Eso que llamamos amor (y que no siempre lo es)

Inspirada en la ‘nouvelle vague’ francesa, ‘Elegía en rojo’ representó un hito en la historia del manga y abrió camino a nuevas formas creativas

Eso que llamamos amor (y que no siempre lo es)

Eso que llamamos amor (y que no siempre lo es) / álvaro pons

Álvaro Pons

Todo poeta que se precie ha intentado rodear con sus versos la esencia del amor. Encontrar esas palabras que definen un sentimiento tan buscado como inasible y esquivo, escondido a la espera de poseernos sin posibilidad de redención. Quizás sea tan difícil porque solo con dos palabras se puede dar rienda suelta a un torrente de emociones: «te amo». No ocultan el ideal amoroso con más descripciones, no necesitan obedecer a la imposible lógica de los sentimientos, pero describen con perfección el arrebato y la pasión incontenible que la poesía ha intentado retratar eternamente. Pero ese amor que nos posee va mucho más allá de ese ardor de los sentidos, se cuela en cada resquicio de nuestro pensamiento, de nuestra vida, hasta convertirse en parte del aire que respiramos, impregnándolo todo sin que apenas seamos conscientes. Retratar esa sutil sensación solo está al alcance de unos pocos, de alguien como Seiichi Hayashi, capaz de detenerse en el roce de dos manos, en la mirada perdida, en la cálida paz que desprende el cuerpo de la persona amada, en lo que esconde una conversación intrascendente, en la necesidad de abrazar a quien amamos cuando sentimos miedo, en esa soledad que convierte cada minuto de separación en dolor lacerante. Elegía en rojo (Gallo Nero traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés) se publicó en la mítica revista Garo en 1970, siguiendo el amor entre Ichiro y Sachiko, dos artistas jóvenes a los que la vida no les sonríe y que solo se tienen el uno al otro. Hayashi tomó la pausada literatura de Inoue o de Ōe y la fusionó con la puesta en escena de Resnais para lograr que sus viñetas consiguieran destilar la esencia de ese sentimiento invisible que envuelve cada acto cotidiano, creando rítmicas visuales que configuran poemas dibujados que transmiten lo que esconden los gestos, haciendo que las palabras se conviertan en trazos que dejan entrever sus verdaderas intenciones. Una obra maestra cuya lectura nos lleva a rememorar esos momentos en los que se nos ha erizado el cabello mientras rozábamos al amado, a la amada, a volver a necesitar esa sensación de paz.

Eso que llamamos amor (y que no siempre lo es)

Eso que llamamos amor (y que no siempre lo es) / álvaro pons

Pero, a veces, lo que pensamos que es amor es tan solo una máscara, una herramienta con la que manipular y controlar, con la que someter. Aprovecha esa sensación placentera que nos invade para inyectar su tóxica esencia, transformando la calidez del amor en la aspereza de unas cadenas que encarcelan, que maniobran con la mentira hasta anular una voluntad que se había entregado confiada. Con Lola Vendetta, Raquel Riba Rossy había conseguido crear un popular personaje que le permitía reflexionar con humor sobre el machismo, la soltería o la maternidad, pero en su nueva entrega Lola Vendetta. Katanazo al amor romántico (PlanetaComic), se lanza sin red a expresar la pesadilla del abuso psicológico, de esa manipulación que envuelve a su presa en una red pegajosa de la que es imposible escapar. El simbolismo de esa telaraña roja que la persigue por todas las páginas se convierte en una asfixiante realidad que la atenaza y que, sobre todo, hace visible una situación que muchas veces nadie es capaz de vez, ni siquiera la propia víctima, perdida en el espejismo de una felicidad aparente, en esas palabras que fingen confianza pero esconden humillación, que se asumen como verdad mientras las lágrimas y las ilusiones rotas mezclan la argamasa con la que ella misma construye una celda que la aísla del mundo. Una celda que sigue ahí incluso después de tener la suerte de acabar la relación tóxica, que debe romperse de un certero katanazo para poder volver a ser una misma.

Dos cómics que eligen dos caminos bien diferentes de eso que llamamos amor.