Opinión

Una oportunidad a la paz

Tras el ataque inesperado de Hamás el pasado 7 de octubre contra la población de Israel, el gobierno israelí respondió con operaciones militares y bombardeos en Gaza. A día de hoy, este conflicto bélico ha abierto una crisis humanitaria en la que han muerto miles de personas, la mayoría civiles, en uno y otro lado. Una situación díficil de sostener que necesita de cultura de paz como alternativa al belicismo si es que se quiere alcanzar la estabilidad y la convivencia. En este contexto trágico la petición de cientos de mujeres palestinas e israelíes manifestándose por la paz, ha pasado inadvertida y ha merecido pocos comentarios. No es de extrañar cuando a las mujeres se les ha desplazado del debate y de la toma de decisiones en los numerosos episodios de casus belli que se han dado en la historia de la humanidad.

Es de sobra conocido que fue Aristófanes quien en la Grecia clásica reflejó en sus comedias esta omisión. Él mismo vivió en un ambiente perpetuo de guerra. Eran otros tiempos pero su crítica al belicismo resulta igual de actual a nuestros oídos. Fue la guerra del Peloponeso la que le motivó a escribir La Paz para aliviar al público de sus calamidades y pedir a los gobernantes que solventaran sus diferencias y llevaran la concordia. Más tarde, su pacifismo resurgió en Lisístrata, una comedia en la que una ateniense, llamada así, movilizaba a las mujeres para acabar con la contienda que durante años enfrentaba en la batalla a los hombres de Esparta y Atenas.

Curisoamente esta obra teatral fue llevada al cine en 1968 por la directora sueca Mai Zatterling con el título de Flickorna que traducido al español significa Las chicas. En esa adaptación cinematrográfica tres actrices salen de gira a representar la comedia de Aristófanes y es en ese viaje donde las protagonistas descubren cierto paralelismo entre sus vidas privadas y las chanzas que interpretan en el teatro, dejando de manifiesto que en el humor hay mucho dolor y que son ellas quienes claman por la paz. De hecho, no es casualidad que el nombre de esta matrona ateniense se elija a menudo para referirse a proyectos que piden el cese de la violencia y de las hostilidades. Ese fue el caso de las actrices estadounidenses Kathryn Blume y Sharron Bower que, el 3 de marzo de 2003, impulsaron The Lysistrata Project (protest), un evento internacional en el que se leyeron miles de lecturas de ese texto clásico en protesta por la guerra de Irak.

Lo triste es que, desde los años sesenta del pasado siglo en los que una generación cantaba “Give peace a Chance” por el fin de la guerra de Vietnam, sigan sin escucharse con la consideración que merecen las voces que piden una oportunidad para la paz. La prueba está en que son múltiples los conflictos bélicos enquistados que persisten en la actualidad y que impiden que la paz sea rectora en las relaciones internacionales y entre los diversos grupos que habitan un mismo territorio o país. Por eso mismo, el pacifismo de Aristófanes nos resulta tan familiar y podemos entender bien al personaje central de La Paz, el campesino Trigeo, cuando pone todo su empeño en que Pólemos (la Guerra ) libere a Irene (La Paz) de la caverna donde la tiene encerrada para conseguir que a la tierra llegue, por fin, la abundancia, el placer y la alegría. Y, por lo mismo, urge levantar la voz para aplicar una pedagogía de paz que vaya dirigida a hombres y mujeres de todas las edades y de todos los grupos. Pero trasmitir la idea constructiva de la paz no puede limitarse a una acción educativa difundida de manera tradicional en las escuelas . Hace falta también divulgarla persistentemente a través de una acción cultural, social y cívica. Sin ese esfuerzo conjunto, la cultura de guerra seguirá perpetuándose e Irene no será escuchada y no podrá llegar a Oriente Medio ni tampoco a otras parte del mundo donde le esperan.