Opinión | DESPERFECTOS

Sin nuevo Oriente Medio

Fatalidad, el Oriente Medio real, irreductible y caótico. En el momento en que Arabia Saudí, bajo la batuta de Washington, ensayaba una aproximación muy cautelosa a Israel, Hamás ha atacado Israel desde la franja de Gaza. Hamás –de cada vez más pro-Estado Islámico (ISIS)- siempre quiso tener un ejército propio y después de diversas campañas de terror suicida ahora dispone de cohetería en gran abundancia y de sus propios comandos, capaces de entrar en territorio de Israel y tomar rehenes. La incógnita pronto va a despejarse si Hezbolá, usualmente sincronizada con Hamás, actúa en Cisjordania e inicia una nueva revuelta.

Queda en el taller de desguace toda la estrategia del nuevo Oriente Medio, aquel viejo plan modernizador para que Gaza fuese el Singapur de ese nuevo Oriente. Fue una ocurrencia del G-8: democratizar frenaría el extremismo islamista. Norteamérica lleva un tiempo perdiendo peso en la región. También sale perdiendo, por ahora, la controvertida solución «Dos pueblos, dos estados» porque la brutalidad de Hamás amedrenta toda propuesta de negociación pacificadora. Con Hamás lanzando cohetes desde Gaza ya nada es negociable. Hamás ha secuestrado a toda la gente de Gaza al tomar rehenes de Israel, dispuesto a ejecutarlos. Una vez más, parece quedar probado que a Hamás no le importan demasiado el bienestar y la seguridad de las gentes de Gaza, cada vez más abrumadas por el dominio despótico, la fanatización escolar y el régimen de mezquitas-polvorín.

Escindido de la Hermandad Musulmana egipcia, con sus redes de beneficencia y captación Hamás ganó en 2006 –con la lista «Cambio y Reforma»- las elecciones en Gaza, destronando con violencia al Fatah legendariamente corrupto. Para Hamás, incluso Arafat y la Organización para la Liberación de Palestina eran traidores, por haber firmado los acuerdos de Oslo que reconocían el derecho de Israel a existir. Luego ha construido hospitales-polvorín, escuelas-escondrijo para sus milicias. Los jóvenes palestinos huyen de Gaza cuando pueden. Viven en un mundo sin futuro, salvo los que pueden trabajar en Israel –cerca de 20.000-, a pesar del bloqueo.

La actuación atroz de Hamás ha sido tan fulminante como inesperada. Debilitará los recientes acuerdos bilaterales con Emiratos Árabes, Marruecos y otros países. Es decir: un puente entre el mundo árabe e Israel. Sobre todo, al detener el acercamiento entre Arabia Saudí e Israel, beneficiará a Irán, máximo rival de los saudís para la supremacía en el nuevo Oriente Medio, y principal financiador de Hamás. Ese nuevo escenario le va bien a Putin, porque la probable ayuda de los Estados Unidos a Israel puede menguar su aportación armamentística a Ucrania. El hábil ministro de Exteriores ruso, Lavrov, hace poco agasajaba a líderes de Hamás en Moscú. Es Lavrov quien primero habló de la «desnazificación» armada de Ucrania.

Según fuentes de Hamás, citadas por el Wall Street Journal, Irán estuvo más que informado del plan terrorista de Hamás. Si fuese así, la situación corrobora la intención iraní de atajar el encuentro entre Arabia Saudí e Israel. Coincide con la debilidad del Gobierno de Binyamín Netanyahu y con el grave ‘impasse’ político en Washington. En una zona tan inestable, la multipolaridad significa más conflicto y muerte, más terror. Los profetas de la multipolaridad –figurantes ‘de facto’ del desorden global- van a achacarle todos los males a Israel. Hamás se lo ha jugado todo apostando por el caos. No le importa Gaza. En realidad, nadie sabe qué hacer con Gaza, salvo Hamás.