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Plantó árboles, sembró mentes

Yo siempre he dicho que mi secreto es que me gusta mucho lo que hago». He querido empezar esta semblanza de Margarita Salas con una cita suya que expresa una de las claves de ser un buen científico, el amor por el trabajo bien hecho y el disfrute de lo que se consigue. El CSIC, es verdad que pierde a una de sus mejores científicas, pero no quiero que estas líneas sean de desesperanza, sino más bien de un sentimiento de gratitud, y de cariño a una persona entusiasta, trabajadora, maestra de grandes discípulos, lo que demuestra su impronta. Para el CSIC es un orgullo que Margarita haya compaginado su labor de científica, educadora, maestra, mujer entrañable y acogedora, impulsora y protagonista de mejorar la visibilidad de la mujer en la Ciencia. Hemos disfrutado de su trabajo en el Centro de Biología Molecular, de su sabiduría y de su amabilidad y compromiso con la ciencia en España.

En estos momentos, quiero resaltar estas facetas de Margarita. Por supuesto, es imposible resumir los logros a lo largo de su carrera y su liderazgo en Biología Molecular y Biotecnología en España.

A lo largo de su trayectoria, ha conseguido numerosos reconocimientos, pero, sí destacar su carácter pionero para tantas de nosotras que nos dedicamos a la ciencia en nuestro país: una de las primeras investigadoras en ingresar en la Academia de las Ciencias de Estados Unidos, y en nuestra Academia de la Lengua, es sin duda, la científica, cuya patente ha sido reconocida por la Oficina Europea de Patentes y la patente más rentable del CSIC ,y recientemente, la medalla Echegaray por la Real Academia de Ciencia Exactas, Físicas y Naturales y la mejor inventora de 2019.

Una científica rigurosa que siempre recordaba a su maestro, Severo Ochoa, que le enseñó la necesidad del rigor experimental en ciencia. Margarita, también era una adelantada en ver la importancia que tiene la comunicación de la ciencia y defensora del papel que tienen que desempeñar los investigadores en transmitir a la Sociedad los avances científicos.

«En España hay una buena calidad de investigación, pero nos falta cantidad». Implicada también en la necesidad de aumentar la inversión en la ciencia y en saber que cualquier país necesita de los avances científicos para crecer.

«Plantar árboles y sembrar mentes», según decía Ramón y Cajal, y la doctora Margarita Salas ha plantado muchos árboles y seguirá sembrando mentes, porque siempre estará en nuestro recuerdo.

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