Opinión | Tres en línea

El PSPV, ante el reto de no repetir su historia, por Juan R. Gil

El PSPV, ante el reto  de no repetir su historia

El PSPV, ante el reto de no repetir su historia

La crónica de los congresos del PSPV, cuando ha estado en la oposición, se ha escrito en las páginas de Política, pero podría haberse publicado en la sección de Sucesos sin que el lector la hubiera encontrado fuera de lugar. Salvo raras excepciones, los populares valencianos se matan antes, que le pregunten a Isabel Bonig, pero arriban a sus cónclaves con un solo candidato. Los socialistas, por el contrario, tienen un acreditado historial de luchas cainitas llevadas al extremo. Muchos de ellos sostienen que es una prueba de la viveza del partido. No diré que no. Pero en tanto los proyectos políticos defendidos por unos y otros casi nunca se diferencian más que en matices, habrá que concluir que lo que prima son las luchas por el poder y las querellas personales.

Eso es lo que enfrenta ahora el PSPV. De nuevo ha perdido el Palau. Y con ello, ha perdido pie. ¿Repetirá la historia o será capaz ese partido, capital en la construcción de la Comunitat Valenciana, de sobreponerse por primera vez a sus tendencias suicidas? A día de hoy, no está clara la respuesta. Antes al contrario, se están siguiendo los mismos pasos de siempre, lo que indica que pueden acabar como siempre: en el ring.

Esta semana que concluye comenzó marcada por la formación del nuevo Gobierno central, en el que, como se sospechaba, Ximo Puig no figura como ministro. ¿Porque Sánchez quiere «maltratar» a la Comunitat y por eso no le da más peso? No. Eso son cuentos para viejas. La Comunitat nunca, ni en tiempos de UCD ni en adelante, ha tenido relevancia en el Gobierno central y eso no es culpa de quien decide en Madrid a quién poner y a quién no, sino fracaso de la sociedad valenciana en su conjunto. ¿Porque Puig no atesoraba méritos para desempeñar la cartera de Política Territorial como se especulaba? Le sobraban.

Ocurre simplemente que la lógica política de Pedro Sánchez va por otro camino. Que es el de seguir haciendo un partido a su medida. Y en esa lógica, Puig jamás encajó. Números en mano, el PSPV obtuvo un buen resultado en las elecciones del 28 de mayo pasado. Creció en votos y en escaños. Pero perdió las elecciones, tanto en votos como en escaños. Y el Consell. Así que pasó a la carpeta de «organizaciones a renovar». Si a eso añadimos que Puig ha sido siempre leal al proyecto federal que representa Sánchez, pero entre los dos jamás ha habido química alguna, la suerte estaba echada. El error de Puig fue permitir que su entorno aventara unas expectativas falsas, dando pie a que su «no nombramiento» fuera interpretado como otro bofetón de la dirección federal del PSOE.

Aquí pasan algunas cosas, sobre las que conviene levantar acta. Primero: Puig ya no tiene la mayoría dentro del PSPV. Parecerá obvio recalcarlo a estas alturas, pero si se tiene en cuenta que hace seis meses era el presidente de la Generalitat, resulta una noticia notable. Segundo: sus rivales tampoco la tienen. Hay quien dice que las tropas del exjefe del Consell suman en estos momentos alrededor de un tercio de los votos, las del flamante y flamígero alcalde de Mislata, Carlos Fernández Bielsa, otro tanto; y las del secretario provincial del partido en Alicante, Alejandro Soler, la misma porción que los otros. Denle una parte de lo que queda a las huestes del exministro Ábalos y ya tendrán la cuenta completa.

Son unos números que no acaban de cuadrar. Bielsa y Soler van para arriba, con la ayuda de la dirección federal, y Puig para abajo. Pero el primero de todos se llevó el sofocón de no presidir la Diputación de Valencia, y a partir de ese momento su espacio se achicó. Y Soler ganó la provincia de Alicante justito, justito, aunque desde entonces haya ido creciendo. En todo caso, ninguno de los bloques tiene la mayoría, así que dos al menos tendrán que pactar para hacerse con el control del partido.

En las últimas semanas, ha habido intentos de acercamiento entre el sector de Puig y el de Soler y exhibiciones de sintonía personal entre ambos. La oferta es clara, y tiene lógica. Soler y Bielsa pelean en el mismo nicho. Soler, como mínimo, quiere ser secretario general. Cree que ha llegado, no sólo su hora, sino la de Alicante, y probablemente en esto último no le falte razón: salvo en la prehistoria (Joan Pastor), nunca ha habido un secretario general del PSPV alicantino. Bielsa, por su parte, quiere la secretaría general y la candidatura a la presidencia de la Generalitat. Pero su reino, por ahora, no pasa de ser comarcal pese a presidir el partido en la provincia de Valencia.

Así que Puig está en mejor disposición para pactar con unos o con otros, siempre que asuma su propia situación, que no es la mayoritaria. Puede ofrecerle a Soler la secretaría general. Ya se verá luego qué nombre se le propone a la militancia en primarias para la Generalitat, si el de Diana Morant u otro, pero no el suyo. Todo ello, a cambio de que el «núcleo duro» del denominado «ximismo» sea respetado. Es una opción que Soler podría no descartar, aunque ni mucho menos está concretada. Y que suena demasiado lineal en un partido con pasión por las curvas.

En 1996, Joan Lerma renunció a la reelección forzado por la dimisión de Felipe González como secretario general del PSOE. Se abrió con ello un período de sucesivas guerras civiles: liquidaron a Joan Romero con las vallas electorales a punto de ponerse, improvisaron con Antoni Asunción para hacer el ridículo, Pla tuvo que montar un motín y que se repitiera un congreso para ser secretario general, Alarte le ganó a Puig otro congreso por los pelos y perdió el siguiente, cuatro años después, en medio de graves reproches… ¿Resultado? Veinte años calentando el banquillo. ¿Quiere el PSPV ahora estar otros veinte mirándose el ombligo? Todos dicen que no. Pero la dinámica del PSPV vuelve a ser una dinámica maldita. Y nadie se pone de acuerdo en los tiempos: el entorno de Puig sigue defendiendo que falta más de un año para celebrar congreso mientras otros especulan con la posibilidad de que se nombrara al expresident de la Generalitat para un puesto institucional en el que no fuera compatible su responsabilidad orgánica y por tanto tuviera que renunciar a ésta. Eso, estatutos en mano, supondría celebrar un congreso extraordinario. En cualquier caso, si Puig no se deja cegar sabrá que su posición es, cada día que pasa, más difícil de sostener: ¿cuántas veces quiere que los periodistas le pregunten cuándo va a renunciar a su escaño en las Corts? ¿Es necesario ese desgaste del principal activo que siguen teniendo los socialistas?

El secretario federal de Organización del PSOE, Santos Cerdán, tiene trabajo el próximo fin de semana. El viernes participará en un acto con Soler. Y el sábado, lo hará con Bielsa. En ambos eventos, estará Ximo Puig. Por si le sirve de algo, le recordaré a Santos Cerdán el episodio que vivió Zapatero nada más ser elegido secretario general del PSOE. A los pocos días, coincidió en una comida con varios dirigentes socialistas valencianos, entre ellos los exconsellers Segundo Bru y Luis Berenguer, y el senador Ángel Franco. Les preguntó: «¿Me podéis explicar qué pasa en el PSPV, que no lo entiendo?». A lo que Segundo Bru le contestó: «Es fácil, José Luis. El PSPV se rige por el principio del ‘dame un nombre, que me opongo’. No tiene más misterio». Sólo falta que, inflado como está el presidium de Sánchez después de haber perdido las autonomías pero conservado La Moncloa, a Santos Cerdán se le ocurra dar algún nombre y, por querer apagar fuegos, acabe haciendo estallar el polvorín. Tampoco sería la primera vez que viene uno de Madrid a divertirnos.