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Julio Monreal

EL NORAY

Julio Monreal

Inglés hasta el exceso

Inglés hasta el exceso Julio Monreal

"In Spain we call it Igualdad" es el lema que el Ministerio de Igualdad que encabeza Irene Montero (Unidas Podemos) ha utilizado en su campaña institucional sobre el Día Internacional de la Mujer que movilizó el día 8 de marzo a millones de personas en España y en el mundo entero. Televisiones, emisoras de radio, periódicos en ediciones impresas y digitales y redes sociales de todo tipo han reproducido una y otra vez la campaña, con su musiquilla de fondo, su locución completamente en inglés (con subtítulos en castellano en el caso de los videos) y con palabras sueltas de los protagonistas en la lengua de Cervantes. ¿A quién se dirigía esta campaña, que subrayaba que en España hay 47 millones de maneras de llamar al feminismo? ¿A esos 47 millones?

Según los datos de una macroencuesta realizada en 2021 sobre el grado de conocimiento del inglés, España se sitúa en el puesto 34 (de un total de 80 países de la muestra) a la cola de las naciones europeas y con un nivel de capacitación en la lengua de Shakespeare estancado desde 2014, del que sólo se salva el sector de población situado entre los 30 y los 40 años, lo que los analistas relacionan con la exigencia idiomática para conseguir un trabajo.

Viendo y escuchando el video de la campaña institucional pensaba uno en qué entenderían de ella los abuelos, principales consumidores de televisión y se preguntaba por qué la cartera ministerial que tiene expresamente encomendada la lucha contra la desigualdad y la adopción de medidas en favor de la inclusión habría decidido marginar a millones y millones de españoles que no saben lo que es el B1 o el First Certificate.

La autopregunta solo tiene una respuesta: hay un montón de modernos que creen que todo el mundo sabe tanto como ellos; que toda la población ha tenido las mismas oportunidades que ellos para formarse; que el grueso de los ciudadanos maneja internet, el smartphone y otras nuevas tecnologías con sus mismas habilidades y que todo lo que aparece en las redes sociales es el vivo, completo y único retrato de lo que sucede.

El inglés se ha convertido en los últimos años en una nueva herramienta de exclusión social y todos los sectores se han sumado de forma entusiasta a esa segregación. En la publicidad, los medios de comunicación, las empresas (con grado de paroxismo en las startups), las redes y hasta en las conversaciones de café abundan las expresiones en la lengua de los anglosajones. Ya no es solo parking, camping o marketing; ahora ya no existe la expresión ‘objetivo’, se dice target; no diga reclamo, use claim; si antes era ‘me gusta’ ahora es like... Hay cientos de ejemplos.

Todo está perdido por la fuerza de esa ola imparable que surge desde los cuatro puntos cardinales. En las conversaciones de corte profesional uno no queda bien si no emplea varias expresiones en inglés con la naturalidad de su uso habitual. Lo mismo cabe decir del mundo del ocio, el deporte, la cultura, la ciencia... Quizás fuera mejor suprimir todos los idiomas y dejar solo el inglés y el chino (puede que también el ruso) y así no prolongar más esta agonía ante la que han sucumbido hasta los actores más cualificados y aventajados: una de las tres entidades bancarias más importantes de España, la que tiene su sede oficial en la ciudad de València, desarrolla un programa específico «para fomentar y visualizar la diversidad de género, funcional y generacional» con el que trata de promover la igualdad de oportunidades para las mujeres tanto dentro como fuera de la entidad, y ha anunciado que prevé un nuevo plan de acción, con nuevos retos, a fin de «seguir siendo la entidad financiera de referencia en diversidad e inclusión para los clientes y segmentos de negocio (...)» El programa recibe el nombre de «Wengage», una expresión que mezcla el pronombre ‘nosotros’ (we) con el verbo inglés engage (comprometerse). No se hace uno idea de cuántos usuarios de la entidad, respetabilísima por muchos motivos y merecimientos, entenderán a qué alude el concepto cuando lo vean en la cartelería de su oficina. Sobre todo teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de su clientela está en España.

El médico valenciano Carlos San Juan, la defensora de las Personas Mayores de València Asunción Pérez y algunos otros rebeldes con causa han logrado compromisos de mejor atención a la tercera edad por parte de las hiperdigitalizadas entidades financieras y lo intentarán también con las instituciones públicas, que han tomado la misma deriva de exclusión generacional. Quizás no sería mala idea que surja otra causa para poner límite al uso del inglés en la Administración o las empresas, aunque es necesario insistir en que ya parece tarde. Por desgracia, en este año en que se cumplen cinco siglos de la muerte de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática de la lengua castellana, todo el mundo ha tirado ya la towell (toalla, con perdón) en este enojoso asunto.

La fe de Clara Arnal mueve cordilleras

Hace más de 25 años, la Fundación Juntos por la Vida comenzó un programa de acogimiento familiar en verano y navidades para niños ucranianos afectados por la tragedia nuclear de Chernobyl e instituyó un flujo de ayuda periódica con medicamentos y ropa a la región. Más tarde, en 2016, la misma ONG puso en marcha un programa de apoyo al desarrollo en Benin, un país africano en el Golfo de Guinea. La entidad que preside la valenciana Clara Arnal ya venía trabajando en la región de Dombas, en el marco de combates entre el ejército ucraniano y las milicias separatistas prorrusas. La invasión del país desencadenada por Putin el 24 de febrero pasado ha otorgado un merecido protagonismo a esta organización, la primera en trabajar con los refugiados en esta crisis humanitaria desatada por el ejército del Kremlin. La fe mueve montañas y la solidaridad de Clara Arnal y los suyos, cordilleras. Han logrado en un tiempo récord enviar a España varios autobuses y vehículos particulares con familias que están siendo acogidas y siguen trabajando sobre el terreno, en la frontera con Polonia, llenando los aviones fletados por Air Nostrum y otras compañías y dando una lección de entrega que merece todo el aplauso y el reconocimiento.

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