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josefina bueno

La ciudad mermada y el alcalde suspenso

El otro día estaba hablando con una persona de visita en Alicante, me decía que, vivía en Madrid, pero va a menudo a Málaga y le gustaría instalarse allí. Mi impulso fue decirle que Alicante es una ciudad muy agradable para vivir, con un extraordinario clima y unas buenas conexiones de tren y aeropuerto. De hecho, la invité a volver un fin de semana para conocerla mejor. Tras el reflejo que me llevó a defender mi ciudad, horas más tarde reflexioné sobre si Alicante ofrece todo su potencial al visitante, o si, por el contrario, es una ciudad mermada.

Estamos saliendo de la pandemia y parece que el turismo se recupera. Esta misma semana leíamos que “Alicante bate el récord de cruceros con 10.000 pasajeros en una semana”. No sólo el turismo internacional, el nacional ha salvado el verano y los propios residentes salimos cada vez más a ocupar el espacio de la calle que nos estuvo vetado durante el confinamiento. Me gusta Alicante, me parece una ciudad agradable para vivir y por ello no puedo dejar de ser crítica con la gestión de quienes están al frente. El Castillo de Santa Bárbara es tal vez, uno de los iconos de la ciudad; son numerosas las veces que turistas me preguntan cómo acceder a él. Ya lo decía F.J. Benito: “si quieres subir, has de hacerlo unos raticos a pie y otros andando”, ya que el ascensor sigue sin estar activo. Deseamos la llegada de turistas y visitantes, pero deben estar en forma para subir la pendiente y llegar a la meta deseada. Perdonen la ironía, pero es una lástima que el parque de la Ereta, un espacio privilegiado en pleno corazón de la ciudad, ofrezca un aspecto descuidado y falto de iluminación. Tal vez si el acceso al castillo fuera más fácil –con lanzaderas específicas-, si estuviese más concurrido y cuidado, otro gallo cantaría como dicta el refrán. Alicante persigue el turismo de cruceros y me parece positivo, pero a los turistas hay que cuidarlos. Cuando llegan al puerto, tienen que recorrer el trayecto hasta la playa del Postiguet en autobús, o a pie. El otro día coincidí con la llegada de un crucero a eso de las nueve de la mañana, y convendría ofrecer una imagen más cuidada de la parte trasera de la nueva zona de ocio y gastronomía conocida como Muelle 12. Eso también es imagen de la ciudad, un espacio que, entre las ocho y las nueve de la mañana se ha convertido en una zona para caminar o correr, y vía de acceso de las personas que recorren el trayecto del barco a la ciudad. Hace un par de domingos coincidimos el personal de limpieza, los cruceristas y servidora en ropa de deporte; una combinación variopinta. Alicante necesita una renovación de la fachada litoral. La pasarela desde la playa al Raval Roig necesitaría una ampliación porque se ha quedado estrecha, especialmente en tiempos de pandemia y post-pandemia. El casco antiguo sigue sin estar bien aprovechado, sin ofrecer el aspecto adecuado para explotarlo y explorarlo como lo hacen otras ciudades. A todo ello, se suman los males endémicos de la limpieza, la mejora del transporte público, las obras inacabadas como las de Padre Esplá, ¡que se iniciaron en el primer confinamiento! o el cuidado de los barrios que no son el centro neurálgico. Porque una ciudad amable, limpia y cuidada repercute de manera directa y positiva en sus gentes. Las invita a pasearla y a cuidarla.

El centro de Alicante está perdiendo población a favor de otros entornos como el de la playa de San Juan. El centro, con una población cada vez más envejecida, parece que está siendo conquistado por la nueva fiebre del alquiler turístico. ¿Tiene algún plan u opinión al respecto el equipo de gobierno de la ciudad? ¿Se planifica el desarrollo urbanístico más allá del negocio inmobiliario? ¿Se planificó la construcción del Pau 5 con las conexiones a la ciudad de Alicante? Parece que no al ver las enormes retenciones que se producen en horas punta en la autovía o la avenida de Denia. Ello demuestra que el desarrollo urbanístico se concentra en “islas” sin tener en cuenta las conexiones a la ciudad, donde la urbanización cerrada no genera ciudad, como apuntaba José Ramón Navarro Vera. La planificación de las ciudades debería hacerse teniendo en cuenta la adecuada movilidad y las conexiones de transporte público, teniendo en cuenta también que la población es cada vez más longeva y nuestro deber de sostenibilidad con el medioambiente. A pesar de ello, Alicante tiene muchas ventajas para ser referente en turismo y en calidad de vida. Desde el gobierno de la Generalitat se está trabajando –junto a otros sectores dedicados a la innovación- para hacer de esta ciudad un referente nacional e internacional. ¿Por qué el Ayuntamiento no suma en lugar de ofrecer resistencias? Además del sainete sobre el Teatro Principal, parece que el alcalde pretende ponerse en la cola de una presunta sede del Museo del Hermitage. Por un momento me ha venido a la memoria Bienvenido Mister Marshall, porque parece que esa panacea ya andaba apalabrada con el alcalde de Málaga. ¿Por qué no se tejen complicidades con otras ciudades cercanas como Elche? Los alcaldes -cualquier responsable político- están obligados a dialogar y a entenderse por el bien de sus respectivas instituciones y el de la ciudadanía. ¿Por qué no cuidamos e invertimos un poco más en la “imagen” que ofrece la ciudad y nos convertimos en referencia turística de primer nivel como lo están haciendo otras ciudades? La ciudad lo tiene todo o casi todo; faltan empeño, ganas e ideas por parte de quienes la gobiernan. Leo que, según la encuesta de Invest Group para los diarios de la Comunitat Valenciana, el alcalde de Alicante obtiene un balance negativo de su gestión. No me sorprende y lo lamento porque ese suspenso a quien gobierna la segunda ciudad de la CV repercute negativamente en quienes vivimos en ella y aspiramos a tener una ciudad más equitativa, accesible, limpia, en definitiva, más amable.

* Senadora

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