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alberto soldado

VA DE BO

Alberto Soldado

De Annual nos queda la corrupción

Soldaditos españoles, en zapatillas, aislados, sitiados en campamentos de paredes de sacos terreros, sin aljibes, con el agua en lejanos pozos expuestos a ser inutilizados, se bebieron sus propios orines. Le llamaron el Desastre de Annual, eligiendo un lugar geográfico, que siempre suaviza responsabilidades. Se cumplen cien años del mayor desastre militar del moderno ejército español, el de la mili obligatoria para los pobres. Los ricos pagaban por librarse de ese supuesto honor. Esos muchachos, la mayoría analfabetos, enviados al África para defender a la patria no murieron por un ideal supremo, por un sentimiento noble en una guerra inevitable. Murieron mientras oficiales corruptos se enriquecían con los envíos de dinero y materiales desde la península sin que llegase para armas de defensa, balas suficientes… ni siquiera para garantizar el sustento. Oficiales cambiaban armas por verduras frescas que ofrecían los rifeños.

Murieron con ojos de espanto por lo que veían a su alrededor. Sin saberlo, pero intuyéndolo, protegían os intereses que generaba la presencia del ejército español en aquel protectorado de secarrales montañosos, otorgado por las potencias de Francia e Inglaterra a la España humillada en el 98. Territorio de bereberes rebeldes, montañoso, lleno de barrancos que sólo conocían los naturales. El odio crecía entre la población rifeña; un odio de siglos. Un odio que esperó el momento de la venganza de sangre. Moros y moras degollaban, decapitaban a diestro y siniestro; traicionaban pactos con oficiales de bandera blanca. Sólo en Monte Arruit, el 9 de agosto de aquel año fueron pasados a cuchillo más de ocho mil soldados españoles confiados en la palabra de que su rendición les garantizaba la vida. Mientras, un oficial escapaba a Melilla con el único coche que había en aquella posición. No hubo campamento que no capitulase en desbandada con ojos de terror en busca de los cuarteles de Melilla, sin armas, con pupilas dilatadas por el terror, inconscientes, como pobres locos. Según las propias Cortes, más de trece mil hombres dejaron sus vidas jóvenes lejos de su tierra, encomendándose en el momento final a sus madres, porque las madres son el único tesoro de los pobres.

Un siglo después, parece imposible que hechos como los de Annual, Iguiriben o Monte Arruit puedan repetirse. La sociedad actual no permite aquellas desigualdades. El desastre de Annual fue el principio del fin de una monarquía corrupta gasta la médula. Aquel informe del general Picasso era demasiado evidente y provocó el golpe del general Primo de Rivera para salvar a un rey corrupto responsable último de los desastres del protectorado. Ocho años después se proclamó la República. Hoy no hay guerra en Marruecos, ni mili con soldados en zapatillas; pero la corrupción sigue infectando la vida política. El nieto de aquel rey no se ha distinguido por su honradez. Ha de vivir fuera de España. En realidad nunca vivió en ella, en una patria sentimental. Pero no sólo el emérito. En esta tragedia de la pandemia, con las compras y ventas de material sanitario hay muchas dudas razonables de haber caído en tentaciones enriquecedoras. Hay demasiada gente sin escrúpulos que ocupa los puestos del poder. Y sólo los que tienen como tesoro el trabajo honrado merecen ser considerados ciudadanos. Son esos pobres que tienen como único tesoro a su madre.

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