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anton costas

Presencia y actualidad de Lluch

Su pensamiento político sigue siendo una guía para afrontar los desafíos del siglo XXI

¿Por qué Ernest Lluch sigue tan presente en la memoria colectiva de tantos españoles, más allá de la ideología y del estatus social y económico de cada uno? No puede ser únicamente por el fuerte impacto emocional que provocó su asesinato. Si no hubiera nada más, su recuerdo se habría diluido. Su presencia es tan viva y actual porque sigue siendo un referente para comprender y tratar de cicatrizar heridas políticas que aún perviven. Pero también porque su pensamiento político sigue siendo una guía para afrontar alguno de los grandes problemas del siglo XXI.

Mucha gente joven que no lo conoció y carece de memoria de aquellos años de pólvora y fuego se interesan por su persona y el porqué de su asesinato. Uno de ellos, Gerard, el joven propietario del quiosco donde diariamente compro la prensa, amablemente, buscando no reavivar rescoldos de dolor ni la confrontación ideológica, me dijo si me podía preguntar por qué lo mataron precisamente a él, ya que no acababa de comprender la lógica política que estaba detrás de su asesinato.

Todos los asesinatos que cometió la banda terrorista ETA son condenables y deleznables. A veces se dice que sus acciones eran una sinrazón política, como si pudiera haber asesinatos justificables desde la razón ilustrada o desde una determinada ética política. Pero no hay ninguna idea política, por muy patriota o liberadora que pueda parecer a sus defensores, que justifique la muerte de una sola persona. Los asesinatos de ETA no fueron el resultado de la sinrazón política, sino la expresión de la degradación moral a la que todas las ideologías totalitarias arrastran a sus militantes y simpatizantes.

El asesinato de Lluch no respondió a la estrategia de terror y miedo colectivo que practicó ETA con asesinatos indiscriminados para forzar a las instituciones democráticas a ceder a sus pretensiones totalitarias. Su asesinato fue selectivo, dirigido a sacar de en medio a un intelectual comprometido con la libertad y con el diálogo político, cuya voz era una denuncia de la estrategia de tierra quemada de los totalitarios.

Fue esta defensa de la libertad y el diálogo frente a todos los autoritarismos lo que mantiene la memoria de Lluch tan viva en la sociedad española. Pero, más allá, su vigencia viene también del hecho de que su pensamiento social y político sigue siendo un faro para afrontar algunos de los grandes problemas de la actualidad.

Ernest defendió un socialismo pragmático, liberal y humanista, muy poco ideológico y estatal. En un texto manuscrito con su característica, elegante y precisa caligrafía escrito en un folio de su departamento de Historia e Instituciones Económicas y firmado el dos de enero de 1999, Lluch dejó lo que considero que es su manifiesto político. Déjenme que lo comparta con ustedes:

“El socialismo es llevar la máxima libertad y la máxima fraternidad posibles a las personas que viven en sociedad. Para lograrlo no es suficiente con políticas públicas, sino que es necesario también que paralelamente cambie la moral y la ética de las personas. Pienso que hemos de hacer nuestros los valores del cristianismo humanista. Hemos de incorporar el valor del compañerismo de los trabajadores a la tarea y a su organización autónoma. Nos ha de vertebrar la ética del trabajo y de la tarea bien hecha. Hemos de esforzarnos colectivamente para que desaparezcan los flagelos y causas de la desigualdad: el miedo a la enfermedad sin asistencia, la vejez sin recursos, el no poder estudiar si se tienen condiciones y ganas. Queremos también que la formación de las personas nos permita disfrutar del ocio de una manera creativa y enriquecedora. Hemos de hacer todo esto extendiendo nuestra mirada a la cercanía, pero mirando a todo el planeta que queremos conservar y en el que la inmensa mayoría viva en condiciones y en una libertad que es un fin en sí misma”.

Por defender la libertad como un fin en sí misma, los totalitarios le asesinaron.

Los jóvenes y los no tan jóvenes que quieran interesarse y profundizar en el pensamiento y la obra política e intelectual de Ernest Lluch tienen dos buenos instrumentos a su mano. Por un lado, la excelente biografía de Joan Esculies, Ernest Lluch. Biografía de un intelectual agitador (La Magrana). Por otro, el archivo digitalizado y los libros y documentos publicados por la Fundació Ernest Lluch, que tiene su sede en Vilassar de Mar, la villa marinera en la que nació el 21 de enero de 1937.

*Economista

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