Opinión | Tribuna

Viaje a Itaca

Llegó diciembre para cerrar el año y dar paso a otro. En esta etapa previa a la Navidad, es cuando se hace más evidente el efecto bucle de la repetición del tiempo y del eterno retorno en el que se cumplen los meses. También en esta época es cuando suele darse alguna que otra mirada retrospectiva para constatar lo veloz que pasaron los días. Pero diciembre es, sobre todo, el mes del regreso a casa.

Con algunas salvedades, podría decirse que esta historia de nostalgia familiar puede parangonarse con la de Ulises, protagonista de La Odisea, que tras veinte años de aventuras y hazañas, vuelve a Itaca, a su isla y a su hogar. En realidad, el relato de Homero narra el viaje de retorno al origen para encontrar descanso y consuelo antes del inevitable final de la muerte.

Aún así, el poema homérico ha venido a significar tanto que no ha dejado de representarse en la pintura y la literatura a través de los siglos. En el siglo XX, el más cercano a nuestros días, reapareció en la novela de J. Joyce titulada Ulises y también en los versos de tres poetas griegos: Cavafis, Katsantsakis y Seferis. De los tres el más popular fue, sin lugar a dudas, Cavafis quien hablaba del viaje como un largo camino "lleno de aventuras, lleno de conocimiento".

Ese itinerario vital ha pasado a la posteridad como la recreación de las inquietudes y argucias de un varón, viajero incansable, capaz de vencer todo tipo de peligros y regresar triunfante al hogar. Una trayectoria de la que las mujeres no participan al tener únicamente como referente a Penélope, la esposa fiel que espera la vuelta del héroe. Sin embargo hoy, cuando la realidad es mucho más compleja, han de tener cabida las heroínas que salen de casa y buscan nuevos horizontes.

Esto último es lo ocurre en aquellos países que, como en España, las mujeres gozan de igualdad de iure y sus aspiraciones vitales ya no están supeditadas legalmente al permiso del padre o del marido. De hecho, allí donde están reconocidos sus derechos, las mujeres tienen mejor acceso a los estudios universitarios, mayor movilidad social y forman parte de una población activa tan cualificada como los hombres.

En otras palabras, en estos momentos una gran mayoría de mujeres están inmersas a nivel global en un proceso de empoderamiento irreversible. Ya no son Penélopes que tejen y destejen pacientemente, ya no esperan a Ulises y quieren planear sus vidas en términos más igualitarios sin tener que renunciar a sus deseos profesionales.

No obstante ya se sabe que la igualdad es más formal que real y que todavía queda mucho por avanzar. Por eso mismo encontré tan oportuna la obra de la pintora Inma Coll titulada Viaje a Itaca que ha recibido una Mención especial en la Bienal de Valencia 2023, recientemente inaugurada.

Con la narrativa pictórica que le caracteriza, la artista se autorrepresenta como Ulises. Es ella quien demuestra coraje y se enfrenta al cíclope, quien se ata al mástil para escapar a los cantos de sirenas y quien ha de sobrevivir a todo el imaginario patriarcal que impera en el sistema del arte.

En uno de los extremos, en dirección contraria a su regreso a casa, aparece Ofelia flotando inerte en el agua, en la misma posición que la pintó John Everett. Con ello viene a plasmar los desengaños sufridos y, para mostrar que no esta sola, dibuja y se hace acompañar por una de las mujeres de Willem Koonig. El cuadro impacta por su composición, color y formato, por hablar de nosotras y reflejar el sino de los tiempos.

No por casualidad, en la inauguración, fueron muchas las espectadoras que se fotografiaron junto a la obra y la artista que ha sabido plasmar su propia travesía y la de tantas mujeres de talento que persisten y resisten teniendo "siempre en el corazón la idea de Itaca".