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Billete de vuelta

Los humores de Rivera

Los giros imprevistos de Albert Rivera tienen sumido en el desconcierto a su electorado y descolocados a los sesudos analistas, que escrutan sobre la pantalla del ordenador las vísceras de un cuervo al clásico modo para discernir de dónde proceden y adónde conducen los cambios de humor del líder de Ciudadanos. Lo que era negro ha tornado blanco para el partido naranja, ante el temor de quedar por detrás de los morados, a la vista del riesgo previsible de los mordiscos de los azules y de los rojos a su trozo de pastel electoral, por un lado y por el otro.

En los primeros años de la restauración democrática, este país era mayoritariamente de centro, seguramente por el temor atávico a los excesos de los extremos. Cuando el invento centrista de Suárez se fue a la tumba sin repartir la herencia entre los herederos, que se disputaban rastreramente la túnica del mesías, la tajada centrista se convirtió en apetitoso bocado para la izquierda y la derecha. Sin siglas identificativas del centro político se impuso el bipartidismo.

Cuando el mensaje centrista consiguió resituarse, a Rivera empezó a poderle la ansiedad. Quiso adelantarse a su tiempo y apostó todo el capital de su partido a caballo ganador sin entender que antes de alcanzar la calle principal del hipódromo hay que tener mucho prado pisado al trote. O sea, que si no ha llegado tu momento, lo mejor es conformarse con ser bisagra. En ese escenario se produce su oferta de apoyo al PSOE tras el "no es no" de meses atrás. A ver cómo lo explica y quién lo entiende.

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