos, africanos, haitianos, salvadoreños y hondureños en la estación Migratoria de Siglo XXI de Tapachula en Chiapas, ha creado un colapso migratorio sin precedentes en esa zona geográfica. El motivo es el cambio de la política de puertas abiertas que anunció a principios de año López Obrador, por una política de contención por la que desde el pasado mes de marzo se ha suspendido el trámite migratorio en dicha zona. Además, entre enero y marzo de este año se han devuelto más de 39.000 personas por tener condición de estancia irregular, según informa la Unidad de Política Migratoria del Instituto Nacional de Migración.

Y en el norte, en la frontera con Estados Unidos que tiene una extensión de 3.145 km se ha puesto en marcha una de las propuestas estrella de la campaña de Donald Trump, la creación de un muro fronterizo que comienza con la construcción de 92 km de muro de 5,5 metros de alto en los sectores fronterizos de Yuma y el Paso, financiado con los primeros 1.000 millones de dólares que el Pentágono ha autorizado. Pero no nos engañemos porque la barrera fronteriza ya existe desde hace tiempo.

En Europa con base en los artículos 79 y 80 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, se desarrolla una política de inmigración global para todo el territorio dividida en dos líneas de actuación. La dirigida a regular la inmigración legal, que ha servido y sirve para paliar el déficit de población que tenemos, y la destinada a impedir la inmigración irregular empleando medidas eficaces de retorno respetando los derechos fundamentales que acoge a los migrantes.

Y ello, con la aplicación del principio de solidaridad que establece el Tratado de Lisboa para las políticas de inmigración y reparto equitativo de la responsabilidad entre los estados miembros. Reparto que ha producido considerables desencuentros entre los países de la Unión Europea porque, desde mediados de 2017, ha repuntado la migración clandestina al convertirse nuevame

nte el Mediterráneo occidental en la vía de entrada de irregulares en Europa tras quedar bloqueada la ruta Libio-italiana y la Sirio-griega.

En nuestro país, según los datos del Ministerio del Interior, de enero a abril se ha producido un incremento de la migración irregular de algo más el 51% respecto al mismo periodo del año 2018, aumentando las llegadas por vía marítima y disminuyendo las de la vía terrestre.

Es obvio que el problema de la migración se genera en los países de origen, no en vano López Obrador planteaba a los Estados Unidos la urgencia de que se apoyara el desarrollo en los países hermanos de Centroamérica. Pero también es obvio y lícito buscar un futuro mejor.

Aunque referido a la cita electoral que tenemos dentro de dos semanas, Elige tu futuro, es el lema de la Unión Europea para este año 2019, el mismo debería ser la consigna permanente para todos los ciudadanos del mundo sobre el derecho de los migrantes a su futuro. En nuestra mano está.

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