¿Dónde se había metido esta mujer?

Irene de Lucas ha rescatado, gracias a la Mostra, a la valenciana Helena Cortesina, bailarina, cantante, actriz, productora, directora de cine, empresaria teatral, modelo de Sorolla e intérprete lorquiana

Helena Cortesina. Una cineasta pionera en España

Helena Cortesina. Una cineasta pionera en España / Levante-EMV

Alfons Cervera

Alfons Cervera

No sé qué será de la Mostra de València-Cinema del Mediterrani a partir de ahora. Con los cambios de gobierno nunca se sabe. Es lo que pasa en el Ayuntamiento de València, bajo las órdenes del PP y Vox desde el último 28 de mayo. Pero lo que sé es que de la última edición tengo aquí un libro que me acerca a una artista absolutamente desconocida. Al menos para mí. Su nombre: Helena Cortesina. El título del libro: Helena Cortesina. Una cineasta pionera en España. Indagó Irene de Lucas Ramón en la biografía de esta mujer que abarcaría no sólo una sino muchas vidas. La primera empieza en el valenciano barrio del Cabanyal en 1903, cuando nace Elena Manuela Dolores Cortés Altabás: «valenciana de vocación universal y artista multifacética de excepcionales cualidades, Cortesina tuvo una vida y una trayectoria profesional fascinantes: fue bailarina, cantante, actriz, productora y directora de cine, empresaria teatral, modelo de Sorolla e intérprete lorquiana, además de militante y exiliada republicana». La pregunta del millón: ¿quién demonios conocía la existencia de esta mujer? Soy el primero en levantar el brazo (¿o se dice la mano?) para integrar el pelotón de los torpes: ni idea de esa existencia. Cero total. Por eso abrí el libro y al cerrarlo unas horas después creo que me quedé con la cara de imbécil que cantaba mi querido y añorado Javier Krahe: ¿dónde se había metido hasta ahora esta mujer?

Desde muy joven supo articular la vida real y sus ficciones. Se conocía las estrategias (marketing) para darse a conocer sin que se le escapara ningún detalle. Las fotografías como una diosa envuelta en sedas griegas. Ese cartel de Sorolla con ella de protagonista para anunciar algunos productos comerciales. La mujer moderna montada en una moto para viajar sola al fin del mundo. O sea: un prodigio de emprendedora que haría hoy las delicias (¿se dice así?) de las estrellas subidas a las redes. La primera influencer de la historia, eso fue en sus años más jóvenes Helena Cortesina, que sería a partir de entonces su nombre artístico. Fue una vedette de aquellos años veinte del pasado siglo. Muy joven, apenas pasaba de los dieciséis o diecisiete años. Las crónicas del momento destacan su belleza. El desparpajo. Decide que su futuro está en el cine. Antes de rodar su primera película ya sabe «proyectarse como una estrella cinematográfica en potencia». Llegará esa película: La inaccesible. Años 1920-1921. Cambiar su estatus de vedette por el de actriz de cine. Lo conseguirá en poco tiempo. Con esa película entra casi en la leyenda. Hasta dicen las crónicas que ha intervenido en otras tres películas y no es cierto. Una reseña en La Esfera: «El film será para Helena Cortesina un timbre más de gloria y para España un orgullo ver que una de nuestras más famosas artistas incorpora su nombre a la élite de triunfadores que en la pantalla rivalizan en fama y arte ante los públicos del mundo entero». Ya es una estrella del «teatro mudo». Su familia ayuda. Tiene una empresa de aparatos relacionados con la cinematografía. Y la madre parece la que sale en las películas de Sarita Montiel o Joselito para vigilar que sus vástagos no caigan en la ruina moral que representa el mundo de la farándula. La madre, Manuela Altabás, es como la mánager que controla el negocio en todos los aspectos. Y a los escasos diecisiete años, Helena Cortesina se convertirá en la dueña absoluta de todo el proceso que supone rodar una película. O sea: productora, directora y protagonista. El guión correrá a cargo de un tal José María Granada, que al menor descuido le robará la cartera de la dirección y la mujer tendrá que pelear por recuperar públicamente ese papel en Flor de España, la película que será la única y definitiva en que el nombre de Helena Cortesina ocupará toda la cartelería en los cines donde se estrenó a partir de 1923. Precisamente, Flor de España se recuperó para su puesta de largo en la pasada edición de la Mostra de València.

La película fue cuando su estreno un éxito o un fracaso, según le sigamos el rastro en unos u otros medios de comunicación. Lo cierto es que luego siguió la actriz su vida en el teatro. En compañías exitosas. Interpretó Bodas de sangre y otras obras lorquianas con la compañía de Lola Membribes. Mantuvieron ella y García Lorca una amistad que quedaría plasmada en esa fotografía que el poeta manda a su familia desde Buenos Aires: «la Cortesina, que está a mi lado, es un verdadero fenómeno de belleza. No os lo podéis imaginar qué voz tiene y qué pasión pone en el papel de la Novia». En España ha participado en actividades de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Parte al exilio en junio de 1937, en Argentita seguirá con su carrera cinematográfica y regresará a España en algunas ocasiones por motivos profesionales. Finalmente morirá en Buenos Aires el 7 de marzo de 1984, cuando tiene 81 años.

No sé qué será ahora de la Mostra de València-Cinema del Mediterrani. Pero sea lo que sea, nadie me quitará ya el gozo infinito de haberme acercado a una mujer que habitaría en los sitios que la leyenda reserva algunas veces a los grandes personajes de la historia. Y todo gracias a este libro, que es un trabajo de investigación y se lee también como la apasionante novela de una vida. O mejor: de las muchas vidas de quien fue «un espíritu libre, una mujer liberada e independiente para su época, de firmes convicciones republicanas sobre los derechos de las mujeres». Y la pregunta del millón que repito con mi hermano Krahe: ¿dónde demonios se había metido esta mujer? Ahora sé que está en este libro hermoso. Y me conformo con eso. Y tanto que me conformo. Y tanto.