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Dos gandienses en la lanzadera

La empresa de bisutería La Vidriola es uno de los negocios seleccionados porla aceleradora instalada en la Marina de València La colecciones limitadas triunfan en internet y en las redes y se venden principalmente en Australia, Reino Unido y EE UU

Ejemplo de los collares y broches de la empresa.

Ejemplo de los collares y broches de la empresa. la vidriola

Comparten espacio, estrategias e ilusión con otras muchas startups o nuevas empresas de pequeño tamaño que basan su modelo de negocio en las nuevas tecnologías. Actualmente tienen su despacho en la Marina de València, donde el empresario Juan Roig, dueño de Mercadona, instaló Lanzadera, una «aceleradora de empresas» que nació para «apoyar a líderes emprendedores», según se lee en la web, y que, además de asesoramiento y formación, ofrece financiación a los proyectos más viables. Tres veces al año, Lanzadera convoca a los jóvenes empresarios para que presenten sus propuestas y solo los proyectos más sólidos y con más futuro son aceptados. Y este ha sido el caso de La Vidriola, una empresa de bisutería creada por los gandienses Blanca Calabuig, diseñadora, y Pablo Nieto, CEO o director ejecutivo.

Crearon La Vidriola hace tres años, y la empresa nació tras un fracaso. Inicialmente pretendían diseñar bolsos, pero tuvieron un problema con un tirador de cremallera que encargaron a otra firma y que nunca llegó. Entonces, decidieron fabricar el tirador ellos mismos en metacrilato y se les abrió todo un mundo. ¿Por qué no diseñar piezas de bisutería con este material plástico? Así comenzaron a crear colecciones o series limitadas de collares, broches y pendientes con diseños actuales y colores llamativos, basados en la cultura pop y en las tendencias que circulan en medios de comunicación y redes sociales. «A los dos nos gustaba trabajar con muchos colores, y como existen metacrilatos con cientos de ellos, vimos que podíamos arrancar el proyecto sin una inversión muy alta», explica Pablo Nieto.

Mercado internacional

La venta la realizan exclusivamente por internet, a través de su página web. Pronto sus clientes empezaron a compartir en las redes sus diseños y el negocio comenzó a crecer. «Actualmente el 96% de nuestra producción la vendemos fuera de España, nuestros principales mercados son Australia, Reino Unido y Estados Unidos, aunque hemos llegado a vender en más de 30 países diferentes, como Singapur, China, Japón, Dubai, Nueva Zelanda, Rusia o Brasil», señala el empresario.

Pero no se conformaban con su incipiente éxito y seguían formándose. «Hace un año fuimos a una charla sobre Lanzadera que impartieron en el Urbalab Gandia», comenta. «Fue nuestra primera toma de contacto con el proyecto, pero consideramos que no era el momento oportuno para presentarnos». Pero la idea seguía rondándoles la cabeza y finalmente decidieron dar el salto. «Consideramos que sí que era el momento de llegar mucho más lejos, y si otros proyectos lo habían conseguido, nosotros teníamos el potencial para conseguirlo».

Once entre 300

El pasado mes de octubre se presentaron a la convocatoria de Lanzadera y fueron seleccionados para la llamada fase cero, «que es un proceso de preaceleración en el que trabajas desde allí, ven cómo es tu proyecto antes de poder entrar en el programa, y después de las diferentes fases de selección, a finales de diciembre nos comunicaron que éramos uno de los 11 equipos seleccionados de entre los más de 300 presentados», afirma Nieto.

El programa dura nueve meses, así que Calabuig y Nieto seguirán hasta septiembre instalados en la Marina de València. Para entonces, «esperamos tener una estructura mucho más sólida y, con todo lo aprendido, un proyecto más grande con el que seguir creciendo», asegura. El ambiente cotidiano en Lanzadera «es muy positivo, trabajamos al lado de otros proyectos, que siempre es muy enriquecedor, y en unas instalaciones alucinantes. Todo el mundo está dispuesto a ayudarte y podemos conocer la experiencia de otros emprendedores que han pasado por el mismo punto en el que nos encontramos», apunta Nieto. Mientras aprenden y desarrollan su empresa en la aceleradora de Juan Roig, mantienen paralelamente un taller en el barrio de Russafa, donde fabrican sus productos de manera artesanal.

Están convencidos de que su negocio cambiará a mejor después de esta experiencia. «Estamos cambiando ya a una empresa más profesional, más estructurada y con una idea cada vez más clara de lo que ofrecemos y queremos conseguir, y para esto nos forman en Calidad Total que es el modelo que sigue Mercadona, y que tan bien está funcionado», asegura.

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