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Eliseo Oliveras

La factura del plan climático

El drástico encarecimiento actual de la factura eléctrica doméstica y empresarial en los países de la Unión Europea (UE) es una muestra palpable del elevado impacto económico en la vida cotidiana del plan verde europeo para frenar el cambio climático. El coste energético para los ciudadanos aún puede dispararse mucho más si se aprueba la propuesta de la Comisión Europea de penalizar el transporte por carretera y uso doméstico del gas para la cocina y la calefacción con el coste adicional de los permisos de emisión de dióxido de carbono (CO2), cuyo precio se ha duplicado desde enero. La verdadera magnitud del coste para el ciudadano de las medidas del paquete verde había sido soslayada por la Comisión Europea como algo que se podía sortear con ayudas puntuales, pese a los altos precios preexistentes de la electricidad.

La Comisión Europea en un informe de octubre de 2020 reconoció que el precio de la electricidad que pagan los hogares de la UE es el doble que en los países del Grupo de los Veinte (formado por las 20 principales economías mundiales, incluida la UE) y que para las empresas e industrias de la UE el precio de la electricidad es mucho más elevado que en la mayoría de sus competidores del G-20 y casi el doble que en EEUU.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, admitió esta semana en el Parlamento Europeo el riesgo de un rechazo social al plan verde por su elevado coste. Los precios eléctricos récord también pueden frenar la recuperación en Europa. En el Reino Unido, dos plantas de fertilizantes ya han suspendido la actividad y las siderúrgicas paralizan el trabajo durante las horas con el coste eléctrico más alto.

Nuevo récord cada día. En España, el precio mayorista de la electricidad se han triplicado desde primavera, con récords que se pulverizan día a día, llegando a superar los 188 euros el megavatio/hora. En el conjunto de la UE, el precio mayorista se ha duplicado en un año, pasando de los 50 euros a más de 100 euros. Esto implicará que los consumidores europeos pagarán globalmente unos 150.000 millones euros más por su electricidad este año, estima el think tank Bruegel.

La escalada de precios genera presiones inflacionistas, recorta el poder adquisitivo y agrava la desigualdad social. La pobreza energética impidió al 7% de los hogares de la UE calentar adecuadamente su vivienda el año pasado, un porcentaje que sube al 10% en España, al 11% en Italia, al 18,9% en Portugal y llega al 27,5% en Bulgaria, según Eurostat.

El disparo de los precios eléctricos en la UE es fruto de tres factores: la fórmula marginalista establecida por la Comisión Europea para calcular el precio mayorista que exagera y distorsiona el coste real de la producción, el disparo del precio de los permisos de emisión de CO2 que deben adquirir las empresas eléctricas para sus centrales de gas y carbón y la subida del precio del gas. Las centrales generadoras a gas, aunque solo representan un porcentaje muy bajo de la producción eléctrica total, están fijando el precio de la electricidad debido a esa fórmula.

Manipulación de precios. El precio mayorista de la electricidad queda fijado por la última central y más cara (gas y carbón) que entra en la subasta para cubrir la demanda, aunque su aportación total sea mínima y la gran mayoría de la energía haya sido producida con costes muchísimo más bajos (renovables, hidráulica y nuclear).

El objetivo teórico de la fórmula es favorecer la inversión en energías más eficaces, pero en la práctica permite a las grandes compañías manipular los precios para maximizar sus beneficios, ya que disponen de centrales de producción eléctrica de todos los tipos. Pese a que el 19,7% de la energía consumida en la UE en 2019 ya era renovable, esto no abarata la factura eléctrica, porque los precios siguen siendo marcados por la producción más cara, debido a la citada fórmula.

Los permisos de emisiones de CO2 en la UE ya superan los 60 euros por tonelada desde fin de agosto y se prevé que su coste se siga subiendo al acercarse el invierno, debido a la insuficiente capacidad de producción de las renovables, al cierre de las centrales nucleares alemanas y a la dependencia de las centrales a gas y carbón para atender la demanda. Los precios del gas están subiendo debido a las bajas reservas existentes en la UE y al previsto aumento de la demanda.

Paradójicamente, una rápida puesta en funcionamiento del criticado gasoducto ruso-alemán Nord Stream 2 podría frenar la escalada de precios del gas en la UE gracias a un mayor suministro.

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