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Hace un año y justo después de este puente que empezamos entre incertidumbres, esperanzas, temores y la certeza de que bastante suerte tenemos de estar como estamos, pues aquí estamos, aunque en un año hayamos enterrado tanta seguridad como aprendido que el futuro golpea en un segundo como un látigo, me quejaba sin embargo, querido lector y hoy lo lamento. Acababa de volver de Milán, atestada de turistas, arte, alegría, compras y glamour. Volvía agradecida y feliz, como vuelve el viajero que ama la ruta a lo desconocido, mas también con la ingenua creencia, incompatible con la madurez, de que el bienestar, la seguridad, la diversión, la opulencia de este mundo desarrollado y el acceso a los bienes que son un lujo eran algo intocable, perenne y garantizado, y que los molestos peajes que hubiera que pagar por ello sobraban. Tenía todo el derecho a poner a caldo a los responsables de las pequeñas incomodidades.

Volví echando pestes de las aglomeraciones en las galerías, en las rutas por la ciudad, en los museos, en la Ópera, en los restaurantes, en el Duomo y sobre todo en los aeropuertos. Ahora pienso qué boba fui, pero en aquel momento me sentía cargada de razón. Nada hacía presagiar que 2020 iba a ser un año tan brutal. Que el mundo iba a sufrir el asedio del mal de un modo tan inesperado, abultado, injusto y prolongado.

Hoy no hay puente que viajar. Los aeropuertos son desiertos. Milán sufre como sufrimos todos. Sus alegres calles, preciosos edificios, elegantes boutiques, lujosa arquitectura, recónditos o poblados museos, su Duomo irrepetible y su emocionante Sagrada Cena siguen ahí, heridos en su esencia, sin visitantes ni aglomeraciones incómodas pero vivas. En todo el mundo y España lo sufre bien, se ha detenido la hora de la fiesta. Y ahora que llega la Fiesta con mayúscula, esperamos sin planes, viviendo el presente, aliviados de seguir aquí aun con el lío de allegados, convivientes y unidades familiares. La pandemia pasará. Y una que conoce la naturaleza humana prefiere pensar que habremos aprendido algo de ella.

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