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Tonino

LA SECCIÓN

Tonino Guitian

Pepet was here

Hay que ver qué espectacular ejemplo están dando las personas normales a los indigentes que se multiplican día a día. Y a los enfermos, a los niños, a los que sufren su inamovible destino en picado, a los turistas y hasta a mí. Veo de reojo que en las próximas elecciones la gente convencional va a votar a quien no proponga nada antes que votar otra vez a quien propone esas novedades que únicamente sirven para entretener las esperanzas de quien tiene poco valor.

El entretenimiento, para muchos, es levantarse demasiado temprano para no poder cumplir sus sueños. Un coche de policía y una sirena gritando. Un taladro y hormigón delante de la ventana. Los alaridos agudos de mascotas asustadas. Leer las pintadas que salpican las paredes. Los lunes lentos y los viernes vertiginosos. Sufrir la incertidumbre de las noticias. Un piso demasiado pequeño en el que todo se estropea. Despertar de malos sueños y fumar cigarrillos. Alimentar a las palomas deseando estar lejos. Abrazar a alguien porque todo el mundo lo hace y no estar convencido de que todo esto sea realmente la vida que uno merece.

Un esclavo se define como aquel que no es dueño de sí mismo y que pertenece a un tercero, a quien le alquila su fuerza de trabajo para sobrevivir. Quedan por debajo de esta enorme capa social las prostitutas de todas las edades y todos los sexos, los excluidos del mercado laboral y el paro, gente sin domicilio y aquellos que no son lo suficientemente hábiles para pedir subvenciones, los que nunca quisieron nada pero igualmente lo perdieron todo.

La esclavitud no es una novedad en València, aunque parece que no suscite demasiado interés entre esta modernidad tan distraída con su peculiar eficiencia. Si el Ayuntamiento tuviera a bien rescatar del abandono la lápida dedicada a la diosa Isis que agoniza en el Paseo de la Pechina, sabrían que durante el imperio de Roma los esclavos libertos de esta ciudad adoraban con alegría a esta divinidad egipcia.

Para intentar entender a los valencianos de entonces olviden por completo las ilustraciones de la egiptología británica, plagada de mitos y maldiciones nativas dictadas por su disimulada mala conciencia de opresores coloniales. La muy popular diosa Isis fue protectora y eterna defensora tanto de su hijo Horus como de su esposo Osiris. Personificaba todo lo bueno, especialmente las fecundas crecidas del río, parecidas a las del Nilo.

Supongo que, bajo el tibio despotismo ilustrado, los notables de la ciudad hicieron eco de un descubrimiento en el que el latín era protagonista antes de la larga administración musulmana. Lo colocaron para nosotros como ejemplo de nuestro devenir histórico sobre el monumento que se yergue en el impresionante pretil del Turia.

Si no fuera un rollazo podríamos leer a Marcuse para entender el cambio del esclavo antiguo al moderno. Les hago resumen: que nuestras necesidades son ficticias, producidas y presentadas como un modelo por la sociedad industrial e indistinguibles de nuestras necesidades reales. Que nuestra histérica búsqueda de lo natural es la mayor muestra de la victoria del homo artifex (hombre artificial) sobre el homo sapiens (adiós, querido sapiens). Y que nuestra esclavitud del alma entregada al sistema único también se vincula a una esclavitud física decorativa, hecha de grandes mentiras colectivas y pequeños autoengaños personales. Autoengaños que nos perdonamos todos con condescendencia mientras dejamos que se tape nuestra cultura con pintura negra en spray, reescribiendo sobre piedras ancestrales, para que la posteridad sepa que Pepet (que pasó su vida cagando en una lata sin que a nadie le importara lo más mínimo) estuvo aquí.

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