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Esmeralda Marugán

¿Libertad?

¿Libertad?

   Un día te contratan, otros te despiden, y a menudo sin pasar demasiado tiempo entre lo uno y lo otro. (En algunas profesiones sin premio, ni castigo, ni convenio colectivo…). 

Incluso a veces, por las mismas razones, suceden ambos, y contradictorios, hechos. Yo de eso sé, y no poco, fundamentalmente en términos amorosos, y me da que no es muy diferente en mi trabajo de periodista. 

La excusa, incluso la razón, puede ser la redacción de un “titular" o "el rotulado", sin más, o nada menos, que similares movimientos, es decir tanto a la llegada, como a la salida. Lo que existe, claramente, es una persona con derechos laborales vulnerables. En este oficio, se dice "matar al mensajero", aunque el fin, simplificando, sea por el mensaje. 

La raíz del problema (salvo para el interesado) no está en el despido, la sustitución, o el haber sido elegido persona de confianza, o dicho más coloquialmente "a dedo”, sino el hecho de tengamos que depender de "otros", cuyos criterios selectivos no suelen estar basados en lo estrictamente profesional, y en lo público, "los otros”, son los políticos que gobiernan, sean del partido que sean, tanto a nivel local, autonómico como nacional. 

Lo que menos me gusta de esto es que, casi siempre, ELLOS, y añado TODOS, dependen más de los que les financiaron sus campañas electorales, que de sus votantes y programas. 

Particularmente, lo que pido es, simplemente, que no lo olvidemos a la hora de ejercer el derecho al voto de la magnificada democracia que tenemos, y es que lo que me indigna es la hipocresía, y la falacia de la independencia, que es un claro manifiesto de hacernos "comulgar con ruedas de molino", que diría Rosa, mi abuela materna. 

Con este rodeo vengo a expresar mi lamento por el cese del compañero Bernat Barrachina, de la empresa que será siempre mi referente laboral, RTVE, sin que me causase demasiada sorpresa, ni considere acertada, demagógica, o correcta la comparación de la nieta, con el abuelo. De hecho, soy de la opinión de que, sean quienes sean los progenitores, los menores deberían de ser absolutamente "intocables" en todos los sentidos, físicos o metafísicos. 

Lo que estoy es cansada de "cortinas de humo", con los añadidos que le han seguido, para demonizar al redactor, que como he dicho al principio, era el mismo cuando le dieron la responsabilidad, que al quitársela. 

Sería muy obvio si dijera que "con la monarquía hemos topado", y plagiaría otra de esas frases históricas de nuestra literatura. Pero hoy no quiero enredarme con Pancho, ni quedarme en El Quijote, y sí ir al duelo entre el equilibrio y el poder, entre el "a la morada" y "el amarillo/rojo" del actual gobierno, y sin pensar que la mezcla implique inestabilidad democrática, ni lo contrario, es decir: realidad y punto...Y considero que es necesario, y fundamental, el aprendizaje, la sensatez, y la escucha, para dirigir la nación entre muchos pocos. 

Cada uno juega sus cartas, las que yo aprendí de mi carrera, estaban basadas (antes de que fuéramos "contertulios”,” experto/as", "monsergadores", jueces del infinito, etc.…) en preguntar. Y me pregunto si, por el mismo hecho, le hubieran rescindido su contrato, de no haber sido en medio de la campaña electoral de las elecciones catalanas… 

Y Bernat, ¿rotularía hoy lo mismo? Mi curiosidad, que no para. ¿Y qué hubiera escrito la periodista Letizia Ortiz Rocasolano en 1995, de dársele el caso? ¿Es que acaso son malos tiempos para la libertad? 

A tenor de algunas sentencias judiciales, cuanto menos, no son buenos, son nefastos. 

No soy seguidora de Pablo Hasél, no me parece buena su música, (si es que hace música) y sus letras no me suenan a poesía, ni a canción, ni me gusta su talante. Tendrá talento, seguro, pero yo no lo sé apreciar, y además mi militancia política, religiosa, y personal, me hacen estar absolutamente en contra de cualquier ¨exaltación del terrorismo¨. Pero, como conocedora del terrorismo de género, encuentro un gravísimo agravio comparativo al que se aplica a sus "canciones", con otras muchas de las que se enmarcan en el género "reggaetón", e incluso alguna de otras melodías. 

Basta con escuchar a Ñengo y Dálmata en "Mujeres talentosas", Jigdy Drama en "Contra La Pared", Luigi J. Álvarez, en "Eso en cuatro no se ve", a Maluma en ¨Cuatro Babys¨, (por solo citar una), e incluso a Alejandro Sánz y Jesse& Joy en aquel tema del que, pese a no recordar el nombre, no olvido una de sus frases "es muy tarde para echarse atrás…" 

Y por enlazar con el principio, me vienen a la mente algunos lamentables titulares, y tratamiento, en el que se normaliza cuando se habla de "la muerta", y además se añaden datos, nunca bien intencionados, de las mujeres a las que les da por morirse, porque por algún extraño motivo, eso queda mejor en nuestra misógina sociedad patriarcal, que reconocer que han sido intencionadamente asesinadas por sus novios, maridos o exparejas. 

No me apetece continuar en este "perro come perro”, pero si buceamos en sentencias judiciales a reconocidos terroristas de género, además de no encarcelarles, se les concede derecho de custodia, e incluso visitas con sus también víctimas, (los menores), lo que es una objetiva violencia vicaria. 

Por poner un ejemplo que tiene nombre propio, Andrea Rascón González, a la que asesinó su padre en un obligado "permiso paternal", a pesar de las 51 denuncias que la madre había interpuesto contra él (en el 2003). Yo, no la olvido, y a los responsables, tampoco. 

No quiero terminar hoy, sin solidarizarme con las víctimas de la Covid, y, además, recordarme a mí misma, que el virus sigue entre nosotros, y no siempre les sucede "a los otros", ni creo que sea la cultura, el turismo, ni lo que yo considero "la hija de ambos", es decir, la hostelería, el foco de contagio. Les toca, eso sí, reinventarse a los que puedan "no morir", y eso me pone un espejo frente a mí, y mi oficio, pero en este caso no fue la pandemia, ni el 2020, sino mucho antes... 

Yo tengo mi fecha, y circunstancia, e incluso mi osadía y tal vez ignorancia, me hace ponerle nombres propios, pero eso es para otro artículo. Mientras, en este durante que me acompaña frente al teclado, mi nostalgia me ha llevado al grupo Jarcha, y al sentido de sus letras, ¨libertad, libertad, sin ira, libertad¨… ¿Y la de expresión para cuándo?  

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