Opinión | Valencianeando

Supermanzanas verdes de mercadillo

Entre el modelo de Manhattan y el de zoco de Marraquech hay un amplio universo de propuestas para buscar una vía propia

Fiesta del sábado por la mañana en la supermanzana de la Petxina.

Fiesta del sábado por la mañana en la supermanzana de la Petxina. / JOAN-CARLES MARTÍ

Este frenesí primaveral aliñado de inauguraciones electorales viene bien para pasar página de unas Fallas de pólvora barata. Curioso resulta que a los pusilánimes fichajes de candidatos sin ingenio, ni gracia, no siga el obligado debate sobre unas fiestas de macrobotellón, muy alejadas de ese patrimonio cultural que reconoció la Unesco. Pensar que para la mejor ordenación urbana hay que añadir una pizca del caos fallero significa la falta de proyecto colectivo, más allá de fiesta y jolgorio. Parece que los exegetas de la ruta de las anfetas se han pasado a la política municipal. Porque un proyecto de ciudad como València se merece, va más allá de capitales mundiales acorchadas, improvisadas supermanzanas y mercadillos agrícolas con paradas de mala conciencia.

La Petxina

Las supermanzanas no son un invento ‘rialtero’. El origen de esta iniciativa que recupera espacio urbano para la ciudadanía es una corriente de la arquitectura que se inició a mediados del siglo pasado en grandes ciudades americanas (Nueva York, Brasilia o Caracas), y que luego saltó el Atlántico, primero en Rotterdam y más tarde en París. Madrid y Barcelona retomaron la idea a principios de este siglo, siempre con defensores y detractores. Aquí siempre llegamos tarde, también en las polémicas, pero las supermanzanas son justas y necesarias. Otra cosa bien distinta es si era preciso empezar en el Palleter con Calixto III, o si el equipamiento oportuno eran bancos cóncavos, mesas de picnic, jardineras afrancesadas y juegos de ping-pong y ajedrez. Porque Extramurs no es Harlem, y los que aún podemos contar que hemos jugado al fútbol en la calle, sabemos que las reglas mediterráneas son necesariamente más ácratas que calvinistas.

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Un mercado de huerta en el centro de València / JOAN-CARLES MARTÍ

Colón

Así que entre el modelo Manhattan de las supermanzanas de Le Corbusier y el zoco de Marrakech, como los mercadillos de venta directa de fruta y verdura, hay un universo para encontrar un modelo propio. Pero como también copiamos mal, y encima la urgencia, envidia incluida, electoral es mala consejera, ahí está la polémica por los puestos ambulantes del Mercado Colón. Cuando, sin ánimo de ofender, lo lógico hubiera sido lo contrario, esto es, proyectar la primera supermanzana en la zona del Eixample, donde la cuadrícula es perfecta, y llevar el mercadillo a La Petxina, que desde la reconversión del Rojas Clemente, el barrio se quedó huérfano de productos frescos de proximidad. Así de sencillo era, si los todavía socios del gobierno se hablarán y si el consistorio no fuera algo parecido a un gobierno libanés.

Mirar a Málaga

Este desenfreno preelectoral retrata por igual a los que llevan casi ocho años de inquilinos en la Casa Gran, y a los aspirantes a volver tras el paréntesis ‘rialtero’. Porque a la espera del fichaje estrella de María José Catalá, Fernando Giner mediante, el bienestar ciudadano requiere más alturas de miras. Y ningún grupo municipal ha sido capaz de generar una fuerza colectiva como lo ha hecho Málaga, que sin ser capital autonómica, ha sido capaz de unir cultura y turismo de calidad para siempre. Mientras aquí somos incapaces de promocionar La Marina como el mejor balcón del Mediterráneo. El desliz freudiano de Vicent Palací contra Papi Robles, más allá del buen rollo de las posteriores disculpas, demuestra que el sentido patrimonial de las causas comunes se distrae cuando entran en juego las jugosas canonjías. Por no hablar de quien es el más sorollista del mundo.

El error de Ribó

Volviendo a las Fallas, el alcalde Ribó ha cometido uno de los mayores errores de su gestión, porque como insiste Juanma Doménech cada mañana en la radio, a uno que despides (Carlos Galiana) no lo puedes dejar un mes al frente de la parte más importante de tu negocio. Pero aquí se permite todo, incluso que ofrenden con sus mejores galas los ideólogos de aquellas «falles populars i combatives».

Un mercado de huerta en el centro de València.