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Juan José Millás.

El general Invierno

¡En invierno siempre estoy resfriado! ¿Es posible prevenir catarros y gripes?

¿Qué va a pasar ahora, que nos cortan el grifo, con los mecheros desechables de gas? Hubo un tiempo en que lo desechable fue símbolo de progreso. Tirábamos las botellas vacías, los bolígrafos vacíos, tirábamos hasta las cajas de zapatos vacías, pese a haber sido el juguete preferido de nuestra infancia. Lo desechable, de súbito, era la bomba. De los objetos desechables, pasamos a las ideas desechables, al pensamiento líquido, a las filosofías de usar y tirar. Ya no hay idea que dure más de cuatro días, excepto las fijas, que han ido reduciéndose paulatinamente a una: el ultraliberalismo económico en el que se empieza a poner en cuestión, paradójicamente, la idea de lo desechable. Ni las centrales térmicas, con el miedo que daban, se consideran desechables ahora mismo, ni tampoco el carbón, pese a lo que tizna.

¡Ahorremos gas, petróleo, gasolina, vatios, etc.! ¡Ojo, pues, a los mecheros de plástico! Aprovechemos su llama para prender dos o más cigarrillos a la vez. No volvamos a encenderlos en los conciertos como símbolo de la llama del corazón, de la llama del alma o de lo que quiera que simbolizase. Esta tendencia al ahorro se manifiesta asimismo en los matrimonios: la gente se divorcia menos y por lo tanto se casa menos veces. Se acaban los matrimonios de usar y tirar como se acaban los vasos y los platos desechables, los cubiertos y los pañuelos desechables, las servilletas desechables, las tazas, los envases, los guantes, los monos, los portahuevos, los manteles, las chanclas, las compresas desechables… La ropa volverá a durar más que un abrigo, como se solía decir cuando los abrigos duraban. La ropa vive ya una segunda vida a través de Wallapop y adláteres.

Si la tendencia llega a la cultura, leeremos el mismo libro un par de veces (incluso tres, si no lo hemos entendido), del mismo modo que freímos la carne en el mismo aceite en el que ayer freímos el pescado. Se han acabado las jeringuillas desechables y las maquinillas de afeitar desechables y las cámaras de fotos desechables. Caminamos, como en las películas de miedo, hacia un fundido a negro en el que solo podremos alumbrarnos con mecheros recargables, cuya llama pondremos al mínimo, para hacer frente al general Invierno.

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